GASPAR CAMPOS
La madrugada del 17 de noviembre de 1972, cuando el avión de Perón comenzaba a sobrevolar territorio brasilero, se produjo en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) una sublevación encabezada por el guardiamarina Julio César Urien, supuestamente destinada a contrarrestar la represión contra los grupos sediciosos que operaban en el país y desestabilizar al gobierno militar en beneficio del líder justicialista.
Pésimamente planificada, mal organizada y sumamente improvisada, la chirinada terminó en fracaso y sus organizadores todos detenidos.
Según lo que refirió su cabecilla varias décadas después, “Los fusilamientos en Trelew eran parte de una política que el Ejército venía implementando […] Hacíamos allanamientos, practicando tomar la población, en el ’72 habrá sido. Toda la instrucción militar que se nos empieza a dar es luchar contra el pueblo, se nos da parte de una película de la batalla de Argelia –la escuela francesa– donde se justifica la tortura como elemento para obtener información. En ese marco llegamos a agosto”1.
Con palabras acomodadas a los tiempos (2012), Urien intentaba explicar que el gobierno, a través de la Armada, comenzaba a organizar los grupos de tarea para iniciar el terrorismo de Estado.
