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viernes, 29 de noviembre de 2019

Una legión de almas nos respalda en la batalla

Una legión de almas nos respalda en la batalla

A medida que avanzamos a lo largo de los años, aumenta el número de personas a las que conocíamos y que terminan antes que nosotros su vida terrenal. ¿Cuál será su destino eterno? Sólo Dios conoce el destino definitivo de las almas, pero es cierto que una buena cantidad de quienes mueren en estado de gracia sufren las penas del Purgatorio mientras esperan su entrada en la gloria definitiva  del Paraíso. Esas almas integran la Iglesia purgante, que, junto a la militante y la triunfante, forman la única Iglesia de Cristo. De hecho, San Agustín afirma: «Tota enim in Christo Ecclesia unum corpus est» (Enarr. In Ps, 148, PL, 51, 423): «Toda la Iglesia constituye un solo cuerpo en Cristo». El Cuerpo Místico de Cristo es el fundamento de la comunión de los santos, que abarca las tres iglesias: la militante, la purgante y la triunfante, formadas respectivamente por los que combaten en la Tierra, los que se purifican en el Purgatorio y los que han triunfando y están en el Cielo. Esta Ciudad de Dios se opone a la del Diablo, que carece de purgatorio y está integrada exclusivamente por los condenados y por quienes en la Tierra militan en las filas de Satanás enfrentados a las de Cristo. Así pues, la Iglesia alinea en el campo de batalla, junto a los ángeles y los santos del Cielo, a una legión de armas purgantes que pueden ejercer un papel decisivo en el combate mencionado. No pueden hacer nada por ellas mismas, pero pueden hacer mucho por nosotros intercediendo en oración.