LA COMPAÑÍA DE COMANDOS 602 ENTRA EN ESCENA
Cerca
de las 18.00 horas del miércoles 16 de mayo, el jefe del Estado Mayor del
Ejército, general José Antonio Vaquero, revisaba unos documentos en su despacho
del 5º piso del Edificio Libertador, cuando el mayor Ángel León ingresó
presurosamente para entregarle unos radiogramas que el alto oficial debía
firmar.
En
aquellos días, el magnífico edificio de estilo academicista francés, sede del
Ministerio de Guerra (años después Ministerio de Ejército y en la actualidad sede de la cartera de
Defensa), era escenario de un movimiento febril propio del comando de una
nación en guerra, con gente que iba y venía llevando documentos, solicitando
instrucciones, dictando disposiciones y otorgando audiencias.
Mientras
el general firmaba los despachos, su subalterno le dijo en tono grave que lo
que estaba ocurriendo era una verdadera lástima, e inmediatamente después,
calló.
Vaquero
alzó la vista y con el ceño fruncido preguntó, mirando fijo a su subalterno:
-¿Por
qué dice que es una lástima lo que está ocurriendo?
Extremadamente
serio, el mayor dijo con tono grave que los hombres más preparados para
la
lucha se hallaban desperdiciados en puestos pasivos y secundarios
después de
haberse preparado toda su vida para un momento como el que se estaba
viviendo, desaprovechando una oportunidad única de ponerlos a prueba.

