EL PASO DE LAS TERMÓPILAS
El
13 de julio de 1958, mientras se desarrollaba la batalla de Jigüe,
llegaron hasta el puesto de mando guerrillero, en el alto de Cahuara,
noticias alarmantes, dando cuenta de que algunas unidades del Batallón
17 de Infantería avanzaban desde San Lorenzo hacia Minas de Frío. La
novedad llenó de preocupación a Fidel Castro porque si esas tropas
lograban ocupar la localidad, el camino al corazón el dispositivo
rebelde quedaba despejado.
La amenaza que se cernía sobre las posiciones castristas era grande porque, de darse aquella posibilidad, era factible que tanto El Roble como Meriño también cayesen y eso le abría a Cantillo la posibilidad de arrojarse sobre su adversario por la parte posterior. Eran los tan esperados refuerzos que el mayor Quevedo había solicitado con insistencia y el riesgo latente de que el dispositivo subversivo podía quedar cortado en dos.
La amenaza que se cernía sobre las posiciones castristas era grande porque, de darse aquella posibilidad, era factible que tanto El Roble como Meriño también cayesen y eso le abría a Cantillo la posibilidad de arrojarse sobre su adversario por la parte posterior. Eran los tan esperados refuerzos que el mayor Quevedo había solicitado con insistencia y el riesgo latente de que el dispositivo subversivo podía quedar cortado en dos.

