LOS AÑOS FELICES
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| La barra de amigos en Alta Gracia. Ernesto y Roberto a la derecha, Ana María a la izquierda
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Los primeros combates que libró el Che no fueron los que siguieron al desembarco del “Granma” durante la revolución cubana.
Establecidos en la nueva morada, la barra de amigos de los Guevara Lynch creció en número y actividad.
Como
hemos dicho en el capítulo anterior, algunos de aquellos chiquillos
pertenecían sino al mismo nivel social de ellos, al menos a la alta
burguesía y la clase media local, sin embargo, la mayoría provenía del
rancherío disperso que se extendía más allá de los límites de la ciudad,
casi todos hijos de sirvientas, peones de campo, obreros, empleados del
Sierras Hotel o simples jornaleros. Juntos, correteaban por los
baldíos, escalaban las sierras, se introducían en los cañaverales y los
bosques de espinillos que rodeaba la zona o emprendían largas caminatas,
exploraban las viejas minas abandonadas y practicaban diversos juegos,
entre ellos futbol, la mancha, las escondidas, el “poliladron”, la
rayuela e indios y vaqueros, siempre con el pequeño Ernesto como líder y
organizador. Lo más llamativo eran las mujeres, Guevara Lynch
incluidas, que se movían a la par de los varones y que no tenían
problemas a la hora de correr, patear la pelota y pelear.
Todo
era armonía y diversión en tanto no apareciese el “enemigo”, la amenaza
constante que asechaba en El Bajo, el sector de escasos recursos donde
se movía una pandilla pendenciera y belicosa, que de tanto en tanto
subía la loma para atacar Villa Carlos Pellegrini.

