Director: Javier R. Portella
Elogio de la guerra
22 de julio de 2020
la ausencia de un enemigo externo fomenta la relajación y el reblandecimiento moral de las sociedades.
“La guerra es la última solución,
pero al menos es una solución”, decía uno de nuestros filósofos
favoritos, por ser español y porque escribía en periódicos del nivel de
este. El lector ya habrá adivinado de quién hablo, me refiero a José
Ortega y Gasset.
Otro filósofo llamado Jean Baudrillard, en un ensayo titulado La transparence du mal: essai sur les phénomenes extrêmes, publicado
en 1990, fue de los primeros escritores en darse cuenta de que el
concepto de guerra, entendido como enfrentamiento entre dos o más
potencias —a través de sus ejércitos y mediante el empleo de armas—
había llegado a su fin y que la nueva forma de confrontación a la que
deberíamos empezar a acostumbrarnos sería el terrorismo, que no
es más que otra manera de ejercer la violencia contra una nación cuando
entre las partes contendientes existe una desigualdad manifiesta.
ETA —y quienes la apoyan— ha estado en guerra civil contra el resto
de los españoles durante más de cuarenta años porque a una fracción de
los vascos le ha faltado el apoyo ciudadano y logístico que le hubiera
permitido armar un ejército para enfrentarse al español. El Irish Republican Army,
conocido por sus siglas (IRA), fue otro movimiento paramilitar, sucesor
del IRA original o IRA antiguo –que sí fue un ejército regular que
luchó por la independencia de Irlanda del Norte entre 1919 y 1922—, que
ha estado utilizando el terrorismo para tratar de conseguir lo que no
podía mediante un ejército convencional.