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domingo, 12 de mayo de 2019

“Si yo fuera Obispo…”




“Si yo fuera Obispo…”

Estimado sí sí no no,
Les cuento una buena, de los recuerdos de mi juventud de “travieso”. Era treintañero, profesor de scuola media, donde a veces hacía de vicepreside. Corría la voz entre los sacerdotes de que yo era un buen cristiano: ¡bondad la suya! Un día, una tarde de sábado, mientras participaba en un curso de teología para laicos en el seminario (curso que más tarde interrumpí cuando me hicieron estudiar la cristología con textos de Walter Kasper, para el cual los milagros de Jesús son leyendas), un buenísimo sacerdote me propuso hacerme diácono permanente. Tomado de improviso, tuve sin embargo la lucidez de responder: “¡O me dais la plenitud del sacerdocio o nada!”. Él se quedó muy mal y dijo: “¡Lástima! ¡Podría hacerlo!” Repliqué: “¡A mi edad, con los estudios que tengo, no se tienen ganas de pedir permiso para sonarse la nariz, sino de tomar alguna buena iniciativa! ¿Le parece?”. El sacerdote, formador de diáconos permanentes calló, enfadado. Unos días después, me lo encontré de nuevo. Me detuvo y me dijo: “¿Pero usted sabe lo que es la plenitud del sacerdocio?”. “Sí, ciertamente, es el episcopado”. “¿Y usted tendría estas ambiciones?”. “Yo no ambiciono nada, sino amar al Señor, pero a mi edad no se puede pretender otra cosa. No puedo ser sólo un ‘señor sí’”. Nos dejamos, con la oferta de parte mía al reverendo de un buen café.