Algo más sobre los divorciados y la Comunión
A
raíz de una noticia desconcertante sobre un llamado telefónico del Papa
volvemos sobre un tema que seguramente será motivo de interminables
controversias hasta tanto se tome alguna determinación concreta. En este
enlace
la noticia, y las reflexiones de un fraile de la ciudad en que vive la
mujer que recibió el llamado del papa Bergoglio. El franciscano cree en
la existencia del llamado pero no en el contenido que la mujer atribuye:
"hay cosas muy insólitas... son todos inventos... está tan en contra de lo establecido, etc.". La Santa Sede ha optado por no desmentir la
existencia del llamado telefónico, ni su contenido, lo cual, como es
previsible, consolidará el efecto confusión entre los fieles.
El sitio Messa in latino consultó, semanas antes de estos hechos, al fraile
Cavalcoli, OP sobre la comunión de los divorciados unidos por matrimonio civil.
Traducimos la consulta y la respuesta del dominico que enfoca el tema desde una perspectiva moral.
Reverendo Padre:
¿Cómo está?
Le escribo por pedido de muchos de nuestros lectores, que lo han
escuchado en Radio María. Según lo que ellos han escuchado, Ud. habría
sostenido que la comunión de los divorciados vueltos a casas es una cuestión de
carácter pastoral y no doctrinal. Ahora bien, somos los últimos en poder
discutir sobre tales argumentos doctos; pero, si en verdad Ud. lo hubiese
dicho, permaneceríamos incrédulos, porque:
- los divorciados vueltos a casar no pueden acceder a la comunión
porque permanecen en pecado mortal con el “cónyuge civil”, concubino, y no
huyen de la tentación de pecar (motivo por el cual, no pueden recibir la
absolución).
- además, los divorciados que no se han vuelto a casar no pueden
acceder a la comunión porque han violado arbitrariamente el mandato divino de
no separar lo que fue unido por Dios (véase lo que sucedió después de Enrique
VIII).
Estaríamos encantados si quisiera darnos una explicación sobre el
punto: ¿los lectores han entendido mal?, ¿Ud. ha sido malinterpretado?, ¿o en verdad
ha sostenido esta teoría? En tal caso, ¡permítanos expresar nuestro estupor!
¿Podríamos, en este caso, publicar su respuesta ad utilitatem de
nuestros lectores preocupados?
Un caro saludo y ¡hasta pronto!
Con estima, Roberto – Redacción de MiL.
Caro Roberto:
Las actuales disposiciones de la Iglesia, por las cuales se les
prohíbe acceder a la confesión y a la comunión, son ciertamente sabias, porque
están motivadas en el temor fundado de que los dos puedan encontrarse en estado
de pecado, aunque no exista certeza por el motivo que he señalado supra, por lo cual, si debieran
confesarse y hacer la comunión en tales condiciones, cometerían un sacrilegio:
respecto de la confesión, porque se encontrarían en una completa dificultad de
prometer no pecar más; y respecto a la comunión, porque, si están en pecado
mortal, comerían su propia condenación como dice San Pablo.
Es verdad que los dos se encuentran en una situación que los dispone
fuertemente al pecado, y que crea un obstáculo a la posibilidad de formar el
propósito de no pecar más. Pero pueden darse casos, por ejemplo, con hijos, y
tal vez con el cónyuge legítimo casado o unido con otra persona, en los cuales sea prácticamente imposible desbloquear la situación. Ahora, si hacen lo
posible por evitar la ocasión, y no obstante, caen, y cada vez que caen, se
arrepienten, ¿Dios no los perdonará?
Además, recuerda que la Iglesia misma ha emitido hace unos años un
documento, en el cual se dice que si los dos consiguen abstenerse de las
relaciones sexuales, por ejemplo dos ancianos, pueden ser admitidos a los
sacramentos.
El dogma no puede cambiar; las disposiciones pastorales sí pueden
mutar. Atendamos con confianza a aquello que sobre esta delicada materia será
decidido por el Santo Padre, después de haber escuchado a los obispos y al
pueblo de Dios.
En mi opinión, está bien que la ley actual permanezca sin cambios,
porque, si relajamos la disciplina, temo que disminuirá ulteriormente la estima
del matrimonio y de los sacramentos, ya muy comprometida entre muchos
católicos. Pero corresponde al Papa decidir. Debemos confiarnos de él, también
si en esta materia, que no es dogmática, no es infalible.
Te autorizo sin más a publicar mi respuesta, si lo crees conveniente.
Aprovecho la ocasión para felicitarte por el sitio. Te recuerdo en la oración y
te pido oraciones por mí.
P. Giovanni Cavalcoli,OP