CAMINO A LA INMORTALIDAD
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| Ernesto y Calica Ferrer con una amiga, antes de su viaje |
Cuando
el joven viajero pisó nuevamente su tierra, trazaba planes en su
cabeza. Quería finalizar sus estudios y una vez recibido, partir
nuevamente hacia Venezuela para trabajar junto a Alberto Granado en el
leprosario de Cabo Blanco.
Pierre
Kalfon explica que una de las razones por las que Ernesto se apresuró
tanto con sus materias fue para evitar la cátedra Educación
Justicialista, que tanto le molestaba pero al respecto, no hay pruebas
concretas. Lo cierto es que una vez recibido y con el diploma en la
mano, se puso a trabajar muy de prisa en la organización del viaje.
Su
nuevo compañero era Carlos “Calica” Ferrer, hijo del médico de los
Guevara Lynch en Alta Gracia, amigo de la infancia y de muchas
correrías, estudiante de Medicina también, a quien había prometido,
antes de partir de gira con Alberto, el año anterior, que el segundo
tour continental, lo harían en su compañía.
Kalfon
da por seguro que le propuso lo mismo a su compañera de trabajo, Liria
Bocciolesi, quien a los 19 años se desempeñaba en el laboratorio de la Clínica Pisani y estaba perdidamente enamorada de Ernesto. “Largá todo y venite conmigo”,
le habría dicho, pero la muchacha era menor de edad y no se animó.

