PRÓLOGO
“Hay
que llevar la guerra hasta donde el enemigo la lleve: a sus casas, a
sus lugares de diversión; hacerla total. Hay que impedirle que tenga un
minuto de tranquilidad, un minuto de sosiego…atacarlo donde quiera que
se encuentre; hacerle sentir una fiera acosada por cada lugar que
transite”
Hace
algunos años, cuando me desempeñaba como director y redactor de la
revista “Cruzada”, publicación católica que editaba la Fundación
Argentina del Mañana, escribí para uno de sus sitios web, denominado Reconquista y Defensa de los ideales que nunca mueren,
un artículo sobre el Che Guevara, que comenzaba con esas palabras.
Palabras, tremendas por su contenido que parecen más bien proferidas por
algún líder del Hezbollah, el Hamas o la Jijad Islámica o peor aún, por
un fanático militante de Al Qaeda o la ETA. Sin embargo, fueron
escritas y enviadas a la “Tricontinental”1, en el mes
de mayo de 1967 por el Che, desde el corazón de la selva boliviana. Las
mismas reflejan claramente el sentir y las intenciones de quien fuera,
junto a Fidel Castro, el número uno de la Revolución Cubana. “Llevar la guerra…a sus casas, a sus lugares de diversión; hacerla total”, es decir, matar en cualquier sitio, de manera fría e indiscriminada.

