EL SECUESTRO DEL CADÁVER DE ARAMBURU
| Sepulcro de Aramburu profanado (Imagen: "Gente y la Actualidad") |
El
8 de octubre de 1974, mientras se desarrollaba en Salta el Séptimo
Congreso Eucarístico Nacional, se conmemoró un nuevo aniversario del
nacimiento de Perón, el 79º para ser exactos, oportunidad en la que se
llevó a cabo una misa vespertina en la capilla Nuestra Señora de Lujan
de la Quinta Presidencial de Olivos, celebrada por el capellán Antonio
Héctor Ponzo. A ella asistieron además de la viuda del mandatario,
ministros, funcionarios, legisladores y representantes gremiales.
Perón había fallecido menos apenas tres meses atrás y su recuerdo estaba más fresco que nunca en la sociedad argentina.
A las 19 horas miles de personas se concentraron en la intersección de las avenidas General Paz y Cabildo, para marchar desde allí hasta la residencia presidencial. Portaban en sus manos antorchas y llevaban pancartas con inscripciones así como cartelones con el rostro del ex presidente.
A las 19 horas miles de personas se concentraron en la intersección de las avenidas General Paz y Cabildo, para marchar desde allí hasta la residencia presidencial. Portaban en sus manos antorchas y llevaban pancartas con inscripciones así como cartelones con el rostro del ex presidente.
A las 20:30 las 4000 personas que se habían dado cita cruzaron el puente de la General Paz y comenzó a avanzar por Av. Maipú1, en dirección norte. Otras 2000 se irían sumaron a lo largo del trayecto mientras entonaban estribillos, lanzaban consignas y cantaban la Marcha Peronista. La policía facilitó su desplazamiento desviando el tránsito hacia las calles laterales, medida más que acertada dado que la columna abarcaba ambas manos cubriendo parte de las veredas.
Encabezando la procesión destacaban legisladores nacionales y provinciales, autoridades y dirigentes, entre ellos Alejandro Álvarez y Esther Fadul de Sobrino.
Cuando la muchedumbre se encontraba a tres cuadras de su destino, llegó en un coche Juan Esquer, jefe de la custodia de Perón, para informar que por orden de la presidente se franquearían las puertas de la residencia para que el pueblo pudiese desfilar frente a los restos del líder. Como la consigna era organizar grupos reducidos, se les encomendó la tarea a los diputados quienes de inmediato pusieron manos a la obra valiéndose de megáfonos.
Los primeros de ellos ingresaron a las 22 (10 p.m.). Lo hicieron en silencio, en el más completo orden, sin generar problemas ni inconvenientes de ningún tipo. La gente atravesó los amplios jardines, ingresó en la capilla y frente a la mandataria y los funcionarios, bajo una estricta custodia, pasó delante del cajón, muda, respetuosa, incluso conmovida.
Pero la violencia no cejaba.
La noche del día siguiente, fue asesinado en el Sindicato de Empleados de Comercio de Avellaneda Horacio Oscar Ávalos, empleado de la filial de 27 años, casado con dos hijos de 2 años y 11 meses de edad.
Los hechos tuvieron lugar al terminar una asamblea, cuando los presentes subieron hasta el 2º piso del edificio ubicado en Av. Mitre 292, para continuar allí las deliberaciones. Varios de ellos se encontraban en un balcón cuando de repente sonó un estampido y la víctima se desplomó con un ojo perforado. El disparo provino de un edificio situado en los fondos y pertenecía a un arma corta, calibre 22.
Los agresores, integrantes de una facción disidente, treparon a los techos a través de un hotel cercano y tomaron ubicación para disparar desde allí. El sindicato se disponía a celebrar elecciones en las cuales debían dirimir la Lista Azul encabezada por su titular, Fermín Lorenzo, hombre que respondía a David Diskin y la Verde de Juan Gay2.
