Cristo rey en los ojos de Anacleto González Flores: laico y mártir. Por el P. Víctor Sequeiros
Por el Padre Víctor Agustín Sequeiros
En
tiempos de diabólica confusión, en «que no hay paz» sino guerra, como
advirtió Santa Teresa, «pues Dios falta de la tierra», solemos olvidar
que la verdadera paz no puede darla el mundo, sino solo Aquél que dijo
«la paz os dejo, mi paz os doy». No hay ni habrá paz verdadera sin
Cristo, y, menos aún, contra Cristo, verdadero «Príncipe de la paz»:
«Pax Christi in Regno Christi»[1], como enseña el Magisterio de la
Iglesia, «la paz de Cristo en el Reino de Cristo».
La
misma Santa Teresa nos recuerda: «Vino del cielo a la tierra para
quitar nuestra guerra; ya comienza la pelea, su sangre está derramando».
Así
pues, como este bien hay que buscarlo en el Reino de Cristo, porque «la
restauración de Su Reino es el medio más eficaz para establecer la
paz en todos los órdenes», el Papa Pío XI instituyó en 1925 la
festividad de Cristo Rey en una memorable y actualísima encíclica, la
Quas Primas, la primera de su pontificado, que todo católico bien nacido
puede y debería leer, al menos en su versión digital del site del
Vaticano.
