UN ENCUENTRO QUE CAMBIARÁ EL CURSO DE LA HISTORIA
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| Miembros del M-26. Fidel a la derecha de María Antonia González Ernesto "Che" Guevara sentado en segundo lugar a la izquierda |
Tal
como ocurrió en Guatemala, durante su estancia mexicana Ernesto conoció
a numerosas personas y se reencontró con otras. Entre las primeras
figuraba un bullicioso grupo de portorriqueños y un conjunto de apristas
peruanos que por entonces planeaban regresar a su país. De los
primeros, los más interesantes, resultaron ser el exiliado Juan Juarbe y
Juarbe, director de la revista “Humanismo” y la peruana Laura Meneses,
esposa de Pedro Albizu Campos, el activista de izquierda portorriqueño
detenido en una cárcel de Estados Unidos por haber dirigido el frustrado
asalto al palacio de gobierno de San Juan, versión boricua del ataque
al Moncada.
En
materia de reencuentros, el más significativo fue, sin dudas, el de
Ñico López, el admirado militante al que Ernesto tanto admiraba. El
cubano aprovechó la ocasión para presentarle a una figura por demás
interesante, Raúl Roa, un compatriota exiliado, antiguo catedrático de
izquierda de la Universidad de La Habana, que tal como explica Pierre
Kalfon, había estado proveyendo bibliografía a sus compañeros
moncadistas detenidos en la Isla de Pinos.
Transcurría
el mes de junio de 1955 cuando Ñico llevó a Ernesto a un apartamento de
la calle José Amparán Nº 49, en la zona céntrica de la ciudad, para
presentarle a otro de sus compatriotas. López veía en su amigo argentino
a un individuo comprometido con sus ideales e interesado en los asuntos
de su patria, de ahí su decisión de hacerle conocer a su gente.

