viernes, 19 de abril de 2019

Recordando Sin Ira

Recordando Sin Ira

La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo
Vivimos un tiempo de extrema confusión. Es obvio.
Comentar las cosas que ocurren a diario en la Iglesia, tan mezclada con el mundo que parecen una sola cosa, resulta, muchas veces, conducir a un hartazgo desalentador. Es preferible, a veces, el silencio. Pero Dios nos ha llamado a algunos, lo digo sin jactancia, más bien con pesar, a seguir y sufrir cotidianamente lo que emerge de entre la más espantosa podredumbre moral, consecuencia de los desvíos doctrinales modernistas, liberales, neomodernistas… como deseen llamarlos.
Hace más o menos 45 años, siendo muy joven, Dios me colocó -por razones misteriosas- en un círculo de influencias que me ha marcado para siempre. Por flaquezas humanas nunca pude ser completamente fiel a esa gracia, pero sí tener claras ideas o intuiciones sobre situaciones, personas y rumbos. ¡Terrible carga! No crea el lector que estoy en ánimo de confidencias. Son explicaciones preliminares necesarias. Vi la Iglesia autodestruyéndose por los años 70. Para mí (implico también a otras personas que no me es posible nombrar) era clarísimo que la única reacción posible era unirme a la pequeñísima grey tradicionalista. Y eso hice. Lo comencé a padecer casi de inmediato, porque era prácticamente, para el clero y una gran feligresía, como pertenecer a un grupo terrorista,.
Bergoglio y Mons. Maccarone, el del "remis boy"

Para oponerse a la jerarquía, en el sentido de resistir sus errores, a tan temprana edad se requiere una dosis grande de temeridad (que no es una virtud) y también de irresponsable jactancia. Ese fue mi aporte, Dios hizo el resto encarrilándome por diversos medios hacia un objetivo que tengo como meta, y del que Dios me tironea cuando tiendo a salirme.
Dicho lo cual, no me jacto, sino compruebo que algunas intuiciones han sido inspiradas. La permanente desconfianza en el clero posconciliar, fuese o no “conservador”. Y su denuncia. Me las vi con mis profesores secundarios, con mi obispo y con el entonces prelado castrense, quien se ofendió por un panfleto en el que lo ponía entre el sector más cobarde del episcopado argentino. Mons. Bonamín, entonces provicario castrense, me citó con formalidades militares a dar explicaciones. Fui y se las di. Le dije poco más o menos lo que le diría ahora. Bajo gobierno militar. Mi obispo ya me había denunciado a la brava policía bonaerense por “subversivo”. Bajo el gobierno del General Camps. La palabra subversivo dicha por una autoridad eclesiástica a oídos castrenses en esos días no los dejaba indiferentes.

Recordando Sin Ira




La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo


Vivimos un tiempo de extrema confusión. Es obvio.
Comentar las cosas que ocurren a diario en la Iglesia, tan mezclada con el mundo que parecen una sola cosa, resulta, muchas veces, conducir a un hartazgo desalentador. Es preferible, a veces, el silencio. Pero Dios nos ha llamado a algunos, lo digo sin jactancia, más bien con pesar, a seguir y sufrir cotidianamente lo que emerge de entre la más espantosa podredumbre moral, consecuencia de los desvíos doctrinales modernistas, liberales, neomodernistas… como deseen llamarlos.
Hace más o menos 45 años, siendo muy joven, Dios me colocó -por razones misteriosas- en un círculo de influencias que me ha marcado para siempre. Por flaquezas humanas nunca pude ser completamente fiel a esa gracia, pero sí tener claras ideas o intuiciones sobre situaciones, personas y rumbos. ¡Terrible carga! No crea el lector que estoy en ánimo de confidencias. Son explicaciones preliminares necesarias. Vi la Iglesia autodestruyéndose por los años 70. Para mí (implico también a otras personas que no me es posible nombrar) era clarísimo que la única reacción posible era unirme a la pequeñísima grey tradicionalista. Y eso hice. Lo comencé a padecer casi de inmediato, porque era prácticamente, para el clero y una gran feligresía, como pertenecer a un grupo terrorista,.
Para oponerse a la jerarquía, en el sentido de resistir sus errores, a tan temprana edad se requiere una dosis grande de temeridad (que no es una virtud) y también de irresponsable jactancia. Ese fue mi aporte, Dios hizo el resto encarrilándome por diversos medios hacia un objetivo que tengo como meta, y del que Dios me tironea cuando tiendo a salirme.
Dicho lo cual, no me jacto, sino compruebo que algunas intuiciones han sido inspiradas. La permanente desconfianza en el clero posconciliar, fuese o no “conservador”. Y su denuncia. Me las vi con mis profesores secundarios, con mi obispo y con el entonces prelado castrense, quien se ofendió por un panfleto en el que lo ponía entre el sector más cobarde del episcopado argentino. Mons. Bonamín, entonces provicario castrense, me citó con formalidades militares a dar explicaciones. Fui y se las di. Le dije poco más o menos lo que le diría ahora. Bajo gobierno militar. Mi obispo ya me había denunciado a la brava policía bonaerense por “subversivo”. Bajo el gobierno del General Camps. La palabra subversivo dicha por una autoridad eclesiástica a oídos castrenses en esos días no los dejaba indiferentes.
Todos esos años trabajé para la restauración del culto tradicional. Fundando capillas en lugares insólitos, sótanos, casas particulares, locales comerciales. Y consiguiendo como se pudiera no solo los paramentos litúrgicos sino lo necesario para dar algún grado de solemnidad a esas misas “de campaña”. Ciertamente fuimos varios, algunos más, otros que no me es permitido mencionar.
A partir de Panorama Católico, (2000) he estado empeñado en denunciar los desvíos doctrinarios y morales del clero con una estructura con más recursos. Invitamos a los sectores “conservadores” a trabajar de consuno. Abrimos el desafío de la Misa Tradicional fuera de los ambientes tradicionalistas. Naturalmente recibimos piedras de los dos lados. Unos que nos censuraban por “blandos” y otros por “extremos”. El espectro de la Misa Tradicional se fue abriendo y ha crecido muchísimo. Más con la fuerza que le dio Summorum Pontificum. El “permiso” que tantos decían ansiar y cuando lo tuvieron no se molestaron en aprovecharlo. Con todo lo confuso de algunos de sus pasajes, es quizás la obra más trascendente del reinado de Benedicto.
Iniciamos una escuela no ya de cero, sino por debajo de cero. Sería muy difícil dar una idea de la pobreza de recursos, en medio del campo. Contábamos con una riqueza invalorable: muchos hijos, algunos que ya venían haciendo el ahora redescubierto “home schooling”. Con la capellanía y el apoyo de la FSSPX. Hoy cuenta con más de 200 alumnos de todos los ciclos. Y cuatro familias proveyeron casi 20 alumnos en su momento.
Uno de los males morales que se veía en todas partes ya en los tiempos inmediatos posconciliares ha sido la ruptura de los votos sacerdotales, luego derivada en homosexualidad, escondida y protegida por la estructura eclesiástica “colegial”. Es decir, la Conferencia Episcopal Argentina. Dentro de la cual viarios grupos de poder se enfrentaban, pocos para purgarla y la mayoría para ganar el manejo de sus instituciones y recursos ($). El gran premio ha sido siempre el Arzobispado de Buenos Aires, y la guerra por él, desde fines de los 90 hasta la consolidación de Bergoglio ha tenido dos bandos principales. De ellos hemos hablado muchísimo en Panorama Católico revista en papel y en nuestra web.
Desde estas páginas hemos informado muchas veces sobre la lucha sorda entre el llamado Club de San Isidro y el entonces cada día más influyente Arzobispo de Buenos Aires. El primer grupo formado por obispos de evidente inclinación homosexual, protectores de curas igualmente desviados. Mons. Laguna, Bianchi di Carcano, Cassaretto, y el malafamado Maccarone, eminencia intelectual de la banda, quien, pese a la protección de la Asamblea Episcopal, debió irse sin mayores opciones, bajo el pontificado de Benedicto por el revulsivo asunto del “remisero-boy”. Quien pese a su descrédito intentó un regreso discreto. Al pie de este artículo donde se denunciaba el intento comentábamos: “Observación: marchamos inexorablemente hacia un episcopado prostibulario. Garlatti, Salaberry, Laguna, Cassaretto, Sucunza, García, Maccarone... y siguen los nombres...” (Dic. 2010)
En 2010 denuncié a un obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires por el delito de adulterio, lo que implicaba que su protector, actual papa, quedara muy incómodo en caso de que Roma tomara cartas en el asunto. Bajo el gobierno Benedicto, sin embargo, las denuncias elevadas al nuncio, a Roma y en la propia prensa fueron inútiles, más allá de un escándalo que hizo subir a Panorama Católico al tope de los sitios visitados durante un tiempo.
Tras ello, la maniobra por la cual la Arquidiócesis de Buenos Aires se incautó de una enorme cantidad de bienes de la Congregación de la Hijas del Divino Salvador, intervenida por dos personajes de oscura moralidad: Mons. Salaverry y el propio auxiliar de Bergoglio, Mons. García. En este caso hubo maniobras para corromper moralmente a las religiosas. Embarazos, desapariciones y agresiones físicas a religiosas. Algunos detalles pueden leerse aquí. Llegué a temer por mi vida. Como estoy vivo seguramente era un ataque de paranoia.
Ex hermana Mirna da testimonio de los procedimientos de Mons. García para destruir la orden.
Las imágenes de las que habla es un tesoro cultural de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de las que el Arzobispado quería hacerse.
Panorama Católico denunció también el alquiler de un monumento histórico de la Ciudad y convento franciscano activo, con la complicidad de sus autoridades y el silencio del Arzobispado, para “fiestas”. En las que participaban también los propios religiosos, o algunos de ellos. Tuvimos que hacer frente a presiones y amenazas de bufetes que hacen lobby para que este edificio, de enorme valor inmobiliario, sea vendido para desarrollar edificios en el casco histórico de la ciudad.
De todas estas aventuras, las mayores amarguras vinieron de los propios sitios católicos “amigos”, que me atacaron o me defendieron poco y mal. Hablo siempre en primera persona, pero trabajé con otros, cuyos nombres no estoy habilitado a revelar. Varias veces me he preguntado porqué hacía esas cosas, cuando todos me aconsejaban lo contrario. Un riesgo inútil, porque la autoridades no tenían el menor interés en impedirlo. Y yo mismo, si lo analizaba racionalmente llegaba a esa misma conclusión, y sin embargo sentía el deber de hacerlo.
En 2013 denuncié a Bergoglio apenas a pocas horas de su elección. Esta vez no necesito decirlo porque todos lo saben, fui apoyado por un sitio amigo, Rorate Caeli. Ambos sufrimos las consecuencias. Consecuencias que se sufren más cuando los que nos censuran son los amigos y no el enemigo.
Luego el desierto, una larga travesía espiritual en el desprestigio. Nuevamente, la gracia de Dios puso a mi alcance santos sacerdotes que me brindaron consejo y los sacramentos.
Hoy considero que la realidad ha reivindicado, por desgracia, esas intuiciones. No digo por saber lo que publiqué de Bergoglio, que eso lo sabían muchos. Sino hacerlo. ¿Para qué si todo era inútil? Pues, no sabía decirlo hasta que hoy leo, en múltiples sitios, la información “descubierta” por “investigadores” que por cierto no quieren citar la fuente. No ofende, pero me da mala espina.
Prácticas de corrupción para desalentar a las religiosas a seguir en la orden
En estos vídeos yo mismo hago las preguntas en off
Agradezco a Rorate Caeli su generoso recordatorio, pero no me alineo sin reservas en este movimiento que se ha formado para que Francisco renuncie. Intuyo que no es el camino, esto de pedir la renuncia del papa, por los motivos que ensayé en su momento y por ese mismo sentimiento o certeza de que la Iglesia no se puede regenerar así. No es sólo un tirano corrupto, es toda una estructura de corrupción que ha permitido llegar a la cima de los cargos humanos a una persona completamente indigna. Con el plan de sostener y ampliar su modo acción corruptora de la Iglesia local a la Iglesia universal.
La prensa anglosajona conservadora y los sitios web tradicionales, salvo pocas excepciones, en su afán de obtener la renuncia de Francisco la pasan indagando sus antecedentes en la Argentina. Y como no buscan donde deberían buscar, confunden, muchas veces, los hechos. Un importante portal del Canadá acaba de publicar un informe de las andanzas de Bergoglio en la Argentina, centrándose en el caso Grassi, que es uno de los más confusos y menos aptos para mostrar al ex Arzobispo en sus conductas reprochables. Tal vez dedique un artículo a corregir la interpretación que el articulista realiza, sobre todo si se me permite publicarla en el mismo sitio o en otros, de su mismo nivel de importancia.
Destaco ese artículo porque me ha decidido a publicar este, sobre el que tenía muchas dudas acerca de su utilidad. En el empeño de presionar la renuncia de Francisco, sin embargo, se corren muchos riesgos, uno de ellos es el de dar por buena la información sacada de la prensa secular sobre casos mucho más intrincados de lo que puede resumirse en un artículo y así mezclar medias verdades con mentiras, sin querer. Sobre Grassi puede leerse en nuestro artículo “Otra pústula que revienta”, de 2005 una síntesis del estado moral del clero argentino en ese momentos, que no ha hecho otra cosa que empeorar, y quienes son sus acusadores en las sombras. Allí, en esos personajes deberían haber buscado los datos.
Parece obvio que Francisco no durará mucho, pero lo suficiente como para hacer enormes daños. Uno de ellos, apresurar -para que se ventee el olor nauseabundo del escándalo- sus delirantes reformas: diaconisas, celibato optativo, homosexualidad justificada. Tal vez se lo ha empujado a adelantar la agenda. Tal vez los más confusos que comenzaban a dudar sean envueltos en una nube de humo, que es su especialidad, y ahora sigan tras él.
Cuando todo estalle no quedará sino mirar a quienes nunca aceptaron el Concilio ni la Misa Nueva. El nuevo papa, si quiere hacer un bien a la Iglesia y acaso lo dejan, no nos salvará con la reforma de la reforma ni con un retoque conservador. No quiero volver sobre lo dicho, pero es necesario. La cornisa para caminar ya casi se ha desmoronado, y los equilibristas deben elegir el lado por el que van a caer. Confío en que Dios nos hará a todos la gracia de intervenir de un modo tan contundente que los que elijan el non serviam lo harán con entera responsabilidad.
Los que deban ejercer la diplomacia que lo hagan, los que estén destinados a jugar en la política que se esmeren. Yo estoy entre los que no sabe hacer ni una cosa ni otra, ni quiere aprender. Yo solo tengo esta convicción surgida de la experiencia extensa de toda mi vida dedicada a este objetivo: La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Dios ha resguardado el sacerdocio y el culto por medio de una obra minúscula en sus orígenes que hoy es de importancia crucial para el destino del catolicismo. La restauración que debemos realizar día a día se nutre del fruto de ese resguardo. No podemos poner esperanzas en el bullicio "provida", confuso e indiscriminado. Ni despreciar sus aportes, que Dios aplica a la buena causa del modo que quiere. No podemos invocar, ante la amenaza de los tiempos, una "educación sexual" correcta, ni una misa nueva "bien rezada", ni una piedad "sin catecismo bien aprendido". Esto es la garantía de la derrota, lo viejo que ha fracasado. Pongamos la mirada en "lo eterno", la sagrada doctrina, el culto sagrado, la sagrada Tradición.
Si Dios quiere otro camino, ruego para que esta vez la intuición sea equivocada. Y rompa el récord de inmerecidos aciertos. Me haría más feliz.

Quien quiera conocer otros detalles puede leer aquí.
Todos esos años trabajé para la restauración del culto tradicional. Fundando capillas en lugares insólitos, sótanos, casas particulares, locales comerciales. Y consiguiendo como se pudiera no solo los paramentos litúrgicos sino lo necesario para dar algún grado de solemnidad a esas misas “de campaña”. Ciertamente fuimos varios, algunos más, otros que no me es permitido mencionar.
A partir de Panorama Católico, (2000) he estado empeñado en denunciar los desvíos doctrinarios y morales del clero con una estructura con más recursos. Invitamos a los sectores “conservadores” a trabajar de consuno. Abrimos el desafío de la Misa Tradicional fuera de los ambientes tradicionalistas. Naturalmente recibimos piedras de los dos lados. Unos que nos censuraban por “blandos” y otros por “extremos”. El espectro de la Misa Tradicional se fue abriendo y ha crecido muchísimo. Más con la fuerza que le dio Summorum Pontificum. El “permiso” que tantos decían ansiar y cuando lo tuvieron no se molestaron en aprovecharlo. Con todo lo confuso de algunos de sus pasajes, es quizás la obra más trascendente del reinado de Benedicto.
Iniciamos una escuela no ya de cero, sino por debajo de cero. Sería muy difícil dar una idea de la pobreza de recursos, en medio del campo. Contábamos con una riqueza invalorable: muchos hijos, algunos que ya venían haciendo el ahora redescubierto “home schooling”. Con la capellanía y el apoyo de la FSSPX. Hoy cuenta con más de 200 alumnos de todos los ciclos. Y cuatro familias proveyeron casi 20 alumnos en su momento.
Uno de los males morales que se veía en todas partes ya en los tiempos inmediatos posconciliares ha sido la ruptura de los votos sacerdotales, luego derivada en homosexualidad, escondida y protegida por la estructura eclesiástica “colegial”. Es decir, la Conferencia Episcopal Argentina. Dentro de la cual viarios grupos de poder se enfrentaban, pocos para purgarla y la mayoría para ganar el manejo de sus instituciones y recursos ($). El gran premio ha sido siempre el Arzobispado de Buenos Aires, y la guerra por él, desde fines de los 90 hasta la consolidación de Bergoglio ha tenido dos bandos principales. De ellos hemos hablado muchísimo en Panorama Católico revista en papel y en nuestra web.
Desde estas páginas hemos informado muchas veces sobre la lucha sorda entre el llamado Club de San Isidro y el entonces cada día más influyente Arzobispo de Buenos Aires. El primer grupo formado por obispos de evidente inclinación homosexual, protectores de curas igualmente desviados. Mons. Laguna, Bianchi di Carcano, Cassaretto, y el malafamado Maccarone, eminencia intelectual de la banda, quien, pese a la protección de la Asamblea Episcopal, debió irse sin mayores opciones, bajo el pontificado de Benedicto por el revulsivo asunto del “remisero-boy”. Quien pese a su descrédito intentó un regreso discreto. Al pie de este artículo donde se denunciaba el intento comentábamos: “Observación: marchamos inexorablemente hacia un episcopado prostibulario. Garlatti, Salaberry, Laguna, Cassaretto, Sucunza, García, Maccarone... y siguen los nombres...” (Dic. 2010)
En 2010 denuncié a un obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Buenos Aires por el delito de adulterio, lo que implicaba que su protector, actual papa, quedara muy incómodo en caso de que Roma tomara cartas en el asunto. Bajo el gobierno Benedicto, sin embargo, las denuncias elevadas al nuncio, a Roma y en la propia prensa fueron inútiles, más allá de un escándalo que hizo subir a Panorama Católico al tope de los sitios visitados durante un tiempo.
Tras ello, la maniobra por la cual la Arquidiócesis de Buenos Aires se incautó de una enorme cantidad de bienes de la Congregación de la Hijas del Divino Salvador, intervenida por dos personajes de oscura moralidad: Mons. Salaverry y el propio auxiliar de Bergoglio, Mons. García. En este caso hubo maniobras para corromper moralmente a las religiosas. Embarazos, desapariciones y agresiones físicas a religiosas. Algunos detalles pueden leerse aquí. Llegué a temer por mi vida. Como estoy vivo seguramente era un ataque de paranoia.
Ex hermana Mirna da testimonio de los procedimientos de Mons. García para destruir la orden.
Las imágenes de las que habla es un tesoro cultural de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales de las que el Arzobispado quería hacerse.
Panorama Católico denunció también el alquiler de un monumento histórico de la Ciudad y convento franciscano activo, con la complicidad de sus autoridades y el silencio del Arzobispado, para “fiestas”. En las que participaban también los propios religiosos, o algunos de ellos. Tuvimos que hacer frente a presiones y amenazas de bufetes que hacen lobby para que este edificio, de enorme valor inmobiliario, sea vendido para desarrollar edificios en el casco histórico de la ciudad.
De todas estas aventuras, las mayores amarguras vinieron de los propios sitios católicos “amigos”, que me atacaron o me defendieron poco y mal. Hablo siempre en primera persona, pero trabajé con otros, cuyos nombres no estoy habilitado a revelar. Varias veces me he preguntado porqué hacía esas cosas, cuando todos me aconsejaban lo contrario. Un riesgo inútil, porque la autoridades no tenían el menor interés en impedirlo. Y yo mismo, si lo analizaba racionalmente llegaba a esa misma conclusión, y sin embargo sentía el deber de hacerlo.
En 2013 denuncié a Bergoglio apenas a pocas horas de su elección. Esta vez no necesito decirlo porque todos lo saben, fui apoyado por un sitio amigo, Rorate Caeli. Ambos sufrimos las consecuencias. Consecuencias que se sufren más cuando los que nos censuran son los amigos y no el enemigo.
Luego el desierto, una larga travesía espiritual en el desprestigio. Nuevamente, la gracia de Dios puso a mi alcance santos sacerdotes que me brindaron consejo y los sacramentos.
Hoy considero que la realidad ha reivindicado, por desgracia, esas intuiciones. No digo por saber lo que publiqué de Bergoglio, que eso lo sabían muchos. Sino hacerlo. ¿Para qué si todo era inútil? Pues, no sabía decirlo hasta que hoy leo, en múltiples sitios, la información “descubierta” por “investigadores” que por cierto no quieren citar la fuente. No ofende, pero me da mala espina.
Prácticas de corrupción para desalentar a las religiosas a seguir en la orden
En estos vídeos yo mismo hago las preguntas en off
Agradezco a Rorate Caeli su generoso recordatorio, pero no me alineo sin reservas en este movimiento que se ha formado para que Francisco renuncie. Intuyo que no es el camino, esto de pedir la renuncia del papa, por los motivos que ensayé en su momento y por ese mismo sentimiento o certeza de que la Iglesia no se puede regenerar así. No es sólo un tirano corrupto, es toda una estructura de corrupción que ha permitido llegar a la cima de los cargos humanos a una persona completamente indigna. Con el plan de sostener y ampliar su modo acción corruptora de la Iglesia local a la Iglesia universal.
La prensa anglosajona conservadora y los sitios web tradicionales, salvo pocas excepciones, en su afán de obtener la renuncia de Francisco la pasan indagando sus antecedentes en la Argentina. Y como no buscan donde deberían buscar, confunden, muchas veces, los hechos. Un importante portal del Canadá acaba de publicar un informe de las andanzas de Bergoglio en la Argentina, centrándose en el caso Grassi, que es uno de los más confusos y menos aptos para mostrar al ex Arzobispo en sus conductas reprochables. Tal vez dedique un artículo a corregir la interpretación que el articulista realiza, sobre todo si se me permite publicarla en el mismo sitio o en otros, de su mismo nivel de importancia.
Destaco ese artículo porque me ha decidido a publicar este, sobre el que tenía muchas dudas acerca de su utilidad. En el empeño de presionar la renuncia de Francisco, sin embargo, se corren muchos riesgos, uno de ellos es el de dar por buena la información sacada de la prensa secular sobre casos mucho más intrincados de lo que puede resumirse en un artículo y así mezclar medias verdades con mentiras, sin querer. Sobre Grassi puede leerse en nuestro artículo “Otra pústula que revienta”, de 2005 una síntesis del estado moral del clero argentino en ese momentos, que no ha hecho otra cosa que empeorar, y quienes son sus acusadores en las sombras. Allí, en esos personajes deberían haber buscado los datos.
Parece obvio que Francisco no durará mucho, pero lo suficiente como para hacer enormes daños. Uno de ellos, apresurar -para que se ventee el olor nauseabundo del escándalo- sus delirantes reformas: diaconisas, celibato optativo, homosexualidad justificada. Tal vez se lo ha empujado a adelantar la agenda. Tal vez los más confusos que comenzaban a dudar sean envueltos en una nube de humo, que es su especialidad, y ahora sigan tras él.
Cuando todo estalle no quedará sino mirar a quienes nunca aceptaron el Concilio ni la Misa Nueva. El nuevo papa, si quiere hacer un bien a la Iglesia y acaso lo dejan, no nos salvará con la reforma de la reforma ni con un retoque conservador. No quiero volver sobre lo dicho, pero es necesario. La cornisa para caminar ya casi se ha desmoronado, y los equilibristas deben elegir el lado por el que van a caer. Confío en que Dios nos hará a todos la gracia de intervenir de un modo tan contundente que los que elijan el non serviam lo harán con entera responsabilidad.
Los que deban ejercer la diplomacia que lo hagan, los que estén destinados a jugar en la política que se esmeren. Yo estoy entre los que no sabe hacer ni una cosa ni otra, ni quiere aprender. Yo solo tengo esta convicción surgida de la experiencia extensa de toda mi vida dedicada a este objetivo: La restauración católica será por la vía del culto y del reinado social de Nuestro Señor Jesucristo. Dios ha resguardado el sacerdocio y el culto por medio de una obra minúscula en sus orígenes que hoy es de importancia crucial para el destino del catolicismo. La restauración que debemos realizar día a día se nutre del fruto de ese resguardo. No podemos poner esperanzas en el bullicio "provida", confuso e indiscriminado. Ni despreciar sus aportes, que Dios aplica a la buena causa del modo que quiere. No podemos invocar, ante la amenaza de los tiempos, una "educación sexual" correcta, ni una misa nueva "bien rezada", ni una piedad "sin catecismo bien aprendido". Esto es la garantía de la derrota, lo viejo que ha fracasado. Pongamos la mirada en "lo eterno", la sagrada doctrina, el culto sagrado, la sagrada Tradición.
Si Dios quiere otro camino, ruego para que esta vez la intuición sea equivocada. Y rompa el récord de inmerecidos aciertos. Me haría más feliz.

Quien quiera conocer otros detalles puede leer aquí.