EL COMBATE DE ARROYO DEL INFIERNO
La
pequeña victoria del río La Plata elevó considerablemente la moral de la
guerrilla y puso en una incómoda situación al gobierno, que desde Alegría de
Pío daba por liquidada a la fuerza sediciosa. La
novedad puso a Batista nervioso, quien amenazó con hacer rodar cabezas e instó al inmediato aniquilamiento del grupo expedicionario, ello a
costa de lo que fuere, incluyendo métodos brutales.
Mientras
el tirano bramaba en su palacio habanero, la columna guerrillera se adentraba
en la sierra camino a Palma Mocha, poblado guajiro de la provincia de
Guantánamo que se alzaba a la vera de un río, a tres kilómetros de la costa.
En lo
más profundo de su ser, el Che masticaba ira, en primer lugar, por la fuga del
propietario de la casa contigua al cuartel, uno de los mayorales que iban a
ejecutar después de Osorio, quien había logrado huir junto algunos soldad os y
la segunda, porque Fidel había dejado buena parte de sus medicamentos a los
soldados heridos, un error imperdonable dada la escasez que padecían.

