El comunismo se viste de “Gallina Blanca” para seguir haciendo el caldo gordo al independentismo.
Por José L. Román.- Cuando el pasado 7 de octubre varios miles de
españoles decentes, se concentraban en la plaza de Colón de Madrid para
decirle al gobierno de la nación que con los golpistas no se negocia ni
se dialoga, ese mismo día, en la plaza de Cibeles de la capital de
España tenía lugar otra concentración muy distinta, muy diferente. Se
trataba del comunismo vestido de “Gallina Blanca”, pero sin logotipos
que los delatase. Roures y “La Secta” ponían en marcha una nueva
estrategia para los amigos de Podemos y sus mareas, al objeto de seguir
haciendo el caldo gordo a los independentistas y derivados.
Roures y “La Secta”, como principales mentores del comunismo en
España, no esperaban ni por asomo que esa España silenciada que no
silenciosa, fuese capaz de salir a la calle para decir alto y claro, a
toda esta patulea infecta de separatistas y comunistas de nuevo cuño,
que a la Guardia Civil y a la Policía Nacional ni se les insulta ni se
les agrede; que la unidad de España está por encima de cualquier partido
político; y que los catalanes decentes, secuestrados por el monstruo
independentista del 3% y por el comunismo de Rufián y de Colau, pueden
salir de nuevo a la calle con total libertad a gritar ¡viva España!
porque no están solos.
Lo triste de todo esto es, que a pesar de la evidencia de la farsa
puesta en escena por el comunismo, y de la multitudinaria manifestación
de Barcelona contra el independentismo del pasado domingo día 8 de
octubre, el gobierno del Partido Popular, con el cobarde Rajoy a la
cabeza y con Soraya llevándole la chistera, ha cerrado los ojos para no
quererlo ver y así “pactar” con los golpistas los términos del apaño.
En resumen, más concesiones económicas; condonación de la deuda que
asciende a 74.000 millones de euros y que pagaremos todos los españoles;
y, nada de imputaciones penales. De ahí que el asunto haya que
adornarlo convenientemente, para seguir confundiendo a la opinión como
ya hicieron tras el asesinato de Miguel Angel Blanco en julio de 1997.
Entonces, la estrategia fue de lazos negros en el pecho, manos pintadas
de blanco, y minutos de silencia. Dos años después, los socialistas
pactaron con los terroristas con la aprobación de todo el Parlamento,
establecieron una “hoja de ruta”, y esta “hoja de ruta” fue seguida por
el gobierno del Partido Popular liderado por Rajoy, hasta sus últimas
consecuencias. O sea, asesinos en serie, violadores multirreincidentes, y
criminales etarras con cientos de crímenes en su haber, fueron puestos
en libertad.
La historia se repite. Los medios informativos son los que gobiernan
la nación. Medios como “La Secta” y afines a “Media Pro” de Roures,
lanzan esta nueva campaña para que los actos de afirmación nacional que
han tenido lugar durante los últimos días, vayan perdiendo combustible
hasta que todo vuelva a quedar como estaba.
El
hecho de que la concentración de Barcelona fuese convocada quince días
antes por sus organizadores y a la vez suspendida, para de nuevo
convocarla, no es casualidad. El hecho de que en esa concentración
apareciese Josep Borrell, el socialista de la puerta giratoria que lo
llevó hasta Abengoa, tampoco es casualidad. La aparición de José Bono en
los medios posicionándose con la movilización de la gente que con
banderas nacionales apoyaba a las FSE, cuando no hace mucho solicitaba
de esos mismos medios poner la lupa en “los fachas”, en referencia a los
que exhibían banderas nacionales, tampoco es algo casual. La entrevista
concedida por Alfonso Guerra en “Onda Cero” en la que solicitaba que el
gobierno aplicase el artículo 155 de la Constitución en Cataluña,
cuando su partido, aparte de haber estado alimentando al independentismo
mientras estuvo en el gobierno, contemplaba en su programa en 1982 la
disolución de la Guardia Civil y de La Legión, creo que tampoco es una
casualidad.
Nada es casualidad, pero aparte de esto, los españoles que estamos al
cabo de la calle, y que no estamos dispuestos a permitir más engaños,
todos deberíamos formulamos las siguientes preguntas:
¿Dónde estaban todos estos pacifistas, animalistas, feministas, y
antimilitaristas que ahora se visten de “Gallina Blanca” y piden
diálogo, cuando en la final de Copa se insultaba al Rey y se pitaba el
himno nacional de España?
¿Dónde estaban los empresarios que ahora salen de Cataluña, cuando
sus colegas de pequeños y medianos establecimientos mercantiles eran
multados por comunistas y separatistas por rotular en español?
¿Cómo pueden ser apoyados por los medios informativos los que piden
diálogo con los golpistas, cuando son los mismos que no permitieron a
Rosa Díez impartir una conferencia en la Universidad?
¿Dónde estaban todos estos socialistas que aparecen ahora tan
campanudos, cuando aquel padre de familia catalán, fue apaleado por los
independentistas en Barcelona un 12 de octubre cuando paseaba con sus
dos hijos de muy corta edad vistiendo ambos la camiseta de la selección
española de fútbol?
¿Dónde estaban estos disfrazados de “Gallina Blanca”, el partido
socialista y el partido popular, cuando aquella familia de Balaguer fue
perseguida implacablemente por los independentistas por solicitar que
sus hijos pudieran estudiar en español en un colegio público de la
población?
¿Cómo
es posible que los medios informativos publiciten incasablemente como
“pacíficos dialogantes” a los que ahora se disfrazan de “Gallina Blanca”
para hacer el caldo gordo al independentismo, cuando ellos siempre han
sido los amigos de la ETA, los que tiroteaban el retrato del rey, los
que lo insultaron y abuchearon tras los atentados yihadistas en su
visita a Barcelona, y son también los que arrancaban, pisoteaban y
quemaban la enseña nacional de España?
¿Cómo es posible que a estas alturas de la película el gobierno de
España no haya cerrado esos medios de desinformación; no haya detenido a
los golpistas; no haya disuelto el Cuerpo de Mozos de Escuadra; y
tampoco haya intervenido la autonomía catalana?
Creo que el pueblo español, a través de este acto de afirmación
nacional celebrado en Barcelona, ha lanzado a nuestros políticos y a los
medios de comunicación que están al servicio del comunismo y el
separatismo, un claro mensaje. El pueblo ha dicho ¡basta! Ya no está por
permitir más corrupción ni más mentiras, y pide a estas instituciones
artificiales representadas en el Parlamento, que ha llegado el momento
de disolverse y desaparecer de la vida política.
