UN ABOLENGO ILUSTRE
A
mediados de junio de 1928, un vapor de la línea fluvial del río Paraná
procedente de Asunción, atracó lentamente en el puerto de Rosario.
Entre
los pasajeros que descendían por la pasarela destacaba un joven
matrimonio que se desplazaba con cierta lentitud por el avanzado estado
de gravidez de la mujer. El marido la sujetaba del brazo y en la otra
mano cargaba el equipaje.
Una
vez fuera de la estación fluvial, la pareja se acercó a un taxi
estacionado cerca de la dársena y le preguntó al conductor si los podía
ayudar. El chofer, un brasilero llamado José Beltrán, abrió la puerta
trasera del vehículo para que la muchacha se sentase e inmediatamente
después acomodó los bultos en el baúl. Terminada la faena se ubicó en su
asiento y preguntó a donde se dirigían.
El
joven marido le pidió que los llevase hasta el hospital más cercano
porque su mujer estaba a punto de dar a luz y así partieron en dirección
al Hospital Provincial del Centenario.
Cuando
Beltrán echó a andar, ignoraba que aquella joven de buen aspecto y
rasgos delicados llevaba en su vientre a uno de los personajes de mayor
trascendencia en la historia del siglo XX, un dirigente revolucionario
temido y admirado, que proyectaría su imagen en el espacio y el tiempo
como pocos personajes de la historia moderna; un hombre implacable y
decidido, que no mediría las consecuencias a la hora de llevar a cabo
sus propósitos y que menos de cuatro décadas después pondría al mundo al
borde del Apocalipsis esparciendo el germen de la guerra y la violencia
por todo el continente.

