LA CONFERENCIA DE PUNTA DEL ESTE
El
20 de abril, en horas de la mañana, un camión militar ingresó por el portón
principal del Central Australia y se detuvo frente al edificio de la
administración. Había mucha gente congregada en el lugar, soldados y milicianos
que se desplazaban en diferentes direcciones, personal sanitario, conductores
de vehículos, oficiales, suboficiales y algo más allá, los brigadistas
prisioneros, sentados sobre la hierba, fuertemente custodiados por guardias
armados.
El
conductor y su acompañante estacionaron el vehículo de culata al edificio y descendieron.
Un grupo de tres o cuatro combatientes se aproximaban a la parte posterior y
procedieron a abrir la compuerta trasera del camión y descorrer las lonas que
cerraban su cajuela. Desde el interior del improvisado cuartel, salieron varios
uniformados portando cuatro camillas llevando una bolsa de plástico en cada
una.
Dos
milicianos subieron a la parte posterior del rodado y ayudaron a cargar las bolsas, primero una y luego las
otras tres, depositándolas cuidadosamente sobre el piso. Cuando hubieron
finalizado, saltaron fuera y en su lugar, cuatro hombres armados ascendieron y
se acomodaron en los asientos. El conductor y su acompañante cerraron la
portezuela y después de intercambiar un par de palabras con los uniformados,
treparon nuevamente a la cabina y se pusieron en marcha.
Tenían
instrucciones precisas de llevar los cuerpos hacia La Habana, para entregarlos
en la morgue municipal.

