“Soy marino de mi Patria Yo resguardo su heredad Mi destino está en las olas En las olas de la mar.”
Anónimo, Canción del marino.
Anónimo, Canción del marino.
Cuarenta
y tres hombres y una mujer se hicieron a la mar un día. No estoy
haciendo la crónica de un crucero de placer ni estoy contando un chiste
procaz. Se hicieron a la mar porque era su trabajo. Un trabajo que solo
se sustenta si uno tiene para ello una vocación de hierro. Un trabajo
por demás peligroso que ninguna aseguradora de riesgo bancaría sin una
prima multimillonaria. Un trabajo por el que recibían menos, mucho
menos, que lo que una puta de televisión cobra por contar su última
encamada; pero eran marinos y era su obligación vigilar un mar que está
en manos de depredadores y ladrones, un mar al que los argentinos,
acostumbrados a mirar tierra adentro no le prestamos atención ni, menos
aún, nos interesa.

