SAPPER HILL
A las 07.00 del aquel aciago 14 de
junio, solamente tres posiciones argentinas resistían en monte Tumbledown, una
de ellas, la del bravo teniente Vázquez y otra el BIM5 al mando del capitán
Robacio. Para entonces, el conscripto Acosta agotaba las últimas cargas de su
ametralladora pesada MAG y sus compañeros Güida y Pérez, a cargo de los
morteros de 60 mm,
combatían con fusiles porque los proyectiles destinados a sus piezas se habían
consumido.
En esa situación se encontraban
estos últimos cuando una granada cayó en su trinchera y sus esquirlas les
destrozaron las piernas.
Ahogados por el humo, los soldados
se arrastraron fuera del pozo, tosiendo sin parar, hasta que un grupo de
ingleses se les acercó a brindarles ayuda. Tumbledown estaba cayendo.
En otra parte, el contraataque del
subteniente Vilgré La Madrid
se prolongó hasta las 06.30 gracias al apoyo de fuego del teniente de navío
Ubaldo Pagani y las piezas de 155
mm del Grupo 3 de Artillería.

