domingo, 2 de diciembre de 2018
TRAPECISMO HERMENÉUTICO Y DOS TESIS
(Respuesta al artículo de Lucas Carena del 26/11/18)
Por Cristián Rodrigo Iturralde
Recientemente, Lucas Carena (en adelante, el A.) publicó una
respuesta a un artículo de mi autoría del 12/11/18 (titulado ¨Excomulgado o no, Perón fue enemigo de la Iglesia Católica¨),
en cual, básicamente, reconfirma su posición en torno al asunto de
marras, presentando nuevos elementos y ciertas objeciones (1) . He leído
con fruición su refutación, y lo primero que he decir es que ha sido
escrita con la mesura y caballerosidad que lo distingue. Indudablemente,
sería bastante más simple nuestra tarea si tuviéramos enfrente a un
completo desconocido que fuera además enemigo declarado. Pero las cartas
han caído de este modo y ahora no queda otro remedio que jugar.
Dicho esto, celebro –por el bien del debate- que el A. se asuma
final y formalmente como peronista y que haya levantado su estandarte
públicamente; de modo que ahora ambos hemos sincerado nuestra posición.
Siempre me han molestado los sujetos vacilantes e indefinidos, pero más
aún aquellos que simulan estarlo, avanzando por aproximación indirecta,
eludiendo proyectiles y resguardándose en la presunta ecuanimidad que le
conferiría no pertenecer a ninguno de los bandos en pugna.
Quisiera comenzar reparando en el epígrafe que acompaña la nota, donde señala el A. que preferiría ¨invertir (su) tiempo en otros debates y, por supuesto, con adversarios ideológicos como el marxismo y el liberalismo¨,
dejando entrever –a su juicio- que el tratamiento de esta cuestión
carecería de sentido y utilidad a los efectos de combatir a los enemigos
de la patria. No obstante, lo primero que cabría apuntar en este
sentido es que quién inició el debate sobre el asunto fue el propio A.,
desde su “Perón no está excomulgado (Apostilla de Pedro Badanelli)”,
escrito en 2017 (y que se ocupó en hacer circular). Tal vez no lo haya
advertido, pero el citado texto establece, al menos de modo implícito,
una falsa disyuntiva, dando a entender que no es posible,
simultáneamente, hacer revisionismo histórico (sobre el tema que fuere) y
combatir a los adversarios ideológicos (como si ambas tareas fuesen
excluyentes una de otra). Seguramente -o permítanme dudarlo-, el A. no
hubiera tomado el guante de modo tan decidido ni hubiera objetado la
naturaleza o utilidad del debate si la figura revisada fuese otra.

