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sábado, 29 de junio de 2019

Partitocracia. Por Juan Manuel de Prada

Partitocracia. Por Juan Manuel de Prada

Las resacas electorales siempre nos traen, como una marea de detritos, los ‘pactos’ y ‘alianzas’ de los partidos para formar gobiernos ‘estables’ (o sea, gobiernos que garanticen la estabilidad a quienes pactan). Y, con la atomización del mapa político, estos ‘pactos’ y ‘alianzas’ post-electorales alcanzan cotas de chalaneo difícilmente superables, tan descaradas y sórdidas que hasta la gente con más tragaderas siente que su idolatría partitocrática se tambalea. «¡Yo no voté a Fulanito para que ahora forme gobierno con Menganito!», se quejan amargamente algunos. ¡Qué espectáculo de conmovedora ingenuidad!
En sus Notas para la supresión de los partidos políticos, la filósofa francesa Simone Weil nos enseña que «nunca hemos conocido nada que se asemeje, ni de lejos, a una democracia. En lo que nombramos con ese nombre, el pueblo no ha tenido nunca la ocasión ni los medios de expresar un parecer sobre un problema cualquiera de la vida pública; y todo lo que escapa a los intereses particulares se deja para las pasiones colectivas, a las que se alimenta sistemática y oficialmente»

miércoles, 19 de junio de 2019

NUEVO VOMITO PARTIDOCRÁTICO

NUEVO VOMITO PARTIDOCRÁTICO



 Antes de la noticia, les damos la opinión de nuestro columnista Cda. Néstor Veiga Gomez como introito al asco :

" Lo que van a leer es perfectamente entendible. La casta política vive en su propio mundo, su propia realidad y tiene muy buenos motivos para hacerlo. Llevan más de 160 años entregando la Nación, hacen sus propios negocios particulares a costa de lo público, obedecen en todo a poderes extranjeros, traicionan, y jamás pagan las consecuencias. Se reconvierten, se hacen embajadores, senadores o conferenciantes, viajando por el mundo; arman dudosas "fundaciones" bien financiadas por empresarios y banqueros, se agasajan y felicitan entre ellos mismos, y cuando mueren, los medios los describen como ejemplos y los intendentes, que son de la misma casta, le ponen su nombre a una avenida o plaza. Son muy parecidos a esas sectas que aparecen tan a menudo, en las que el jefe vive como un rey con su corte (de minas jóvenes naturalmente) y los acólitos en la miseria y a la espera de un futuro mejor.