En la primera Epístola del Apóstol San Juan, (II, 22) encontramos un texto poco comprendido. El dice: «¿Quién es el embustero sino el que niega que Jesús es Cristo?». A esos que lo niegan, les llama San Juan «anticristos».





Sin cabeza, cada cual como le place.
San Agustín nos aclara: Jesús es el nombre propio y Cristo Su oficio; negar su oficio como lo negaron los judíos, es estar fuera de la verdad (In Epist. Ioan, ad Parthos). No todos los herejes niegan a Jesús, sino que se creen todos ellos sus seguidores y muchos lo creen firmemente, pero ellos no dan oídos a la Iglesia, ni están unidos a Pedro que es el papa.
Y no son pocos los que estando dentro de la misma Iglesia Católica remanente, en nuestro día, la ÚNICA VERDADERA, pueden ser inscritos con el término de «anticristos». Si se les predica algo contra lo que ellos creen, querrán convencerte de que todo lo que dices es cosa tuya, pero si resulta y les demuestras que todo lo que dices ha sido enseñado por los santos, por los papas, por los Padres de la Iglesia, por el Magisterio, entonces comenzarán a retorcer y a murmurar contra la misma Iglesia, anteponiendo sus falsas ideas, sus falsas prudencias o pareceres humanos o mundanos, que en nada pueden cambiar la Doctrina que la Iglesia ha enseñado de ella misma.