A
pesar de los avances de la Humanidad, aún hay personas que persisten en
la ridícula superstición del ateísmo. Con este artículo, que es mucho
más personal de lo que suelo escribir, donde cuento las señales divinas
que he recibido en mi vida, espero que algún escéptico lo lea y tempere
su incredulidad. A mí nadie me va a convencer de que Dios no actúa en el
mundo, porque he vivido en mis propias carnes como me va guiando. No es
una teoría, es tan real como la vida misma.

