Resulta claro que la necesidad de líderes, de referentes,
muchas veces conduce a generar apresuradas simpatías con algunos representantes
mundiales respecto de los cuales conocemos más bien en el aspecto que nos
agradan, pero en la mayoría de los casos, sin tener respecto de ellos el
panorama completo.
En esto no entiendo ni veo ninguna mala intención, sino
simplemente la imposibilidad de abarcar todos los frentes ya que son muchísimos
los abiertos para mayor complejidad y confusión, como lo quieren los verdaderos
titiriteros detrás de estos personajes.
Igual situación se vive en el aspecto religioso,
magnificando pontífices posteriores o anteriores al Concilio Vaticano II, según
el lugar en el que nos ubiquemos, criticando lo mismo que realizaron quienes
ensalzamos, y no pocas veces desconociendo todo su accionar como para realizar un juicio verdaderamente ecuánime en ese sentido.