martes, 8 de julio de 2014

Una felonía politicamente correcta

Una felonía politicamente correcta

julio 8, 2014
 
Jose Luis Milia 
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Como todo en Argentina, pasado el remezón de los primeros momentos donde la indignación y la rabia cegaron a muchos simpatizantes del PRO que se sintieron defraudados con la bufonada que los diputados elegidos por ellos habían cometido, lentamente las aguas van bajando; todo residirá en olvidar que los pañuelos, o pañales, total a los efectos es lo mismo aunque se ensucien con diferentes materias, que generaron este incordio son trapos baratos y sucios- si fueran de Hermès sería otra cosa- mientras se obligan a calmarse haciendo esfuerzos para negar u olvidar lo que algunos cerriles aún siguen llamando traición.
El miedo no es zonzo y esta actitud ante un engaño- buscar como sea tranquilizarse ante un estrago moral- tiene siglos. Todo cornudo, desde Menelao hasta ahora, se siente, en principio, enfurecido por la deslealtad pero busca, con conmovedora porfía, una justificación a la doblez sufrida frente a los problemas que esta situación impensada pueda depararle en el futuro.
Entendamos entonces que esta situación malsana- donde el engañado busca por un lado satisfacer su orgullo traicionado y por otra parte intentar comprender la falta porque el vacío se le ha abierto delante de los pies- es lo que le está pasando al votante del PRO, pero también por extensión a muchos otros que, asqueados por una década donde las “virtudes” se llaman prepotencia, robo, injusticia y mentira, habían puesto sus ojos en ese esquife político creyendo que la lucha por la unidad y el bien común de todos los argentinos, repetidamente declamados, sería la tabla de salvación de la República. Ilusiones que cayeron devastada cuando parte de los diputados de este espacio político decidieron tomar parte activa en la payasada de los pañuelos “simbólicos”.
Deberían- a fuer de mansos como han sido siempre estos presuntos votantes- aceptar que el atropello político cometido por algunos diputados de este espacio que vive proclamando a todos los vientos que han venido a “desarrollar una nueva manera de hacer política” se basa en que, al igual que cualquier otro “político viejo”, creen a rajatabla que en Argentina para prosperar en política hay que ser “políticamente correcto” aunque esto signifique faltar a la verdad y cometer actos infames. Solo entendiendo esto podrán justificar que esta murga parlamentaria -producto de una boba simbiosis de farándula, fútbol y estupidez- cometa estos disparates.
Pero también tendrían que aceptar, estos supuestos votantes, que la otra parte que avaló este desatino, esos que, al igual que la diputada Laura Alonso dieron el “faltazo”, tampoco sienten mucho en el alma el fuego de la “nueva manera de hacer política”, ya que actúan en función de un axioma político tan viejo como el país- hacerse humo ante un problema que no se atreven a resolver- que ha dado resultado casi siempre y no pierde vigencia casualmente por la mansedumbre de muchos votantes, sean del PRO o no, ya que la Argentina es el único lugar donde aún se puede quedar bien con Dios y con el diablo, sin consecuencias ni cicatrices, fugándose de la responsabilidad.
Que no aparezca ahora un chusco que quiera endosarme que yo he dicho que los votantes o simpatizantes del PRO son cornudos. Muy lejos estoy de ser irrespetuoso con ellos ya que la compasión se da de patadas con la ofensa. Lo que pasa es que, desde el lunes hasta hoy he escuchado los desconsolados comentarios de muchos de ellos, que se debaten entre la indignación por la actitud de unos logreros y el miedo al vacío político que se les abre.