El
gobierno cambió ayer su táctica para enfrentar la confluencia de la
movilización de protesta contra la reforma previsional y el accionar del
kirchnerismo en la cámara baja, apelando a recursos totalmente
distintos a los usados el jueves pasado cuando la sesión de Diputados
terminó levantándose. Entonces, el oficialismo apostó a realizar una
exhibición de fuerza que disuadiera a los grupos que dirigían la
concentración popular mediante la utilización de una fuerza militarizada
como es la Gendarmería, cuyo umbral de violencia está muy por encima
del empleado por las fuerzas policiales. El error de Patricia Bullrich,
extraño para alguien que fue durante muchos años activista de izquierda,
fue no advertir que el costo político era inaceptable, porque la
Gendarmería ganó la batalla campal pero el Gobierno perdió la batalla
mediática. La opinión pública, como ocurre generalmente, se inclinó por
el sector que aparecía más débil y castigado y el macrismo quedó
etiquetado como represor, a lo que contribuyó indirectamente el
oportunismo de Elisa Carrió al reclamar que se levantara la sesión.

