Acaba de escribirse la última página en la vida de Hugo Chávez Frías, fulgurante estrella de la promocionada "Revolución Bolivariana" cuyos destinos -habrá que decirlo- siempre se trazaron desde La Habana, en la pluma del brillante Raúl Castro.
Con toda probabilidad, nadie tendrá acceso a los detalles reales que
versan sobre la desaparición física del ahora ex jefe de estado
venezolano, esto es, si acaso su muerte se produjo semanas atrás en Cuba y si los hermanos Castro decidieron remitirlo prontamente a Caracas para que la reputación de la medicina de la isla no termine de hacerse añicos y caer en la peor de las desgracias.
Con todo, habrá que comentar marginalmente que el regenteo a cuentagotas de los reportes relativos a la salud de Chávez Frías no fue programado con eficiencia por Raúl y Fidel Castro Ruz.
No porque los cerebros cubanos no se encontraran a la altura de las
circunstancias; antes bien, al contrario. Pero sucede que el autoencierro informativo al que la isla fue sometida desde 1959 ha tropezado hoy, en gran medida, con la penetración violenta de las redes sociales
en todo ámbito, al punto tal en que grandes porciones del secretismo
ahora son fácticamente imposibles de mantener. De este nudo gordiano que
remite a la ciencia del perception management también ha tomado parte la concentración excesiva de la realidad venezolana en una sola persona: el
carisma del fallecido presidente bolivariano es una característica que
difícilmente pueda hallarse, siquiera remotamente, en otros personeros
del régimen caraqueño. Nicolás Maduro es, en
el mejor de los casos, un pobre embajador del subsistema, sin dotes de
orador, carente de habilidades comunicativas, políticas y de
planificación. Por su parte, Diosdado Cabello -titular de la Asamblea Nacional-
es una figura sobradamente desconocida para el público, y será
imposible lograr que los venezolanos de a pie lleven a cabo una transferencia psicológica
que invite a considerarlo con el mismo cariño que supieron demostrar
otrora por su difunto líder. A la postre, Raúl Castro se verá empujado a
forzar la ingeniería conceptual montada alrededor del culto a la personalidad que envolvía el aura de Chávez. Se trata de una guerra cultural
-¿no lo son todas?- que, al final del partido y sometido al juzgamiento
del tiempo, no podrá ganar. En gran parte, debido a las propias
deficiencias de los venezolanos con los que se ha asociado para la
faena.
Así las cosas, la reciente visita oficial realizada por el primer ministro de la Federación Rusa, Dmitry Medvedev, a La Habana solo puede leerse dentro del contexto de la desesperación cubana por suplir la ayuda recibida desde Venezuela
con nuevos aportes a computarse desde Moscú. A sabiendas de que el
presidente venezolano se encontraba más cerca de la muerte, Raúl Castro
se decidió a ponerle paños fríos a la lóbrega situación interna y
anticiparse a la crisis que está llamada a comprometer próximamente al
gobierno en Caracas. Quizás inconscientemente (aunque ello puede ponerse
en duda), el castrismo se ha abrazado a los rusos, reavivando el
caldero de la extinguida Guerra Fría. Tal como sucediera poco tiempo después de iniciada la revolución que eyectara a Fulgencio Batista.
En la capital venezolana, acaso el vicepresidente Nicolás Maduro
haya condimentado su concatenación de descuidos con el poco sapiente
remate de responsabilizar a los Estados Unidos por el cáncer que se llevó la vida de su jefe. No en vano, el SEBIN (Servicio de Inteligencia Bolivariano)
ha venido invirtiendo gran parte de su tiempo durante los últimos meses
en confeccionar comunicados que reportaban sobre supuestos movimientos
de armas en edificios diplomáticos de naciones extranjeras, señalando a
la CIA con dedo acusador. Y en este aspecto reposan,
ciertamente, numerosas claves: la nomenclatura remanente no solo deberá
vérselas, pues, con la destrucción de su economía y el eminente quiebre de PDVSA -perpetrados ambos con presteza por el propio Chávez Frías-
sino que, desde esta instancia, deberá cuidarse de que una guerra civil
sin cuartel no estalle puertas adentro y afuera del subsistema
gobernante. Es decir que los locales tendrán otras razones por las qué
pelear, más allá de haber venido haciéndolo para apropiarse de un pollo
en los distintos supermercados del país. Maduro, en resumidas cuentas,
ha acentuado el calvario de sus compatriotas, de la mano de sus poco
comprobables acusaciones, y puede observarse que le ha hecho un favor de proporciones gigantescas a Cabello -desde
ahora, su acérrimo oponente en la puja por el poder-. El presidente de
la Asamblea Nacional ahora cuenta con otro valioso as en la manga para deshacerse del vice. Tip: Maduro
se encuentra incapacitado para asumir el poder, por cuanto la
Constitución de la República Bolivariana se lo impide, de manera
taxativa.
Por estas horas, no solo la dictadura castrista llora
interesadamente la muerte de su agente en tierra venezolana; también lo
hace la devaluada cúpula de las FARC, a raíz de que los santuarios con que Chávez proveía a sus elementos con el objeto de que pudieran huir del feroz cerco impuesto por las fuerzas armadas colombianas queda comprometido. Lo propio sucederá con los grandes traficantes de droga que explotaban el espacio aéreo de Venezuela para trasladar sus mercaderías por vía aérea hacia Centroamérica, y de allí al lucrativo mercado estadounidense. En este mismo orden, el primer mandatario boliviano Evo Morales se verá forzado a multiplicar los envíos de cocaína de alta pureza que se exportan desde su territorio -gestión a cargo de su lugarteniente Felipe Quispe-, en vista de que los aportes financieros remitidos desde Miraflores podrían desvanecerse en un santiamén. Como consecuencia, las agencias antidrogas de Occidente contarán con bastantes más elementos si la meta es sindicarlo como un reencarnado venido a menos de Manuel Noriega.
Otras consideraciones de índole regional: los movimientos de la extrema izquierda y del engendro de los falsos "luchadores sociales", hasta hoy financiados por el chavismo, comenzarán a ver reducidos sus dividendos. Existe, desde ahora, un amplio margen para que reagrupen sus fuerzas dentro del esquema de la revolución iraní, con lo cual se incrementarán las acciones de infiltración cultural por parte de Teherán en la región. Colateralismos: la red financiera de Hezbollah en la Triple Frontera -compartida por Brasil, Paraguay y la Argentina- acusará un crecimiento exponencial en sus actividades.
Al cierre -y una vez que el duelo llegue a término-, una miríada de
conversaciones de carácter suburbano reverberará en torno de las
identidades mejor posicionadas para intentar suplantar a la figura de Hugo Chávez Frías. Algunas voces ya se atreven a puntualizar que la elección no ofrece mayores dudas, y que aquélla coincide con el ecuatoriano Rafael Correa. Recientemente reelegido, el moméntum es óptimo para él antes que para la presidente argentina Cristina Elisabet Fernández Wilhelm, cuya salud no transita por el más confortable de los senderos. Con abundante petróleo, recursos minerales y la publicitada renovación de su permanencia en el poder, el morador del Palacio de Carondelet en Quito gana espacio como supremo biotipo para la continuidad, si acaso la propia dinámica del estallido venezolano no termina reduciendo a cenizas cualquier esperanza de prórroga ideológica para la "Latinoamérica Bolivariana".
la construcción a consciencia de un imperativo categórico: el regenteo a cuentagotas del miedo, manufacturado convenientemente para paralizar al potencial oponente y forzarlo a permanecer en stand by. De tal suerte que la agenda de Balcarce 50 pueda continuar con sus fases de implementación, sin el incómodo surgimiento de obstáculos.
los estados contables (A y B) de cada uno de ellos y dispone del capital suficiente como para enfrentarlos y empujarlos a la bancarrota. A aquellas extracciones sindicales mejor posicionadas desde los libros -caso Camioneros-, la terapia consistirá en empujar a sus cabecillas hacia la condena social y, luego, los tribunales. Hugo Moyano, por citar un ejemplo, está siendo investigado por su supuesto accionar anticomunista en décadas pasadas en Mar del Plata (en connivencia -se señala- con fuerzas de la Policía Bonaerense y el propio Ejército Argentino), y un sinnúmero de recetas se elaboran con el propósito de convertirlo en picadillo.