"HABLA EL DOCTOR ERNESTO GUEVARA DE LA SERNA"
Lo
primero que percibió Ernesto al llegar a Buenos Aires fue el clima de
pesar que aún imperaba por la muerte de Evita. Había una pesada
sensación de orfandad en el ambiente, sobre todo en las clases más bajas
e incluso en ciertos sectores de la clase media, y se notaba a las
claras que el gobierno también había acusado el golpe ya que si bien es
cierto que Perón en persona se había hecho cargo de los asuntos que
administraba su esposa, dadas las numerosas responsabilidades que tenía
como presidente y líder del movimiento, no lograba hacerlo con el
dinamismo y eficacia con que ella lo hacía.
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| Calle Aráoz, Buenos Aires. Poco antes de obtener su diploma |
Ni
bien terminó de acomodar sus cosas, el joven viajero anunció su
intención de finalizar la carrera y tantear al Dr. Pisani para ver si
había alguna posibilidad de trabajar en su clínica.
Don Ernesto y Celia estaban felices, porque parecía que por fin su hijo trotamundos asentaba cabeza y dejaba su vida errante.
Los
primeros exámenes tendrían lugar en noviembre razón por la cual, el
recién llegado se abocó de lleno a ellos. Como dice Jon Lee Anderson,
“Se puso a estudiar con verdadero frenesí, escudado detrás de una
verdadera barricada de libros en el apartamento de su tía Beatriz y a
veces en el despacho de su padre, en la calle Paraguay. A su casa solo
iba de vez en cuando, a comer”1.

