Una legión de almas nos respalda en la batalla
A
medida que avanzamos a lo largo de los años, aumenta el número de
personas a las que conocíamos y que terminan antes que nosotros su vida
terrenal. ¿Cuál será su destino eterno? Sólo Dios conoce el destino
definitivo de las almas, pero es cierto que una buena cantidad de
quienes mueren en estado de gracia sufren las penas del Purgatorio
mientras esperan su entrada en la gloria definitiva del Paraíso. Esas
almas integran la Iglesia purgante, que, junto a la militante y la
triunfante, forman la única Iglesia de Cristo. De hecho, San Agustín
afirma: «Tota enim in Christo Ecclesia unum corpus est» (Enarr. In Ps,
148, PL, 51, 423): «Toda la Iglesia constituye un solo cuerpo en
Cristo». El Cuerpo Místico de Cristo es el fundamento de la comunión de
los santos, que abarca las tres iglesias: la militante, la purgante y la
triunfante, formadas respectivamente por los que combaten en la Tierra,
los que se purifican en el Purgatorio y los que han triunfando y están
en el Cielo. Esta Ciudad de Dios se opone a la del Diablo, que carece de
purgatorio y está integrada exclusivamente por los condenados y por
quienes en la Tierra militan en las filas de Satanás enfrentados a las
de Cristo. Así pues, la Iglesia alinea en el campo de batalla, junto a
los ángeles y los santos del Cielo, a una legión de armas purgantes que
pueden ejercer un papel decisivo en el combate mencionado. No pueden
hacer nada por ellas mismas, pero pueden hacer mucho por nosotros
intercediendo en oración.

