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miércoles, 18 de septiembre de 2019

Recordando Sin Ira

Recordando Sin Ira

La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo
Vivimos un tiempo de extrema confusión. Es obvio.
Comentar las cosas que ocurren a diario en la Iglesia, tan mezclada con el mundo que parecen una sola cosa, resulta, muchas veces, conducir a un hartazgo desalentador. Es preferible, a veces, el silencio. Pero Dios nos ha llamado a algunos, lo digo sin jactancia, más bien con pesar, a seguir y sufrir cotidianamente lo que emerge de entre la más espantosa podredumbre moral, consecuencia de los desvíos doctrinales modernistas, liberales, neomodernistas… como deseen llamarlos.
Hace más o menos 45 años, siendo muy joven, Dios me colocó -por razones misteriosas- en un círculo de influencias que me ha marcado para siempre. Por flaquezas humanas nunca pude ser completamente fiel a esa gracia, pero sí tener claras ideas o intuiciones sobre situaciones, personas y rumbos. ¡Terrible carga! No crea el lector que estoy en ánimo de confidencias. Son explicaciones preliminares necesarias. Vi la Iglesia autodestruyéndose por los años 70. Para mí (implico también a otras personas que no me es posible nombrar) era clarísimo que la única reacción posible era unirme a la pequeñísima grey tradicionalista. Y eso hice. Lo comencé a padecer casi de inmediato, porque era prácticamente, para el clero y una gran feligresía, como pertenecer a un grupo terrorista,.

viernes, 19 de abril de 2019

Recordando Sin Ira

Recordando Sin Ira

La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo
Vivimos un tiempo de extrema confusión. Es obvio.
Comentar las cosas que ocurren a diario en la Iglesia, tan mezclada con el mundo que parecen una sola cosa, resulta, muchas veces, conducir a un hartazgo desalentador. Es preferible, a veces, el silencio. Pero Dios nos ha llamado a algunos, lo digo sin jactancia, más bien con pesar, a seguir y sufrir cotidianamente lo que emerge de entre la más espantosa podredumbre moral, consecuencia de los desvíos doctrinales modernistas, liberales, neomodernistas… como deseen llamarlos.
Hace más o menos 45 años, siendo muy joven, Dios me colocó -por razones misteriosas- en un círculo de influencias que me ha marcado para siempre. Por flaquezas humanas nunca pude ser completamente fiel a esa gracia, pero sí tener claras ideas o intuiciones sobre situaciones, personas y rumbos. ¡Terrible carga! No crea el lector que estoy en ánimo de confidencias. Son explicaciones preliminares necesarias. Vi la Iglesia autodestruyéndose por los años 70. Para mí (implico también a otras personas que no me es posible nombrar) era clarísimo que la única reacción posible era unirme a la pequeñísima grey tradicionalista. Y eso hice. Lo comencé a padecer casi de inmediato, porque era prácticamente, para el clero y una gran feligresía, como pertenecer a un grupo terrorista,.
Bergoglio y Mons. Maccarone, el del "remis boy"