EL LARGO CAMINO A LA SIERRA
Los días que siguieron a la emboscada de Alegría de Pío fueron desgastantes y confusos.
Mientras
el cañaveral ardía, grupos de combatientes que no superaban la media
docena de hombres, huían en diferentes direcciones, perdiendo contacto
entre sí.
Los
soldados de Batista tomaron varios prisioneros y los ejecutaron en el
mismo lugar o durante la marcha hacia sus campamentos, después de
someter a algunos a breves interrogatorios1.
El
grupo de Almeida, del que formaban parte el Che, Ramiro Valdés, Chao y
Benítez, se extravió en un terreno pedregoso y estuvo vagando sin rumbo
durante dos días, en busca de un camino.
Chao,
que era veterano de la guerra civil española, advirtió sobre el peligro
de deambular por territorio desconocido ya que de persistir en esa
actitud, lo más probable era que cayesen en una emboscada y fuesen
aniquilados.
Fue el Che quien sacó al grupo del atolladero al sugerir avanzar de noche. Así se hizo, tomando a la Estrella Polar como guía y de esa manera, pudieron reanudar la marcha, intentando poner la mayor distancia posible con el enemigo.

