LA BATALLA DE SAN CARLOS
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| La Fuerza Aérea Argentina se abalanza sobre la Task Force (Ilustración: capitán VGM Exequiel Martínez) |
A medida que iban desembarcando y ocupando las playas, los efectivos británicos se enteraban por boca de los malvinenses, como habían sido sus días durante la ocupación enemiga.
Según los kelpers, los argentinos habían cometido fechorías,
tratándolos con dureza y, a veces con crueldad, saqueando sus propiedades y
robando cuanto objeto de valor caía en sus manos. Según explica el general
Julian Thompson en su libro No Picnic,
varios isleños habían sido encerrados en la escuela durante días.
La mayor responsabilidad recaía sobre el subteniente Reyes
que con la culata de su pistola había golpeado brutalmente el rostro del
administrador de San Carlos, haciéndolo sangrar. Además, según Eddy, Linklater
y Gillman, detuvo a isleños por la fuerza, les robó alimentos y ropas, mató su
ganado y en su retirada, “…dejó tras de
sí un reguero de destrucción propio de un forajido del Lejano Oeste”1.
De todas maneras, no resulta demasiado censurable esa actitud si se tiene en
cuenta la condiciones en las cuales sobrevivió su sección durante los días que siguieron
al combate.

