TIEMPOS DE FURIA Y VENGANZA
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| Una ojiva nuclear detona en Kansas, Estados Unidos
(Imagen: película "El Día Después", 1983, dir. NIcholas Mayer)
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Donde
nadie celebrara ni parecía sentirse aliviado era en la propia Cuba,
agobiada como estaba por la frustración y las sensaciones de traición y
abandono que se habían adueñado de la población. Y no era para menos, su
dirigencia había apostado a todo por su aliado soviético y el retiro de
las armas nucleares la dejaba prácticamente indefensa, a merced de un
enemigo poderoso.
La furia estalló entre los miembros del gobierno
revolucionario al ver que no se los había tenido en cuenta a la hora de decidir
su destino y por esa razón, el sentimiento de revancha se percibía por todas
partes.
Lo que más desesperaba a los líderes cubanos era que, por
primera vez en su historia, los norteamericanos habían experimentado miedo, un
terror pánico al ver sobre sus cabezas la amenaza de las ojivas nucleares y que
de ello, podían haber sacado provecho.
Como era de esperar, las relaciones entre La Habana y Moscú
se tensaron y las negociaciones se estancaron pues ni siquiera la paternal
carta de Kruschev a Fidel, del 28 de agosto, sirvió para atemperar los ánimos,
como tampoco las promesas que sobrevinieron después. Por esa razón, el Kremlin
decidió enviar a su segundo, Anastas Mikoyán, buscando calmar las aguas y
convenir el retiro de los misiles.

