Sobre la película “Garabandal, sólo Dios lo sabe”. Se non è vero è ben trovato
No soy “aparicionista”; tampoco “anti”.
Están los Evangelios, el Credo, los
mandamientos, la Sagrada Tradición…, y bastante ya que tenemos con eso.
Pero a pesar de todo pareciera que Dios se esmerase en salvarnos.
¿Será este el caso de Garabandal? No lo sé.
– “¿Pero es verdad lo de Garabandal, Padre?”
– No-lo-sé. No soy la Iglesia. Però…, se non è vero è ben trovato
Venga este comentario, de todos modos, acerca de la última película que acaba de estrenarse al respecto.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi
Sobre Garabandal. Solo Dios sabe”
Por el P. Justo Antonio Lofeudo
He leído y escuchado comentarios sobre “Garabandal, sólo Dios lo sabe”, la película que en estos días a tantos amantes de la Santísima Virgen y
también a curiosos sobre aquellos acontecimientos está atrayendo y
dando que hablar. Entre aquellas opiniones me gustó particularmente la
del director de cine Juan Manuel Cotelo y la del ex ministro Jorge
Fernández Díaz. Como se me ha pedido que también dé una opinión, pues
aquí va.
Lo inmediato a
decir es que este largometraje deja un mensaje claro, muy claro:
Garabandal no es asunto del pasado al que hay que archivar. Garabandal
es actual y por tanto no sólo abierto a mayor estudio sino
imprescindible, urgente conocer y visitar. Claro, esta vez el estudio
debe ser muy serio porque más que merecerlo lo exige la necesidad de los
fieles de saber qué realmente pasó en aquellos años en aquella aldea
cántabra. Lo exige además la reparación debida a las entonces niñas por
la injusticia cometida. Pero, por sobre todo hay dos motivos aparejados
que hacen la exigencia impostergable y urgente: la reparación debida al
Cielo, porque si la Virgen apareció y habló no fue para ser ignorada por
su Iglesia, de la que es no sólo el miembro más encumbrado sino su
misma Madre, y lo exige nada menos que la salvación de muchas almas.
Entonces, si la percepción correcta es que con “Garabandal, sólo Dios lo
sabe” se está buscando abrir el caso, porque estuvo viciado de
falsedades que sofocaron el mensaje y las exigencias son las aludidas,
mi impresión general es que el cometido perseguido ha sido bien logrado.
La película en sí presenta una línea conductora de los acontecimientos y dos hechos fundamentales que abren y cierran el relato. El conjunto es la clave del mensaje a transmitir.
La línea directriz del guión recae
en el personaje real del Brigada de la Guardia Civil -desconfiado y de
espíritu indagatorio por profesión-, como testigo directo de todos los
acontecimientos. La observación suya del comportamiento de las niñas, de
los fenómenos y de las personas terminan por convencerlo de la verdad
de aquellos hechos. La ingenuidad de las niñas, al tratar de simular un
éxtasis, sirvió incluso como contraprueba al Guardia Civil para
reafirmar la autenticidad de las manifestaciones sobrenaturales.
Sin embargo, lo esencial de la película son las negaciones que abren y cierran la trama. La primera negación es
la de Conchita, en la que se pone de manifiesto la insoportable e
injustísima presión que sobre la niña ejercen las autoridades
eclesiásticas. Sea dicho al pasar, tanto el sacerdote “Vergara” de la
comisión como el obispo “Mons. Ortega”, son los únicos personajes
ficticios, y creo que son así presentados por prudencia, evitando
identificarlos con los verdaderos protagonistas para no convertir la
película en polémica ni denunciar a nadie personalmente ya que el
propósito –a mi parecer- era otro: reabrir el caso Garabandal y
despertar a los mensajes de la Santísima Virgen. Análogamente, con
respecto a los mensajes, se mencionan pero no están propiamente en el
centro, incluso hubo alguna poda significativa porque en el segundo
mensaje la Santísima Virgen, por medio del Arcángel San Miguel, dice que
muchos son “los cardenales, obispos y sacerdotes”. Pues bien, no se
menciona a los cardenales. Otra prueba que el propósito no es molestar a
nadie, alzando un dedo acusador, sino reflotar la autenticidad de
Garabandal. De todos modos, debemos agregar, lo dicho por la Virgen
dicho está. La opinión que los realizadores del largometraje quisieron
centrarse en rescatar a Garabandal del olvido provocado por una
condenación al silencio bajo el pretexto del veredicto del “non constat”
(no consta la sobrenaturalidad de lo acontecido) lo prueba el hecho que
casi no se mencionen los tres fundamentales acontecimientos asociados a
las apariciones, es decir los futuros Aviso, Milagro y eventual
Castigo. Fue ésta, sin duda alguna, una decisión acertadísima porque
hasta ahora muchos han seguido Garabandal no por lo esencial, que son
los mensajes, sino por una malsana curiosidad y mucho se aventuró en
fechas que, desde luego, no se cumplieron y hasta hicieron a varios
descreer.
La última negación del
cierre es la del neuropsiquiatra Dr. Morales, jefe de la comisión
diocesana, nombrada por el primer obispo, para determinar si los hechos
eran verdaderos o fraguados.
El contraste de
ambas negaciones es formidable y la conclusión final no puede ser otra
que la de invalidar totalmente la primera negación. En efecto, en el
caso de Conchita, cuando niega haber visto a la Virgen la declaración
fue sacada bajo tremenda presión. Baste pensar que Conchita, como las
otras niñas, crecía y vivía en un ambiente donde el sacerdote era
intocable y lo que dijese un obispo era poco menos que palabra del mismo
Dios a quien había que obedecer. Pues esas autoridades le decían que
nada había visto, que todo era obra de la imaginación y que si no negaba
iría al mismísimo infierno. Incluso aún más grave, y esto no aparece en
la película porque han desdramatizado lo que realmente ocurrió, la
amenaza no recaía sólo en ellas sino que excolmugarían –decían- a toda
la familia.
En tanto la
segunda negación, la del Dr. Morales, era acto voluntario, que llegaba
después de 20 años de los acontecimientos, por tanto cabe interpretarla
como un acto moral de reparación dictado por su conciencia. Ocurrió el
30 de mayo de 1983, cuando el Dr. Morales dio una conferencia en la que
dijo que con el Sr. Obispo (en aquel entonces Mons. Galo del Val)
querían públicamente se dijese que: 1) Garabandal es verdadero; 2) Garabandal debía ser puesto a la altura de Fátima y de Lourdes,
y 3) lo experimentado por las niñas son objetivaciones de experiencias
subjetivas. Luego pidió que el caso de San Sebastián de Garabandal
fuera estudiado de nuevo, porque lo que allí pasó es absolutamente inexplicable. Este fue un hecho contundente, histórico y comprobable.
Admitió además
el Dr. Morales –en aquella confesión pública- que el juicio negativo de
los obispos de los últimos veinte años se debían a los informes de la
comisión que él presidía, es decir a sus propios informes y que éstos no
se ajustaban a la verdad, esto es que eran falsos. Por tanto, no sólo
Garabandal es cuestión abierta a una seria indagación sino que saber
todo esto que nos presenta la película debe ser aliciente para conocer
los mensajes y hasta para peregrinar a donde se desarrollaron los
acontecimientos y -por lo menos- rezar en Los Pinos.
Opino que la mayor prueba de autenticidad de lo ocurrido en aquellos años de la década de los 60 son los mensajes.
Increíblemente actuales y no sólo imposibles de ser inventados por unas
niñas a quienes mencionar sacerdotes yendo a la perdición escandalizaba
además de ser totalmente ignaras de la situación de la Iglesia sino
también imposibles de fraguar para la mayoría hasta de teólogos que
pensaban en una nueva primavera para la Iglesia. Esta prueba es más
contundente que los éxtasis y las experiencias sobrenaturales que todos
los que allí iban podían comprobar.
Los mensajes, mencionados casi al pasar en la película, son dos: del 18 de octubre de 1961 y del 18 de junio de 1965.
Garabandal gira en torno a la Eucaristía,
a la que “cada vez se le da menos importancia”. La Eucaristía está en
el centro de ambos mensajes, la Eucaristía que las niñas recibían del
Ángel, la Eucaristía del “milagrucu”. Y, por supuesto, en el llamado urgente a la conversión personal y de la Iglesia.
Como advertiría con dolor y preocupación el Beato Pablo VI al final de
su pontificado, la Iglesia se estaba “protestantizando”. Mientras
algunos miembros de la Iglesia sofocaban lo acontecido en la recóndita
aldea de Cantabria, los mismos y otros provocaban la devastación
litúrgica y la banalización de la Eucaristía volviéndola menos que un
símbolo, una mera cosa.
En aquellos años
el Cielo se había abierto y la Madre de Dios y Madre nuestra (como
quería se la mencionara en cada Avemaría) venía con su presencia, sus
gestos, a decirnos muchas cosas y nos habló a través de aquellas niñas
escogidas, que no fueron oídas. En el silencio de ya más de 50 años -en
los que es de destacar la obediencia de las protagonistas a pesar del
ultraje a que fueron sometidas-, las piedras de la Calleja, los pinos de
la aldea alzaban su clamor: “¡Ha sido verdad! La Virgen os ha hablado y
la mayoría de vosotros lo habéis ignorado mientras otros permanecieron
indiferentes y sordos al llamado. Mirad qué han hecho del Cuerpo del
Señor, de la Santa Misa. Ved qué se enseña en seminarios y hasta en
facultades de teología. No sólo no habéis cambiado de vida sino que cada
vez vivís más alejados de Dios. Buscáis nada más que vuestro placer y
os repugna el sacrificio y la penitencia. Muchos de vuestros pastores os
llevan por caminos de perdición”. Porque los caminos de perdición no
son sólo las perversiones sexuales o los enriquecimientos de parte del
clero. Eso provoca dolor y escándalo, hace que muchos descrean de la
Iglesia y abandonen a Cristo por causa de algunos miembros corruptos,
pero aún más devastador para las almas es falsear la Palabra de Dios,
inducir a la apostasía, traicionar la misión de la Iglesia, traicionar
al Señor. Bienvenida la película que, intuyo, es parte del plan de Dios
para este último tiempo.
Una última
reflexión: Más de una vez me pregunté porqué el Señor había permitido
las negaciones de quienes eran protagonistas del drama, las niñas
videntes, negaciones que habían sido incluso preanunciadas por la misa
Virgen. ¿Por qué? Encuentro la respuesta de las negaciones como un signo
profético de lo que habría de venir. Algo así como el matrimonio de
Oseas o los gestos que cumplen Ezequiel o Jeremías ante el pueblo por lo
que habría de llegarles. Como en esos casos del Antiguo Testamento, la
negación de las niñas será el signo de las negaciones en la Iglesia de
Cristo, de la apostasía. Signo profético también de la gran confusión en
la que estamos viviendo.
Como profetizó
el Santo Padre Pío: tarde lo estamos viendo. Esta película nos llega
ahora para que, quizás por última vez, después de la última advertencia
del segundo mensaje que la copa de la ira de Dios rebosa, oigamos al
Cielo y nos convirtamos.
P. Justo Antonio Lofeudo
