jueves, 25 de abril de 2019

Sigue creciendo



Sigue creciendo. Por Vicente Massot

Si Cristina Kirchner tuviera la seguridad plena de que en caso de dar rienda suelta a sus observancias populistas y del escalamiento de su discurso, resultase ganadora en los comicios presidenciales, no duraría un segundo en dar ese paso. Pero, como nadie está en condiciones de ofrecerle semejante certeza, hace lo que cualquier otra persona obraría en su lugar: evitar las posiciones maximalistas y abrazar la estrategia del silencio que, hasta el momento, tan buenos resultados le ha brindado.
Si la encuesta de Isonomía que circuló a partir del pasado día martes en las redes refleja la realidad, la viuda de Kirchner —cierto es que todavía con 17 % de indecisos— aventaja en una eventual segunda vuelta al actual presidente por nueve puntos. —Pequeño detalle, esa empresa trabaja con el Pro desde que el partido identificado con el color amarillo hacía sus primeros palotes en la política criolla. No cabe, pues, en cabeza alguna que pudiera su director adulterar a propósito los números de la muestra para satisfacer a su cliente. Hay, además, un segundo detalle, no menor, que explica el título de estas líneas. Un mes atrás, la diferencia a favor de la Señora apenas si alcanzaba 1 %. Estaba —después de todo— dentro de cuanto se denomina margen de error estadístico. Hace dos semanas la ventaja de aquélla había trepado a cuatro puntos. O sea que, en escasos quince días, el crecimiento de CFK sobre Mauricio Macri se convirtió en una constante.

Parece difícil que —en consonancia con los datos apuntados— Cristina Fernández modifique siquiera en un punto o en una coma la partitura táctica que ha elegido. Lo que funciona no se cambia es un mandamiento que vale tanto para el marketing empresario como para una campaña política. Por eso carece de sentido pedirle a la jefa de Unión Ciudadana definiciones no sólo acerca de su candidatura sino tampoco respecto de lo que haría en el supuesto de que a fin de año retornase triunfante a la Casa Rosada. De momento, deja que sus subordinados hablen sin que pueda decirse que actúan en su nombre. No desautoriza a ninguno, a condición de entender que a ninguno lo bendice.
Sabe de memoria qué tanto temor y hasta odio genera su nombre en un vasto sector de la sociedad, de modo tal que echar más leña al fuego sería una muestra de insensatez en la que difícilmente incurra. Cargar con vehemencia en contra del Fondo Monetario Internacional o quebrar una lanza en favor de Nicolás Maduro, es algo que no se le ocurre. Aun cuando deba morderse la lengua, no le dará el gusto a quienes la acusan por anticipado de querer llevarnos por el mismo camino que el chavismo recorrió en Venezuela.
Existe en este duelo un dato curioso. Así como en las dos elecciones críticas previas la ex–presidente le prestó —con base en su soberbia y omnipotencia— un apoyo inconmensurable a su principal enemigo, así también hoy es Macri el que le devuelve —sin desearlo, por supuesto, y de manera diferente— aquellos apoyos. Gracias al crucial e impensable espaldarazo que le dio en 2015 a Aníbal Fernández en la provincia de Buenos Aires en contra de Julián Domínguez; y luego, en 2017, por el capricho de negarse a participar en una interna en la que su contrincante hubiese sido Florencio Randazzo, Cristina Fernández logró que Scioli perdiese el sillón de Rivadavia en el primero de los años mencionados y que el oficialismo ganase el distrito bonaerense a expensas suyas, en la segunda ocasión. Se equivocan, pues, quienes piensan que Jaime Durán Barba ha sido el artífice de los triunfos más resonantes del macrismo. En eso, aunque no le guste escucharlo a los ocupantes de Balcarce 50, Cristina le saca ventajas considerables al ecuatoriano.
¿Qué es lo que ha sucedido en los últimos dieciocho meses, poco más o menos? Una devolución de favores, fruto del descalabro económico que ha gestado la impericia y soberbia del gobierno. Sólo el fracaso de la administración de Cambiemos explica la envergadura electoral del kirchnerismo. De no haber sido por los errores de diagnóstico y de ejecución en los que incurrió, Cristina Fernández jamás estaría a esta altura primera en las encuestas de opinión. La consecuencia no querida de la elección de Aníbal Fernández fue la victoria de María Eugenia Vidal. La crisis económica y social que padecemos es la que puede catapultar a la viuda de Kirchner al poder nuevamente.
Como quiera que sea, mientras la Casa Rosada deba anunciar que la inflación de marzo fue 4,7 % y que la de abril resultará similar, ¿qué sentido tendría que la ex–presidente hiciese declaraciones? El alza del costo de vida y la desocupación, combinados con la caída del consumo y de la actividad económica en general, por ahora le bastan y sobran a la Fernández. En un pasado no tan lejano, ella fue la mejor jefa de campaña de Macri. En el presente, los roles parecen haberse invertido.
El crecimiento de sus posibilidades no lo ha percibido solamente el gobierno. Tanto en la jJusticia como en el peronismo ortodoxo han tomado debida nota del fenómeno. Dos ejemplos lo prueban, si bien no resultan definitivos. Cuando todo hacia prever que el juicio vinculado a los contratos de Vialidad, Hotesur y Los Sauces habría comenzado a esta altura del año y tendría en calidad de principal acusada, por una serie de delitos de corrupción, a la jefa de Unidad Ciudadana, los jueces se excusaron en forma poco elegante y se pasaron la pelota unos a otros, sacándose de encima la responsabilidad. Hasta que el lunes la Sala I de la Cámara de Casación decidió que el Tribunal Oral Federal Nº 5 atienda la causa “Vialidad”. El juicio comenzará el 21 de mayo.
En atención a lo que sabemos de la Justicia argentina, creer que la dilación fue fruto de la casualidad, o de una cuestión rigurosa de competencias, sería algo más que una ingenuidad. Por su parte, las palabras del reciente ganador en Entre Ríos, Gustavo Bordet, luego de conocidos los resultados electorales en su provincia, no dejan lugar a dudas. Un político que hasta el día anterior se contaba entre los federales y había hecho conocer su adhesión a Roberto Lavagna, voceó a los cuatro vientos, sin que le temblara la voz: “Si el fruto del consenso es Cristina, estaremos con Cristina”. Más claro…
La pregunta de si Cristina Kirchner va o no a ser candidata a presidente será válida hasta el 22 de junio. Pero en este contexto la respuesta es imaginable para cualquiera.