martes, 18 de marzo de 2014

Mientras el sedicioso Mas sigue libre, Interior cesa al hijo de Tejero por invitar a su padre a comer en un cuartel de la Guardia Civil


Mientras el sedicioso Mas sigue libre, Interior cesa al hijo de Tejero por invitar a su padre a comer en un cuartel de la Guardia Civil

Antonio Tejero Díez, en un acto militar en León.
Antonio Tejero Díez, en un acto militar en León.
Redacción/Agencias.- La democracia española, con el pie cambiado y en estado imparable de descomposición. Mientras Artur Mas goza de plena impunidad para cuartear la unidad de la nación con proclamas que sobrepasan el límite legal; mientras el Gobierno concede patente de legalidad a los asaltos fronterizos; mientras bandas de criminales procedentes de todo el mundo se enseñorean de una población española indefensa y aterrorizada; mientras se excarcela a etarras y se subvenciona a organizaciones involucionistas; mientras miles de delincuentes ilegales campan a sus anchas; mientras las instituciones del Estado sucumben a los oscuros manejos de una élite antinacional y corrompida; mientras la anarquía se apodera del orden público; mientras el principio de autoridad del Estado se resquebraja un poco más cada día, el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha cesado al teniente coronel de la Guardia Civil Antonio Tejero Díez, como jefe del Grupo de Reserva y Seguridad (GRS), número 1, de Madrid, ubicado en Valdemoro, tras invitar a su padre, el teniente coronel Antonio Tejero Molina a una comida en su acuartelamiento.
Otro de los invitados a la comida, que se celebró el pasado día de 18 de febrero, sólo cinco días antes del 33 aniversario del 23-F, fue el ex-capitán Jesús Muñecas Aguilar, también condenado a cinco años por el golpe.
Según las fuentes consultadas por Europa Press, el hecho de que el hijo de Tejero haya sido destituido como jefe del grupo del GRS implica únicamente que se queda sin destino provisionalmente, hasta que pueda pedir de nuevo plaza, posiblemente tras el verano.
El teniente coronel Antonio Tejero Molina, la cara más visible del golpe de Estado del 23-F por tomar el Congreso de los Diputados, fue condenado a 30 años de prisión por un delito de rebelión militar.