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viernes, 27 de marzo de 2020

EL BOGOTAZO 9 (1-2)



EPÍLOGO 
1. Fidel Castro y el 11 de septiembre del 2001   
PRIMERA SECCION   
Fiel a su papel de agente provocador al servicio de los conspiradores del CFR, a fines del año 2000 Castro comenzó a trabajar frenéticamente para crear una fuerte alianza antinorteamericana con algunos países musulmanes de Asia y del Medio Oriente. Las visitas a Cuba de líderes musulmanes, así como las visitas de miembros del gobierno castrista a países musulmanes se incrementaron. En julio del 2001, el Hojjatoleslam Hajj Seyed Hassan Khomeini, nieto del Ayatollah Khomenei, líder y fundador de la República Islámica de Irán, visitó a Cuba con motivo de la celebración del triunfo de la revolución castrista. Según informes publicados en la prensa oficial cubana, el propio Fidel Castro acompañó a su distinguido huésped durante la celebración.      En mayo del 2001 Castro dio dado un largo periplo, en el que visitó varios países musulmanes virulentamente antinorteamericanos, entre ellos Argelia, Irán, Malasia, Qatar, Siria y Libia. Irán, Siria y Libia, así como Cuba, Iraq, Corea del Norte y Sudán, han aparecido desde 1993 en el informe anual del Departamento de Estado norteamericano “Patterns of Global Terrorism”. Según este informe, En 1999 Cuba continuó prestando abrigo a varios terroristas y fugitivos de la justicia. Cuba ha dado refugio a terrorist as vascos de la ETA y fugitivos norteamericanos que siguen viviendo en la isla. 

EL BOGOTAZO LIMPIO 8-(2-2)


CUARTA PARTE: 
EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
SEGUNDA SECCION
La teoría más aceptada, es que la causa principal de la revolución cubana fue la horrible condición económica de la isla. Pero hay algo falso en estas teorías que tratan de explicar a posteriori las causas de la revolución castrista. Contrariamente a la opinión difundida por autores procastristas, cuando Castro tomó el poder en Cuba en 1959, los índices económicos de la isla eran los más altos del mundo entre los países no industrializados. En  realidad, en desarrollo económico, Cuba estaba tan sólo debajo de los ocho o diez países más industrializados del mundo.      El filósofo francés izquierdista Jean-Paul Sartre escribió que antes de 1959 Cuba era una gran plantación de azúcar; un gulag del Caribe donde los amos esclavistas explotaban a un pueblo desnutrido y enfermo. Según Sartre, Cuba era un país cuya sangre había sido absorbida poco a poco por el pulpo del imperialismo norteamericano. Sin embargo, los hechos evidencian algo muy diferente.      Por supuesto, la afirmación de que Cuba desde 1902 hasta 1934 había sido poco menos que un protectorado y una colonia económica norteamericano no es una exageración de la izquierda, pero esta situación cambió radicalmente desde fines de la Segunda Guerra Mundial. De acuerdo con estimados del Fondo Monetario Internacional, en 1957 Cuba ocupaba el cuarto lugar en ingreso per cápita entre las 20 repúblicas latinoamericanas.      La Cuba pre castrista tenía una situación económica privilegiada, no sólo en relación con el resto de los países de América Latina, sino también en relación al resto del mundo. En 1957 el ingreso per cápita de Cuba era aproximadamente una sexta parte del de los Estados Unidos, el 90% del de Italia, significativamente mayor que el de Japón, y seis veces mayor que el de la India. Todas estos estimados están dados en el equivalente de dólares en 1957. En un informe de 1956 sobre Cuba, el Departamento de Comercio de los EE.UU. concluyó que, “el ingreso nacional de Cuba ha alcanzado niveles que dan al pueblo cubano uno de los más altos estándares de vida en las Américas.”      El desarrollo económico de Cuba antes de Castro era sólido y había sido rápido. Contrariamente a la imagen que encontramos en la mayoría de los libros escritos por autores
norteamericanos simpatizantes de Castro, la realidad es que la economía cubana experimentó un auge constante durante el gobierno de Batista. La economía que Castro heredó cuando tomó el poder en 1959 era de crecimiento, no de disminución, y mucho de ese crecimiento no sólo fue el resultado directo de las inversiones estadounidenses y el desarrollo de los mercados de exportación, sino también debido al creciente poder del capital cubano en la economía del país.      En 1956 la economía cubana bajo la presidencia de Batista comenzó a ascender, y 1957 — el año en que Castro comenzó a luchar su guerra de guerrillas en las montañas — fue uno de los mejores años para la economía cubana desde la creación de la República a comienzos del siglo. Durante 1957, la actividad económica de Cuba alcanzó el mayor nivel registrado desde la Segunda Guerra Mundial y el ingreso promedio anual per cápita se elevó a $ 400 dólares, uno de las más altos en América Latina.      Según las estadísticas publicadas en 1958 por la Organización Internacional del Trabajo, en poder adquisitivo, el trabajador promedio cubano era uno de los mejor pagados del mundo. En 1958 Cuba ocupaba el primer lugar en América Latina en el número de televisores por habitante. Por otra parte, Cuba fue el segundo país en América en transmitir programas de televisión en blanco y negro, y el primer país en América Latina que transmitió televisión a color (en 1957).      El año antes de que Castro tomó el poder en Cuba, el país contaba con 160 estaciones de radio comerciales. Cuba era el segundo país en América Latina en receptores de radio por habitantes. En consumo de pescado fresco Cuba tenía el número uno en América, con 5.6 libras anuales per cápita, tan sólo seguida por los Estados Unidos, con 5.4 libras. En 1958 Cuba ocupaba el tercer lugar en el consumo de calorías en América Latina, con 2.682 calorías promedio per cápita, tan sólo debajo de países con una gran producción de carne como Argentina con 3.106 y Uruguay con 2.991.      Según los apologistas del castrismo, uno de los avances más significativos del régimen es su sistema nacional de salud pública. Pero la realidad es que el gobierno de Castro no creó el avanzado sistema de salud de Cuba, sino que lo heredó. En 1957, un año antes de que Castro tomara el poder, había en Cuba 128 médicos y dentistas por cada 1,000 habitantes — una proporción igual a la de los Países Bajos y muy superior a la de los Estados Unidos y el Reino Unido.      Antes de que Castro tomara el poder, Cuba ocupaba el cuarto lugar entre los países de América Latina en desarrollo educativo. Su tasa de alfabetización era del 76% y ahora, según las estadísticas oficiales, es del 96%, o sea, un aumento del 20%. Esta mejora parece menos impresionante cuando se la compara con la de otros países de América Latina similares a Cuba en la década de 1950, como Panamá y Costa Rica, que han demostrado beneficios similares sin un subsidio masivo del gobierno. Además, la mayoría de los otros países (incluidos los más pobres) también han registrado aumentos impresionantes de alfabetización en los últimos 40 años: Haití del 11% al 45%, Guatemala, del 30% al 56%, El Salvador, del 42% al 72%; República Dominicana, del 43% al 82%, Brasil, del 49% al 83%, Ecuador, del 56% al 90%, y Colombia, Panamá, Costa Rica, Paraguay, Chile y Argentina, ahora todos en el grupo de 90-96% de alfabetización.      A pesar de que los norteamericanos ejercían un control considerable sobre la economía cubana, a finales de la década de los 1950 se notaba una creciente tendencia hacia más y más control de los cubanos sobre la economía de su país y sus recursos naturales. En 1959 los cubanos ya eran propietarios de la mayoría de las ramas de la economía de Cuba, probablemente con la excepción de las compañías de ferrocarriles, la electricidad, los teléfonos y las grandes fábricas de azúcar. Según fuentes de las Naciones Uni das, en 1958 los cubanos controlaban el 86% del total del capital invertido en la isla, mientras que las
inversiones extranjeras, que habían disminuido de manera constante desde 1933, ascendían tan a sólo al 14%.      La industria azucarera, la principal fuente de ingresos de Cuba, presentaba un panorama similar. La producción total de azúcar por parte de intereses extranjeros había disminuido del 78% en 1939 al 38% en 1958. Una disminución similar en la influencia extranjera se evidenciaba en los depósitos bancarios. Los depósitos en bancos extranjeros de dinero ganado en Cuba representaron el 83% del total de depósitos en 1939, pero en 1955 se habían reducido al 38%.      Antes de 1959, Cuba era el segundo exportador de azúcar del mundo y el mayor exportador de azúcar a los EE.UU., donde el azúcar cubano se utilizaba fundamentalmente en la industria de bebidas no alcohólicas y la repostería. Sin embargo, poco después de que Castro tomó el poder en Cuba, no sólo provocó la cancelación de las ventas de azúcar a los EE.UU., sino que comenzó la destrucción sistemática de la industria azucarera cubana bajo el pretexto de la diversificación de la agricultura. Sin embargo, es extraño que esta destrucción de la industria azucarera cubana coincidiera con la introducción de los edulcorantes sintéticos en los EE.UU. ¿Fue esto otra coincidencia o Castro lo hizo siguiendo las órdenes de sus amos en Wall Street?      Pero esto no es lo único difícil de explicar.      Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, cuando la gasolina escaseó y su costo se hizo prohibitivo, Cuba comenzó con éxito la producción de etanol de caña de azúcar. Una mezcla de etanol y gasolina se vendió en Cuba bajo el nombre de “Carburante Nacional.” El etanol producido en los EE.UU. es a base de maíz. Debido a la baja productividad del maíz, se necesitan siete litros de materia combustible para producir ocho litros de etanol a base de maíz. Por el contrario, tan sólo se necesitan dos litros de materia combustible para producir ocho litros de etanol a base de caña de azúcar. Esa es la razón por la que el programa brasileño de etanol de caña de azúcar es tan eficiente. Pero el programa de etanol en los EE.UU. no es un programa de energía. En realidad, se trata de un programa de subsidio para proteger a las grandes corporaciones agroindustriales y, al mismo tiempo, evitar que surjan fuentes eficientes de combustible que compitan con el petróleo que los conspiradores controlan.      Sin embargo, llama la atención que, a pesar de la escasez de petróleo en Cuba, Castro nunca trató de producir etanol de caña de azúcar como combustible, y mantuvo la isla totalmente dependiente inicialmente del petróleo soviético y ahora del de Venezuela. Una explicación pudiera ser que, como agente leal de los conspiradores del CFR, Castro no haya querido cometer el pecado capital de competir con las corporaciones petroleras y agroindustriales norteamericanas. Otra explicación es que, al igual que está sucediendo en los EE.UU., la escasez de petróleo es una forma eficiente de reducir a un pueblo a niveles de consumo preindustriales.      Sin duda había notables diferencias económicas entre la población cubana antes de 1959, pero no eran muy diferentes de los que encontramos hoy día en los EE.UU., Japón o Alemania. Por otra parte, me atrevería a decir que, como resultado de algunas de las características de la cultura hispana y del carácter cubano, estas diferencias económicas y sociales eran menos marcadas que en otros países.      Si creemos lo que cuentan Fidel Castro y sus más cercanos colaboradores, el presidente Batista era un político corrupto vendido a los intereses extranjeros. Pero esto es sólo parte de la verdad. Lo cierto es que a pesar de los excesos de Batista y el soborno y la corrupción prevaleciente entre sus colaboradores más cercanos, cuando Castro tomó el poder en Cuba en 1959 la isla estaba experimentando una bonanza económica. Los años de la década de 1950 resultaron ser muy buenos para la economía cubana. Todos los índices nacionales de
la economía estaban creciendo a un ritmo acelerado. La mayor diferencia entre Castro y Batista es que, a diferencia de Castro, Batista no deseaba destruir el país.      A comienzo de la década de los 1960, el economista y teórico político Walt Whitman Rostow, agente de confianza de los conspiradores del CFR, escribió un libro que llamó inmediatamente la atención de los conspiradores: Las etapas del crecimiento económico : Un manifiesto no comunista. El libro explicaba en detalle las etapas económicas y sociales por las que pasa un país para saltar de una economía subdesarrollada de tercer mundo a una desarrollada de primer mundo. Tan sólo una lectura superficial del libro mostraba que, de todos los países de América Latina, Cuba era el único listo para dar el salto económico.   De haber continuado la tendencia de la década de los 1950, Cuba se habría convertido en el Japón del Caribe o en la Suiza de América, tal como algunos ya la llamaban en esa época.     Pero todo indica que esto no estaba en los planes de los conspiradores globalistas del CFR. De modo que concibieron un plan especial para evitar el nacimiento de una potencia económica a sólo 150 kilómetros al sur de las costas norteamericanas. Por tanto, para que les ayudara a llevar a cabo sus planes destructivos, los conspiradores del CFR instalaron en el poder en Cuba a su agente secreto Fidel Castro.      Louis A. Pérez, Jr., un profesor universitario que estudió en detalle las grandes similitudes entre la cultura y la sociedad norteamericana y cubana en esa época, escribió que, En sus hábitos, gustos, actitudes, y otras cosas demasiado numerosas para apreciarlas en su totalidad, y con consecuencias imposibles de calcular, los cubanos participaban día a día a día en el modo de vida de Estados Unidos. En muchas cosas llegaron a ser como los norteamericanos. . .”      Y añadió, “Casi todos los aspectos importantes de Cuba se integran directamente en las estrategias de comercialización de Norteamérica.” El nivel de vida y de pensar de los cubanos se semejaba tanto al de sus vecinos del norte que las compañías de mercadeo y publicidad de la avenida Madison en New York comenzaron a usar la isla como un campo de pruebas para introducir los nuevos productos que estaban promoviendo.      Con el fin de poner a prueba su capacidad de venta, algunos de estos productos, tales como algunas marcas de cerveza, el limpiador de cocina Ajax, y otros productos del hogar, se pusieron a la venta en el mercado cubano durante varios meses antes de lanzarlos al mercado norteamericano. A mediados de los años cincuenta, SEARS abrió una gran tienda por departamentos en La Habana y, poco después, comenzó a vender sus productos a través de sus catálogos a toda la isla. Las principales empresas estadounidenses de telecomunicaciones utilizaron a Cuba para probar su nueva tecnología de comunicaciones por microondas y, al terminar el proyecto, dejaron en Cuba una red nacional de comunicaciones que en algunos aspectos era mejor que cualquiera de los Estados Unidos en ese momento. La planta de procesamiento de níquel en construcción en la Bahía de Nipe — inacabada cuando Castro la nacionalizó — era la más avanzada tecnológicamente en su tipo en el mundo en ese momento.      Lo anterior explica en gran medida el por qué los conspiradores del CFR escogieron a Cuba como campo de pruebas para experimentar la implementación del Nuevo Orden Mundial que luego pensaban implementar en los EE.UU. Desde esta perspectiva, hay que llegar a la conclusión de que la Cuba castrista ha sido un experimento exitoso de la implementación del Nuevo Orden Mundial comuno fascista y que la Cuba actual es un ejemplo fiel de esa sociedad que los conspiradores del CFR piensan imponer al pueblo norteamericano y a los pueblos del mundo. 
8. Cuba como campo de prueba del Nuevo Orden Mundial      Como ya mencioné anteriormente, en la primera visita que Castro hizo a los EE. UU. en abril de 1959 después de haber tomado el poder unos meses antes, los Rockefellers lo invitaron a la Harold Pratt House, sede del Consejo de Relaciones Exteriores. Allí fue recibido efusivamente por Nelson y David Rockefeller y otros altos representantes del gobierno invisible de los Estados Unidos. Luego Castro tuvo una reunión secreta con los hermanos Rockefeller.      Hasta hace unos años muy pocas personas habían oído hablar del Nuevo Orden Mundial. En los EE.UU., no fue sino hasta el 11 de septiembre de 1990, cuando el presidente George H. W. Bush lo mencionó en un discurso ante el Congreso, que tituló “Hacia un Nuevo Orden Mundial.” A partir de esa fecha comenzó a mencionarlo en casi todos su discursos.      Pero esa no fue la primera mención pública en los EE.UU. del Nuevo Orden Mundial. En un discurso que pronunció en la Universidad de Harvard el 9 de febrero de 1962, y que tituló “Federalismo y un orden mundial libre”, Nelson Rockefeller mencionó el Nuevo Orden Mundial por primera vez cuando expresó su preocupación de que “las Naciones Unidas, el repositorio de tanta esperanza, no había sido capaz — ni sería capaz — de crear el nuevo orden mundial que los sucesos ahora clamaban con tanta fuerza.”      No es producto de una coincidencia el hecho de que la primera mención de un Nuevo Orden Mundial por parte de uno de sus más importantes promotores se haya producido poco tiempo después de su reunión secreta con Fidel Castro.      La visita de Castro a la sede del CFR fue totalmente ignorada por la prensa norteamericana. Pero es probable que haya sido en esa reunión privada con Nelson y David Rockefeller donde éstos le informaron a Castro de su plan de convertir a Cuba en un campo de prueba del Nuevo Orden Mundial. Veinte años después, en un discurso pronunciado en 1979 en la sede de las Naciones Unidas en New York, Castro abogó por la implantación de un Nuevo Orden Mundial — hecho que también ignoró la prensa oficialista norteamericana y sólo fue mencionado en unos pocos periódicos locales sin importancia.      Como dato interesante, es necesario señalar que en 2005, también en un discurso pronunciado en las Naciones Unidas, el subagente Hugo Chávez siguió las huellas de Castro, los Rockefellers y sus secuaces conspiradores, cuando clamó por la implementación de un nuevo orden económico internacional.      Es altamente revelador el hecho aparentemente inexplicable de que tanto los “progresistas” izquierdistas norteamericanos como algunos de los elementos más reaccionarios de la derecha norteamericana miembros del Consejo de Relaciones Exteriores hayan expresado públicamente en muchas ocasiones su opinión de que la Cuba de Castro es el modelo económico y social a seguir.      Si a esta alturas muchas personas todavía no saben lo que es realmente el Nuevo Orden Mundial, una simple mirada a la Cuba de Castro les daría una idea clara de lo que los conspiradores del CFR tienen en mente para los sobrevivientes del cataclismo que piensan causar artificialmente para liquidar por lo menos el 85 por ciento de la población de este planeta. La Cuba de Castro ha demostrado ser un desastre económico, social, ético y humano, pero también es un ejemplo del futuro régimen feudal totalitario comuno fascista que los conspiradores globalistas eufemísticamente llaman el Nuevo Orden Mundial.      Los pro castristas que frecuentemente visitan Cuba siempre se han negado a ver la realidad inevitable del castrismo que se evidencia ante sus ojos. Pero, como bien dice el dicho, “no hay peor ciego que quien no quiere ver”. Por ejemplo, cientos de gays estadounidenses eran visita común en Cuba en la década de los 1980 en que Castro hostigaba y encarcelaba a los homosexuales afeminados y los enviaba a las tristemente célebres
UMAPs, pero los orgullosos gays del norte, con abundantes dólares para comprar los favoressexuales de los esclavos de Castro, no vieron nada, no oyeron nada, no dijeron nada, y se las arreglaron para ignorar lo que era imposible ignorar.      Muchos intelectuales y profesores norteamericanos visitaban Cuba mientras Castro enviaba a las cárceles a escritores, artistas y poetas cubanos, pero, en vez de alzar sus voces en protesta, prefirieron creer las historias inventadas por los carceleros y los torturadores.      Muchos izquierdistas políticamente correctos han estado visitando la Isla bajo el tenue subterfugio de que realizan investigaciones académicas. Sin embargo, sistemáticamente se han negado a ver que Castro, un hombre viejo, rico, y blanco, ha creado en Cuba la más racista, sexista, homófobica, falocéntrica y logocéntrica sociedad del hemisferio occidental, y mantuvieron oculta esta realidad a sus alumnos mientras dedicaban sus clases a la deconstrucción del pensamiento occidental.      Muchos izquierdistas judios estadounidense sabían perfectamente que Castro acosaba a los judios en Cuba y que los incidentes ocurridos en Cuba en 1980 durante el éxodo del Mariel fueron una reedición de las persecuciones iniciales a los judios en la Alemania nazi. También sabían que, a pesar de que Castro destruyó la pujante colonia judia en Cuba y que la mayoría de sus miembros tomaron el camino del exilio, el Estado de Israel mantiene excelentes relaciones comerciales con el gobierno de Castro, pero optaron por ignorar el tema.      Muchas feministas norteamericanas nunca ocultaron su profundo amor por Castro. Es por eso que hicieron caso omiso a la discriminación a las mujeres en la Cuba de Castro y nunca protestaron por las que cumplían largas condenas por razones políticas en las cárceles cubanas debido a su oposición pacífica al régimen. También han ignorado la persecución y el hostigamiento continuo a las “damas de blanco” que silenciosamente desfilan como protesta por sus hijos y esposos en las prisiones castristas.      Muchos revolucionarios negros americanos eran visita común en Cuba en los primeros años del castrismo, según ellos para disfrutar de las maravillas de una sociedad libre de discriminación racial. Sin embargo, después de que descubrieron que la realidad era muy diferente del mito, se las arreglaron para mantenerlo secreto. Hoy en día, todavía algunos de los negros norteamericanos que aman la esclavitud continúan viajando a Cuba para rendir homenaje a su querido amo blanco y convenientemente han ignorado a los disidentes negros cubanos que mueren de huelgas de hambre en las prisiones castristas como un acto de protesta contra la tiranía.      Muchas organizaciones religiosas afirman que están ayudando al pueblo cubano a superar el embargo estadounidense. Sin embargo, debido a que la mayor parte de la ayuda termina en manos de Castro y sus secuaces, el resultado práctico es que se han unido a Castro en sus esfuerzos para destruir la libertad religiosa en Cuba.      A través de los años estas personas han demostrado una alta capacidad para el engaño y, sobre todo, para el autoengaño. Pero existe la posibilidad de que la verdadera causa de su comportamiento sea aún más preocupante: estas personas ven exactamente lo que le está sucediendo al pueblo cubano y están encantados. Para ellos la Cuba de Castro es un signo de lo que vendrá: un experimento exitoso del Nuevo Orden Mundial.      Fidel Castro ha devastado el país económica y físicamente, asesinado y forzado al exilio a una gran parte del pueblo cubano, y destruido moral y materialmente a los que en la isla han logrado sobrevivir a su ira.      Tony Mendoza, un visitante que presenció de cerca la miseria del pueblo cubano, escribió:
Me quedé pasmado con lo qu e presencié en Cuba. Cuando uno camina por las calles ve rostros qu e están tan devastados como los edificios que los rodean. La gente se v e deprimida y abatida. Mientras esperan por los autobuses que no llegan o hacen largas colas para comprar la magra comida, mantiene n la mirada fija en la lejanía, como si estuvieran en tr ance. Otros permanecen sentados largas horas en el Malecón habane ro, mirando hacia el horizonte, hacia Miami.      Mendoza no exagera. Las secuencias inic iniciales de la película documental Buenavista Social Club del director Wim Wenders, filmadas en 1998, muestran imágenes muy similares a las descritas por Mendoza.      Pero Mendoza no es el único. Christopher Hunt, un escritor norteamericano que visitó Cuba en 1996, escribió como, durante su periplo de la Habana a Santiago, a través de Varadero, Santa Clara, Sancti Spíritus, Camagüey, Bayamo y Holguín, lo que dejó detrás fue un rastro de prostitutas, proxenetas, solicitadores de sobornos, vendedores de mercado negro, contrabandistas, jugadores de lotería ilegal, cambiadores ilegales de dinero, turistas sexuales, informantes y hasta un hombre que le rogó que le diera sus calcetines.      Una mujer cubana lo expresó mejor aún, cuando exclamó con lágrimas en los ojos: “No sé por qué Fidel nos odia tanto. ¿Por qué quiere destruirnos?” La pobre mujer sería incapaz de entender que crear miseria es uno de los placeres mayores de Fidel Castro, porque el tirano caribeño es uno de los mayores especialistas en creación de miseria del mundo, a la misma altura de Hitler, Stalin y Mao.      La destrucción de Cuba a manos de Fidel Castro no ha sido el resultado de errores ni de caprichos personales y mucho menos del totalmente inefectivo “bloqueo” económico, sino de la consecución de un plan secreto. Siguiendo las órdenes de sus amos del CFR, el objetivo final de Castro ha sido siempre la destrucción de Cuba y su pueblo.      Como vimos anteriormente, antes de que Castro usurpara el poder en Cuba en 1959, la sociedad cubana se parecía mucho a la norteamericana. Esto explica por qué, desde principios de los años cincuenta, muchas empresas de mercadismo y publicidad estadounidenses usaban la Isla como campo de pruebas para sus productos antes de lanzarlos al mercado norteamericano.      Al parecer, el uso de Cuba como un campo de pruebas para los productos, servicios e ideas norteamericanas no terminó cuando Castro tomó el poder. En realidad, la Cuba de Castro ha sido un experimento de ingeniería social en gran escala; una prueba del funcionamiento del Nuevo Orden Mundial antes de su implementación en los EE.UU., América Latina y el resto del mundo.      Desgraciadamente, en estos momentos los conspiradores del CFR están implementado en los EE.UU. el mismo plan que Castro exitosamente llevó a cabo en Cuba, y los resultados son bastante similares. La destrucción física y económica de los EE.UU. y la destrucción moral y material del pueblo norteamericano avanza a pasos agigantados. Para quienes pasamos por la experiencia de vivir algunos años en la Cuba de Castro, resulta evidente que, si en algo se diferencia el plan de su implementación en estos momentos en los EE.UU., no es en los resultados sino en la metodología de la aplicación.      Castro implementó el Nuevo Orden Mundial en Cuba después de haber tomado el poder por la vía de un putsch fascista similar al de Mussolini en Italia, en tanto que los conspiradores del CFR siguen la metodología de infiltración del gobierno y persuasión de las masas propias de los fabianos ingleses. Desde los años de la Alemania nazi, ningún pueblo en el mundo ha estado bajo un ataque de guerra psicológica y lavado de cerebro tan masivo y eficiente como el pueblo norteamericano.
     El hecho de que Castro siempre ha sido un agente secreto de los conspiradores del CFR explica el por qué algunas personas influyentes en el Departamento de Estado, la CIA, la prensa estadounidense y el Consejo de Relaciones Exteriores, ayudaron a Castro a tomar el poder en Cuba. También explica el por qué los conspiradores del CFR convencieron al presidente Kennedy para que cambiara los planes de invasión original y enviara a los patriotas cubanos a una muerte segura en la Bahía de Cochinos. También explicar el por qué Castro ha estado en el poder en Cuba desde hace más de medio siglo a pesar de haber estado promoviendo política y militarmente el antiamericanismo en todo el mundo.      Varios signos reveladores caracterizan el Nuevo Orden Mundial. Una importante característica económica es el llamado “desarrollo sostenido”, un término nebuloso utilizado frecuentemente por los conspiradores del CFR. Aunque es casi imposible hallar una definición de desarrollo sostenido, al menos tenemos una de lo que no es. En la sesión inaugural de la Conferencia Cumbre de Río de Janeiro en 1992 (Earth Summit II), el agente secreto del CFR Maurice Strong afirmó: Está claro que los estilos de vida actuales y los patrones de consumo de la clase media acomodada, que implica n un alto consumo de carne y de grandes cantidades de alimentos conge lados, así como las comodidades de usar combustibles fósiles para los equi pos ele ctrodomésticos y el aire acondicionado en los hogares y los trabajos, así como las casas en los suburbios, no son sostenibles. ... Un cambio e s necesario para lograr estilos de vida menos orientados a esos patro nes de consumo perjudiciales al medio ambient e.      La idea de Strong de lo que es desarrollo sostenido describe con precisión Cuba tras medio siglo de castrismo. Pero Maurice Strong no es un caso aislado. En un viaje que realizó a Cuba en el 2001, James Wolfensohn (CFR), Presidente del Banco Mundial, elogió a Castro por hacer “un gran trabajo” en proveer de bienestar social al pueblo cubano. La edición del 2001 del World Development Indicator, una publicación del Banco Mundial, afirmó que Cuba había superando a casi todos los demás países pobres del mundo en materia de salud pública y educación. Wolfensohn señaló que la Cuba de Castro era “un modelo a seguir”.      El Banco Mundial fue creado en 1944, pero en 1968, Robert McNamara, otro agente secreto del CFR, fue nombrado su presidente y rápidamente lo convirtió en un instrumento del Nuevo Orden Mundial. Wolfensohn es un antiguo miembro del CFR y de la Fundación Rockefeller, así como un buen amigo de Maurice Strong.      Hace algunos años, Juan Valdés, jefe del Departamento de América Latina del Centro cubano de Estudios de América y portavoz del gobierno de Castro, explicó en detalle la filosofía del máximo creador de miseria cubano. Valdés considera que el objetivo del sistema económico cubano no es darle al pueblo lo mismo que le da el capitalismo — más casas, más automóviles, más trajes, más cintas de vídeo — sino situar a todo el pueblo en el mismo nivel igualitario.      Según Valdés, la cartilla de racionamiento, en vigor desde 1962, no debe ser vista como una falla del sistema económico de Cuba, sino como un éxito político y económico. La razón de esto es que el racionamiento “coloca a toda la población a un mismo nivel de subsistencia, unificándolo en esa base igualitaria.”55 Sin embargo, Valdés no mencionó que Castro y la cleptocracia que lo rodea viven en la mayor opulencia, muy por encima del nivel de subsistencia de la pobreza impuesta a los cubanos.      En otra publicación, Valdés abundó en detalle sobre la meta del castrismo, que “no es crear en Cuba una sociedad de consumo.” Luego, aclaró que esta era una posición cubana que había encontrado oposición dentro del campo socialista, “Pero nosotros creemos que el socialismo no debe estar orientado a darle [al pueblo] lo mismo que da el capitalismo,” agregó Valdés. Lo expuesto por Valdés es una prueba más de que el miserabilismo castrista
no tiene nada que ver con el marxismo o el comunismo, por eso encontró oposición por parte de muchos de los verdaderos marxistas.      Debido a sus defectos estructurales intrínsecos, el comunismo fue un fracaso social y económico total en todos los países en los que se trató de implementar. Sin embargo, el objetivo de los comunistas nunca fue la destrucción de sus propios países. Los líderes soviéticos, particularmente Nikita Jruschov, siempre trataron de convertir la Unión Soviética en un país económica e industrialmente avanzado. Ni siquiera Stalin se atrevió a expresar una idea como la de Valdés. Pero lo que estamos presenciando hoy en Cuba no es un fracaso como resultado de políticas erróneas, sino la destrucción metódica y deliberada de un país y su pueblo.      Por supuesto, que nadie con dos dedos de frente puede pensar que el consumismo desaforado como un fin en sí mismo que nos han impuesto las corporaciones transnacionales es un sistema perfecto. Como bien decían los antiguos griegos, “nada en demasía”. Pero el hecho de que sean los cubanos quienes escapan del “paraíso igualitario” castrista hacia el “infierno” consumista, y que ni siquiera los más vociferantes anti consumistas del mundo escapen a Cuba, indica que hay algo en la lógica hipócrita de la teoría igualitaria que no funciona.      Tal como el periodista brasileño Gonzalo Guimaraens observó acertadamente,  Contrariamente a lo que la mayoría de la gente puede pensar, la miseria se impone a la isla cárcel como una opción filosófica y una manera de vivir, no sólo como resultado de una situación económica desastrosa. Esta opción filosófica miserabilista es defendida por Castro, encomiada por los ideólogos del CFR, admirada por los seguidores de la Nueva Era, bendecida por los teólogos de la teoría de la liberación, elogiada por algunos miembros de la Iglesia Católica de Cuba, y apoyada en secreto por los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y los ejecutivos de las corpo raciones transnacionales.      Después del desplome de la Unión Soviética en 1991, Castro impuso al pueblo cubano un régimen de austeridad económica aún más estricto, que llamó el “período especial”. No es producto de la casualidad que el “período especial” castrista sea muy similar al del llamado “tratamiento de choque” que el Fondo Monetario Internacional, una organización creada y controlada por el CFR, ha impuesto a muchos países del mundo con desastrosos resultados.    El llamado “período especial” se mantiene todavía en Cuba después de 20 años y al parecer nunca va a terminar.      Es evidente que el “período especial” que Castro impuso al pueblo de Cuba fue una prueba exitosa de las llamadas “medidas de austeridad” que los conspiradores del Nuevo Orden Mundial han impuesto a los pueblos de muchos países. Las medidas del “tratamiento de choque” son tan nefastas que algunos autores han dado en llamarlas “fascismo de austeridad.” 9. La Cuba de Castro: Sueño dorado de los conspiradores del CFR      Algunos de los líderes del movimiento de la Nueva Era consideran que el consumo es un pecado, y que la única forma en que los seres humanos pueden mantener su armonía con el planeta Tierra — al que ellos llaman Gaia — es viviendo a un nivel de subsistencia mínimo.   Por consiguiente, el objetivo final de los habitantes de este planeta debe ser la sostenibilidad a ese mínimo nivel sin tratar de lograr un mayor desarrollo económico. Por supuesto que detrás de esta idea hay un un gran contenido de hipocresía, porque la mayoría de los líderes de la Nueva Era que apoyan activamente la sostenibilidad son los grandes consumidores de los recursos de Gaia y los mayores contaminadores del planeta. Al Gore es un ejemplo típico de este tipo de hipócrita.
     Según Leonardo Boff, un ex-sacerdote católico brasileño pro-castrista que creó una especie de Teología de la Liberación de la Nueva Era, la verdadera meta no es un socialismo de la abundancia, sino un socialismo de la pobreza. Obviamente, la Cuba de Castro es la materialización del sueño de Boff. No es de extrañar que Boff y su amigo Frei Betto hayan visto en la Cuba de Castro los signos del reino de Dios. Es evidente que la Teología de la Liberación es el verdadero opio de las masas del que habló Marx.      Un componente importante del Nuevo Orden Mundial es la reducción de la población. Jacques Cousteau, un creyente de la religión de la Nueva Era y buen amigo de Castro, declaró en 1991 a El Correo de la UNESCO, El objetivo de la Organización de Naciones Unidas es reducir la población de forma selectiva promoviendo el aborto, forzando la esterilización y controlando la reproducción humana, y [la ONU] considera que dos tercios de la población humana son un exceso de equipaje del que hay que deshacerse, por lo que cada día 35 0.000 personas deben ser eliminadas.      El experimento castrista ha tenido mucho éxito en el control de la natalidad. La Cuba de Castro es una de las naciones del mundo con mayor porcentaje de abortos. Según las estadísticas, de 1968 a 1997, más de 3 millones de abortos se realizaron en Cuba, un país de 12 millones de habitantes.      El millonario Ted Turner, agente secreto del CFR y buen amigo de Castro, es uno de los mayores defensores del control de la natalidad. En 1997 Turner donó cien millones de dólares a la ONU, con el único requisito de que ese dinero se usara en planes de control de la natalidad.      El 5 de mayo del 2009, Ted Turner, Bill Gates, David Rockefeller, Oprah Winfrey, George Soros, Warren Buffet, Michael Bloomberg, Peter Peterson y otros billonarios, se reunieron en secreto en New York para planear fría y lógicamente cómo matar al 85% de la población del planeta.  La reunión fue muy similar a la que tuvo lugar el 20 de enero de 1942 en Wannsee, un suburbio de Berlín, en la que Reinhard Heydrich, Adolf Eichmann y un grupo de jerarcas nazis, planearon fríamente la metodología más eficiente para matar a los judíos, los gitanos, los homosexuales, los retrasados mentales y otros “indeseables”.      A fin de garantizar su éxito a largo plazo, el Nuevo Orden Mundial requiere la conversión de las escuelas de fuentes de educación en centros de adoctrinamiento ideológico. Esto se logra gracias a la transformación de los maestros en “agentes de cambio social” dedicados a la creación de una población domesticada. El sistema, que luego se implementó en gran escala en los EE.UU., fue probado en Cuba en la década de 1960, cuando los maestros y los libros de texto tradicionales fueron sustituidos por otros nuevos políticamente correctos.   Algunas personas importantes en los EE.UU. están convencidos de que el sistema educativo castrista es insuperable.      En una Reunión en la Cumbre que se llevó a cabo en La Habana en abril del 2000, el Secretario General de la ONU Kofi Annan declaró que el régimen de Castro ha creado un ejemplo del que todos podemos aprender y que “debía ser la envidia de otras naciones.” En febrero de 2001, una delegación de alto nivel del Consejo de Relaciones Exteriores, dirigida por David Rockefeller, visitó Cuba y mantuvo una larga reunión con Castro. Después de la reunión, el presidente del CFR Peter Peterson elogió el “compromiso apasionado” de los líderes cubanos de ofrecer educación superior y altos niveles de salud pública a su pueblo.  Luego añadió, “Creo que Cuba es uno de los países con mejor educación en todo el hemisferio”. Por supuesto, no es de extrañarse que los conspiradores del CFR, que han transformado las escuela públicas norteamericanas en centros de adoctrinamiento, vean con agrado que Castro haya hecho lo mismo desde hace muchos años.
     Los conspiradores globalistas ven la formación de una fuerza de trabajo esclava como una parte esencial de sus planes para una economía global. Este plan no sólo produce los futuros siervos feudales del Nuevo Orden Mundial, sino que también garantiza la creación de ciudadanos idiotizados, incapaces de luchar por sus derechos. Bajo el nombre de “la escuela al campo”, este plan malvado fue probado con éxito en Cuba.      Tan pronto como llegan a la escuela de nivel medio, los niños de Cuba son enviados a escuelas en el campo, donde, totalmente alejados de la supervisión y orientación de sus padres, no sólo trabajan de la mañana a la noche en el cultivo de productos agrícolas para la exportación, sino que también están expuestos a todo tipo de malas influencias. Las enfermedades venéreas hacen estragos entre los adolescentes cubanos que tienen que asistir obligatoriamente a las escuelas en el campo y los abortos son una experiencia común entre las niñas.      A menudo, los niños son transportados fuera de las escuelas sin la autorización de los padres para que participen en actividades políticas. Parte del tiempo en las escuelas también se dedica a la instrucción militar. Como es de esperar, el tiempo dedicado al aprendizaje real de materias académicas se reduce a un mínimo.      Los objetivos de la educación en la Cuba castrista no tienen nada que ver con enseñarle a los niños historia, geografía, aritmética, biología, o un idioma extranjero, sino en cambiar radicalmente los valores éticos y morales aprendidos en sus hogares. Esto se ajusta perfectamente a la filosofía de la educación castrista, que no persigue la búsqueda de la verdad sino el adoctrinamiento ideológico.      La extraordinaria similitud entre la educación en la Cuba de Castro y la educación pública actual en los EE.UU. se debe a que ambos planes fueron creados por agentes del CFR y se probaron en Cuba antes de implementarlos en los EE.UU. El Nuevo Orden Mundial no necesita ciudadanos pensantes, sino esclavos mentalmente condicionados para que no se rebelen en contra de sus amos.      Poco después de que nacen, los niños cubanos deben inscribirse en el MININT (Ministerio del Interior), donde se les expide una “Identificación de Menor”, que deben portar en todo momento y mostrar a las autoridades si estas se lo piden. La identificación es en realidad un pequeño cuadernillo con regulaciones que deben cumplir en todo momento hasta que cumplan 16 años, cuando se la substituye por una para adultos. Esta libreta de identificación de menor contiene un registro detallado de información sobre la conducta política del niño.      La educación que reciben los niños cubanos en la Cuba de Castro está orientada a crear un nuevo tipo de ser humano: el hombre nuevo. Esta estructura educacional, cuyo único fin es adoctrinar a los niños para que acepten la nueva sociedad totalitaria, está implícita en la Constitución de la Cuba castrista de 1976 y se ha hecho ley que se hace cumplir obligatoriamente. Los padres no pueden desviarse de esta estructura so pena de incurrir en fuertes penalidades. Según escribieron unos investigadores que estudiaron de cerca el sistema educativo castrista, A partir de la edad preescolar, a los n iños se les enseñan canciones y poemas en alabanza de Castr o y la rev olución, a fin de establecer un culto a la personalidad en torno a su figu ra. Además, la creencia en Dios no es aconsejable. En su lugar, a los niños se les enseña a creer en Castro.      Un requisito previo esencial para establecer el Nuevo Orden Mundial es la creación de una nueva religión mundial. Ante todo, los conspiradores necesidad resolver el problema de la religión judeo-cristiana, la que consideran un obstáculo importante que deben eliminar para alcanzar su éxito.
     Por consiguiente, los cristianos y los judíos tienen que ser neutralizados de alguna manera, si es posible reclutándolos para que apoyen la agenda secreta de los conspiradores. Con este fin, la ONU, con fondos provenientes de fuentes como la Fundación Rockefeller, creó en 1948 el Consejo Mundial de Iglesias, que marcó el comienzo de la era ecuménica moderna.      El 25 de enero de 1959, una facción rebelde de la Iglesia Católica forzó la mano del papa Juan XXIII con el Concilio Vaticano II, cuyas sesiones funcionaron desde 1962 hasta 1965, y que abrió las puertas para que la Iglesia apoyara la nueva religión mundial. El ecumenismo, que aparenta ser un esfuerzo por unificar las diferentes iglesias cristianas, en realidad ha sido el subterfugio que han usado los conspiradores del Nuevo Orden Mundial para la aceptación de todas las religiones y cultos como iguales. Por tanto, no es de extrañar que el Consejo Nacional de Iglesias y su organización afiliada, Pastores por la Paz, todos ellos parte del Consejo Mundial de Iglesias, hayan estado apoyando durante muchos años al tirano ateo del Caribe.      El 12 de octubre de 1999, una delegación ecuménica internacional que dirigía el reverendo Konrad Kaiser, secretario general del Consejo Mundial de Iglesias, visitó Cuba y tuvo una serie de reuniones con Castro. Durante las reuniones Castro describió a Jesús como “un gran revolucionario social.”      Cuando uno de los delegados mencionó cómo Lutero había desafiado a la Iglesia católica de su tiempo, Castro confesó que a menudo se sentía como Lutero debía haberse sentido. Antes de partir, Kaiser declaró que el movimiento ecuménico “comparte una preocupación por la justicia social que tiene mucho en común con la vida y lucha del pueblo cubano.”      Aunque el desarrollo sostenible, el control de la población, y una nueva religión mundial son elementos importantes del Nuevo Orden Mundial, los conspiradores temen la posibilidad de la oposición armada por parte de algunos ciudadanos a los que tildan de “fanáticos religiosos”, “blancos supremacistas” y “extremistas nacionalistas”. Por lo tanto, a fin de asegurar una transición sin problemas al Nuevo Orden Mundial bajo el control militar de las Naciones Unidas, es necesario crear leyes estrictas de control de armas de fuego a fin de quitar las armas de las manos de los ciudadanos. En ese sentido Cuba también ha sido un campo de pruebas para probar la efectividad de esas medidas.      Después de la victoria de la rebelión popular contra la dictadura de Batista en 1959, la mayoría de los ciudadanos cubanos portaban, en forma abierta, todo tipo de armas, desde pistolas y revólveres hasta rifles de asalto y subametralladoras. La mayoría de las personas que habían participado en la rebelión contra Batista eran muy jóvenes, por lo tanto, muchos de los ciudadanos con armas de fuego eran adolescentes. Poco después de que se crearon las Milicias Populares, muchas escuelas públicas también se usaron como centros de entrenamiento militar. Sorprendentemente, aquellos fueron probablemente los tiempos más pacíficos de la historia reciente de Cuba. La criminalidad se redujo considerablemente y la violencia con armas de fuego era casi desconocida.      Sin embargo, unos pocos años más tarde, cuando Castro se sintió consolidado en el poder, se les pidió a los ciudadanos que registraran sus armas. Unos meses más tarde se aprobó una ley que confiscaba las armas de los ciudadanos privados. Poco después la criminalidad con el uso de armas de fuego aumentó considerablemente, sobre todo las acciones criminales cometidas por el gobierno de Castro contra los ciudadanos cubanos desarmados.      Como todos los tiranos totalitarios y sus partidarios, Fidel Castro es un firme creyente en el control de las armas de fuego. Al igual que en todos los países donde han sido promulgadas leyes rígidas de control de armas, el pretexto utilizado en Cuba fue reducir la criminalidad. Pero, tal como la historia ha demostrado una y otra vez, los delincuentes no
destruyen los países, sino los gobiernos. La Alemania nazi, la Rusia soviética, la China comunista y la Cuba de Castro, tan sólo por mencionar algunos casos, son países donde leyes rígidas de control de armas de fuego fueron aprobadas. Sin embargo, tan pronto como las leyes de control de armas fueron implementadas, los ciudadanos vieron cómo miles de sus conciudadanos eran asesinados por armas de fuego en manos de los matones del gobierno.      La historia ha demostrado una y otra vez que el desarme de los ciudadanos es una condición previa fundamental para permitir que sus gobiernos los asesinen con impunidad total. Contrariamente a lo que mucha gente cree, la principal causa de muerte violenta en el siglo XX no fue la guerra, el terrorismo o la criminalidad, sino el democidio, es decir, los gobiernos matando a sus propios ciudadanos.      En su libro Verdades sucias, Michael Parenti, señala con razón que la lucha contra el terrorismo es en realidad una lucha contra los países que se niegan a abrir sus puertas a la inicua explotación de las corporaciones norteamericanas. Según Parenti, los países que aceptan la llamada “lucha contra el terrorismo”, es como se le dijeran a las transnacionales: ¡Adelante, todo lo que tenemos es suyo! En nuestro país, No hay leyes de seguridad laboral, ni impuestos a las corporaciones, ni regulaciones ambien tales, ni límite a lo que puedan extraer de nuestra tierra a precios escandalosamente bajos, ni salario mínimo, ni sindicatos verdaderos. Y si los obreros o los campesinos se rebelan, nuestra policía y los militares ... se harán cargo de ellos, porque aquí tampoco hay garantías constitucionales. Ustedes nos dan a nosotros los oligarcas una porción generosa de lo que roben, y el resto es todo suyo.      Desafortunadamente, Parenti no menciona el hecho de que su descripción de ese país teórico corrupto vendido a las corporaciones transnacionales es una descripción fiel de la Cuba de Castro. Por tanto, no es de extrañar que muchos de los amigos “progresistas” de Parenti pertenecientes a la izquierda norteamericana, así como los elementos más reaccionarios de la derecha, entre ellos los conspiradores del CFR, vean la Cuba de Castro como el modelo a seguir.      La Cuba actual bajo el castrismo es el sueño dorado de los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y los ejecutivos de las corporaciones transnacionales. Cuba, un país donde los sindicatos de trabajadores habían adquirido una fuerza enorme en la defensa de los intereses de sus miembros, se ha convertido bajo el castrismo en una gigantesca maquiladora, donde los trabajadores no tienen derecho alguno.      Los trabajadores cubanos que trabajan para empresas extranjeras en Cuba no reciben sus salarios directamente en dólares. Siguiendo las instrucciones especificadas en sus contratos, las empresas extranjeras que operan en Cuba no pueden pagarle directamente a los obreros cubanos, sino que deben pagarle en dólares a las empresas de Castro que, a su vez, les pagan a los trabajadores cubanos en pesos devaluados. Por cada dólar que recibe el régimen de Castro, se le paga al trabajador cubano el equivalente a 25 centavos de dólar, y los otros 75 centavos van parar a cuentas bancarias en Suiza donde Castro y sus colaboradores cercanos guardan sus cuantiosas fortunas.      En la década de 1970, Castro descubrió una forma novedosa de explotar aún más la fuerza de trabajo calificada de los cubanos y creó el programa de construcción civil en el extranjero. Este programa privó la economía nacional cubana de recursos vitales en el momento en que menos podía permitirse el lujo de exportar trabajadores de la construcción y sus suministros.      A pesar de los efectos negativos sobre la economía cubana, Castro continuó con el programa, ya que generaba las divisas que él y sus compinches robolucionarios deseaban.
El programa inicial abrió las puertas para la exportación de otros tipos de trabajadores calificados de Cuba, en su mayoría profesionales de la salud y la educación.      Los cubanos que trabajan en el extranjero bajo esos programas, tienen que firmar un “Contrato de retorno a Cuba” por el que se ven obligados a dar al gobierno de Castro el 75 por ciento de los salarios obtenidos en el extranjero. Antes de recibir la autorización del gobierno para trabajar en el extranjero, los trabajadores deben probar que no tienen lazos con los exiliados cubanos o los grupos disidentes en Cuba, así como que nunca han solicitado una visa para viajar a los EE.UU., y que no tienen familiares en el extranjero.      El motivo principal de esta cláusula en el contrato draconiano es que Castro no quiere perder ni siquiera los $ 200 a $ 300 dólares mensuales que como promedio muchos de los exiliados cubanos en los EE.UU. envían a sus familiares en Cuba, que perdería si más cubanos toman el camino del exilio. De esta manera, el Comandante “marxista” cubano, en complicidad con sus socios capitalistas de las corporaciones transnacionales, se apropia de la plusvalía que producen los trabajadores cubanos.      Lo anterior prueba que, mucho antes de que las corporaciones transnacionales crearan centros de trabajo semi esclavo en México, China y otros países, ya Fidel Castro había probado la efectividad del sistema cuando lo implementó en su plantación cubana. Sin embargo, en el caso de Cuba, en vez de exportar los trabajos a países con mano de obra semi esclava, Castro exporta a otros países los trabajadores semi esclavos.      Los continuos elogios que el régimen castrista recibe de parte de los promotores del Nuevo Orden Mundial confirman mi teoría de que la destrucción de Cuba y su pueblo a manos del castrismo no ha sido el resultado de errores, sino de un objetivo secreto. Como he mencionado anteriormente, en 1959, el año en que Castro tomó el poder en Cuba, el país ya había cumplido todas las condiciones para un despegue económico y se encontraba en lo que el economista WW Rostow, un agente de CFR, llamó la “fase de despegue” en su camino a convertirse en un país industrializado.      Pero medio siglo de castrismo ha conducido el país a los niveles económicos más bajos de América Latina, y los promotores del experimento malvado en la otrora próspera isla caribeña no pueden ocultar su alegría.      El propio Castro ha proporcionan más pruebas de que, lejos de ser un líder nacionalista y mucho menos comunista, es en realidad un agente secreto al servicio de los conspiradores del Nuevo Orden Mundial. El 12 de octubre de 1979, en un discurso que pronunció en la 34 ª Asamblea General de la ONU, después de su habitual diatriba antinorteamericana, Castro declaró: “Queremos un Nuevo Orden Mundial basado en la justicia, la igualdad y la paz que reemplace el sistema injusto y desigual prevaleciente.”      Por supuesto, el sistema injusto y desigual que Castro quiere reemplazar no es el que él mismo ha implantado en Cuba. Por el contrario, el sistema económico, político y social que Fidel Castro y sus amigos del Consejo de Relaciones Exteriores quieren implementar a nivel global, que eufemísicamente llaman el Nuevo Orden Mundial, se asemeja mucho al que Castro implantó en Cuba. Esto tal vez explica el por qué los EE.UU., a través de gobiernos demócratas y republicanos bajo el control de los conspiradores del CFR, se las ha arreglado para mantener a Castro en el poder en Cuba todos estos años. El mal disimulado apoyo a Castro por parte del gobierno norteamericano, así como los intentos de perpetuar el castrismo en Cuba después de la muerte del tirano, no han sido el resultado de errores políticos, sino de un plan cuidadosamente concebido en la Harold Pratt House en New York, sede del Consejo de Relaciones Exteriores.      Cuando Fidel Castro tenía 12 años y era estudiante del Colegio de Dolores en Santiago de Cuba, le escribió una carta en inglés macarrónico al presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt en la que le pedía dinero — una mala costumbre de la que nunca se ha curado.
Pero lo más importante de la misiva es que, en una nota de posdata, el vejigo que ahora se las da de antiimperialista, le ofrecía su ayuda a los imperialistas del Norte para que pudiesen localizar y explotar las riquezas mineras de Cuba, que tanto necesitaban para construir sus flotas intervencionistas.      En los últimos tiempos, algunas voces aisladas del exilio cubano en los EE.UU. han comentado con agrado la posibilidad de que, a la muerte del tirano, Cuba pase a ser un estado más de la Unión norteamericana. Lo más triste de esta tragicomedia que le ha tocado vivir al pueblo cubano sería que el “antiimperialista” Fidel Castro pasara a la Historia como el causante de lo que José Martí tanto temió: la anexión de Cuba a los Estados Unidos.   

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CUARTA PARTE: 
EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
PRIMERA SECCION
 Tendremos un Nuevo Orden Mundial, gústeles o no les guste, ya sea por la fuerza o por consentimiento. — James Warburg       La Guerra Fría fue la excusa que crearon los conspiradores genocidas de Wall Street para justificar sus agresivas políticas imperialistas contra América Latina y el resto del mundo. Con el apoyo de una prensa sumisa y lacaya, usaron técnicas de guerra psicológica para lavarle el cerebro al pueblo norteamericano a fin de que aceptara y abrazara esas políticas destructivas. A pesar de que el comunismo era un desastre económico total, la Unión Soviética, mantenida gracias a la ayuda que los conspiradores le brindaban tras bastidores, jugó un papel cardinal como el monstruo agresivo creado artificialmente por los conspiradores para aterrorizar al mundo y mantenerlo bajo su control.      Pocas semanas después de haber tomado el poder en Cuba en enero de 1959, Fidel Castro viajó a Buenos Aires, donde asistió a una sesión de la Asamblea Económica de los Países de América Latina. El 2 de mayo Castro pronunció un largo discurso en el que expuso “su” idea de la necesidad de crear un mercado común latinoamericano y de que los EE.UU. debían ayudar económicamente a los países de América Latina. Los delegados recibieron la sugerencia con risas y burlas.       

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TERCERA PARTE: 
EL BOGOTAZO 
Lo hicieron los comunistas. 
Gen. G. Marshall      
 SEGUNDA SECCION
En la entrevista, Spiritto “confiesa que había organizado el asesinato de Gaitán, con funcionarios de la embajada estadounidense en Bogotá, utilizando a Roa Sierra como asesino físico.” Según lo que la propia Gloria Gaitán declaró posteriormente en una entrevista, En un viaje a Cuba, en los años de 1961 o 1962, el Comandante Piñeiro, a quien todo el mundo llamaba Barba Roja, m e invitó a ver una filmación de una declaración de un agente de la CI A que afirmaba haber sido parte del complot para asesinar a mi padre, Jorge Eliécer Gaitán. En la versión original, sin editar, que fue la que yo vi, el agente entra ba e pormenores sobre la primera et apa adelantada por Tomás Elliot para intentar el soborno de mi padre a fin de que abandonara la política. Sufrí un ataque de taquicardia que obligó a la suspensión temporal de la proyección, ya que el agente de la CIA re lataba un hecho que yo había conocido directamente de boca de mi padre. En efecto, en el año 47, papá llegó u n día a almorzar a la casa y le contó a mamá, en presencia mía, que le hab ían ofrecido ejercer la cátedra de derecho penal en la Sorbona en París o en la Universidad de Roma, garantizándole la propiedad en uno de los barrios más lujosos de esas ciudades, de un espléndido apartamento. Le darían igualmente una inmensa finca en la Sabana de Bogotá y otra en los Llanos Orientales, y le otorgarían la financiación necesaria para que sus hijos pudieran, por el resto de sus vidas, estudiar en los c olegio s o universidades que quisieran en Europa. Esta última parte fue la que no permitió que yo olvidara el asunto, pues me empeciné en insistirle a mi papá que abandonara la política para poder irme a estudiar al Viej o Continente. Mamá, a veces, me decía que era una lástima que mi papá no se hubiera dejado tentar, pues así habría salvado su vida. El impacto que recibí fue tremendo, cuando comencé a oír de labios de ese hombre la descripción de todas y cada uno de las propuestas de soborno que yo ya conocí a. El agente, en lu gar de hablar de los Llanos, se refería a “la pampa colombiana”, pero el res to era idéntico, con las mismas palabras, como lo había relatado mi p adre. Le pedí a Piñeiro una copia y quedamos en que me la entregaría antes de mi regreso a C olombia.      Como expresó en su entrevista, Gloria le pidió a Piñeiro que le diera una copia del film, pero luego, lo más probable después de haber consultado con Castro, Piñeiro se negó a dársela, alegando que podría acarrearles problemas políticos con el gobierno colombiano.      Por su parte, el periodista Arturo Alape menciona que, cuando se encontraba en Cuba en 1982 investigando para su libro sobre el Bogotazo, Gabriel García Márquez le mencionó la existencia del documental, al que ahora habían titulado Operación Triángulo. En 1983 Alape visitó de nuevo La Habana, y se las arregló para que le mostraran el documental. Aunque los cubanos se negaron a suministrarle una copia, Alape asegura que logró secretamente hacer una copia del audio, la que luego transcribió. Alape le facilitó una copia de la transcripción a Gloria Gaitán, y ésta la donó a los archivos del Centro de Documentación de la Casa Gaitán en Bogotá.      Pero, por ese tiempo, la producción del documental había confrontado algunos problemas inesperados. Al parecer, los oficiales de la inteligencia cubana a cargo de la realización del documental, que como todos los oficiales de inteligencia del mundo han sido entrenados para detectar inconsistencias y anomalías, habían notado que Castro se mencionaba una y otra vez en el documental, la mayor parte de las veces haciendo cosas difíciles de explicar. Por tanto, sabiendo como son las cosas en la Cuba de Castro, decidieron que, para evitarse problemas, lo mejor era no continuar con la producción del documental.      Según Cajaraville, los oficiales de inteligencia que trabajaban en la producción del documental temían que éste no fuera del agrado de Castro —algo que en Cuba ha resultado ser extremadamente dañino para la salud. De modo que el documental fue declarado secreto por razones de seguridad nacional y engavetado permanentemente.      Varios años después, mientras se hallaba de visita en La Habana, Alape fue invitado por un oficial de la inteligencia cubana a visitar a Spiritto en su apartamento del Vedado.      Durante la visita, Spiritto renegó de la información que había ofrecido en la entrevista del documental, alegando que simplemente había mentido para lograr salir de la prisión. Esta fue la excusa que luego ofreció Alape cuando alguien lo criticó por no haber incluido la confesión de Spiritto en su libro El Bogotazo: Memorias del olvido.      Cuenta Alape que cuando estaba terminando su libro, “García Márquez me dijo personalmente que el documento de Spiritto no era confiable para las autoridades cubanas, que por esa razón me prevenía sobre su publicación.”      Según Alape, esa fue la razón por la que “teniendo a mano la transcripción de semejante documento”, la entrevista de Spiritto nunca se publicó. Pero lo que Alape no explica es por qué publicó en su totalidad la entrevista que le hizo a Fidel Castro, la cual, como he mostrado más arriba, es totalmente desinformativa y falsa.      Más aún, la explicación de Alape no concuerda con los hechos, porque él sabía perfectamente que Gloria Gaitán, basándose en la información confidencial de la oferta que el agente de la CIA le había hecho a su padre, había llegado a la conclusión de que lo que había declarado Spiritto era cierto. Por consiguiente, se impone una explicación más plausible que se ajuste más a la realidad de los hechos.      Lo mas probable es que Alape, quien pertenece a la legión de periodistas e intelectuales latinoamericanos que admiran a Castro porque creen que se ha opuesto diametralmente al imperialismo yankee, no haya querido lastimar los sentimientos de su admirado tirano. Además, su libro fue publicado por la Casa de la Américas, una institución controlada por los servicios de inteligencia castristas, y no haber seguido el consejo (¿o la amenaza velada?) de García Márquez habría significado que no le hubieran publicado su libro.      Por tanto, hay que llegar a la conclusión de que Alape, dando muestras de un oportunismo de la peor especie, no incluyó la entrevista de Spiritto en su libro por pura conveniencia política. Al hacerlo, cometió no sólo un acto de deshonestidad intelectual imperdonable, sino que, al ocultar un documento clave en esta historia, también traicionó la memoria de Gaitán y de los millares de colombianos que perdieron sus vidas en el Bogotazo y en la Violencia que le sucedió.      Debido a su deseo de servir como megáfono difusor de las falsedades de Fidel Castro, el libro de Arturo Alape El Bogotazo: Memorias del olvido, es uno de los libros que más daño le ha hecho al pueblo colombiano y a los pueblos de América Latina. Ese libro, que ha circulado ampliamente, ha contribuido como ningún otro a presentar a Fidel Castro como un héroe antiimperialista y no como lo que realmente es: un traidor al servicio de los peores intereses imperialistas de los magnates petroleros, los banqueros de Wall Street y los ejecutivos de las corporaciones transnacionales que controlan la política norteamericana.      En 1994, aprovechando la oportunidad de que Castro estaba de visita en Colombia, Gloria Gaitán se entrevistó con él, y le pidió que le diera un copia del documental. Pero, para su sorpresa, Castro negó rotundamente la existencia del documental, de la confesión y hasta de la existencia de Spiritto. Cuando Gloria le rebatió, diciéndole que tenia una copia de la banda sonora del documental, Castro se enojó y, según Gloria, tuvieron una discusión bastante acalorada.      Pero ése no fue el fin de esta enrevesada novela de espionaje de la vida real.Según Gloria Gaitán, en 1993 la contactó el Dr. Yesid Castaño y le informó que el Dr. Antonio Robayo, dueño de la cadena de restaurantes Kokorico, poseía cierta información que un amigo cercano, el agente de la CIA Thomas Elliot, le había dejado antes de morir de cáncer. Este es el mismo Thomas Elliot que Spiritto mencionó en su confesión como su jefe superior en la CIA que le había ordenado tratar de sobornar a Gaitán o, en su defecto, eliminarlo físicamente.      Castaño le aseguró a Gloria que la información, que contenía fotos de la vigilancia a que habían sometido a Gaitán, incluía toda la documentación sobre la preparación del asesinato de su padre. Castaño le aseguró a Gloria que el Dr. Robayo estaba dispuesto a facilitarle la documentación. Sin embargo, Gloria afirmó que le fue imposible localizar a Robayo, y que éste nunca respondió a sus llamadas.171 Desafortunadamente, poco después de que el Dr. Castaño contactó a Gloria, el Dr. Robayo fue asesinado en un atentado que le hicieron en el Club El Nogal.      Sin embargo, hay un hecho importante que no aparece en la mayor parte de la información que se ha publicado sobre Spiritto. Según otras fuentes, a comienzos del 1950, Spiritto comenzó a trabajar en ARTICHOKE, un proyecto super secreto de la CIA dedicado al estudio de métodos de control mental.      Después de conocer la participación activa de Spiritto en el asesinato de Gaitán, en el que usaron a Roa Sierra como candidato de la Manchuria, es lógico llegar a la conclusión de que su experiencia de primera mano haya sido lo que influyó en sus superiores para ponerlo a trabajar en el proyecto ARTICHOKE, un programa cuyo objetivo era precisamente la creación de asesinos psicológicamente programados.      Pero es aquí cuando las cosas se tornan aún más complicadas. En su autobiografía Vivir para contarla, el escritor colombiano Gabriel García Márquez afirma que fue testigo presencial del asesinato de Roa Sierra a manos de la turba enardecida. Según García Márquez,
Cincuenta años después, mi memoria sigue fija en la imagen del hombreque parecía instigar al gentío frente a la farmacia, y no lo he encontrado en ninguno de los incontables testimonio s que he leído sobre aquel día. Lo había visto muy de cerca, con un ves tido de gran clase, una piel de alabastro y un control milimétrico de sus actos. Tanto me l lamó la atención que s eguí pendiente de él hasta qu e lo recogieron en un automóvil demasiado nuevo tan pronto como se ll evaron el cadáver del asesino y desde entonces pareció borrado de la m emoria histórica. Incluso de la mía, hasta muchos años después, en mi s tiempos de period ista, cuando me asaltó la ocurrencia de que aquel hom bre había logrado que mataran a un falso asesino para protege r la identidad del verdadero.      La memoria no le falla a García Márquez, porque la viuda de Gaitán recuerda algo muy similar. Según Amparo Jaramillo de Gaitán, No fue el pueblo, no fue Juan Roa Sierra quien lo asesinó, sino un tipo que estaba divinamente vestido (sic) frente a la oficina. No fue Roa Sierra, y fue de un café del frente de l a oficina de donde llegaron los di sparos.      Esta versión de los hechos expresada repetidamente por la viuda de Gaitán, coincide también con el testimonio de Yesid Castaño. Gloria Gaitán, recogió el testimonio de Castaño y lo presentó en abril de 1998 en una rueda de prensa en el Instituto Colombiano de la Participación Jorge Eliécer Gaitán. Según Gloria Gaitán, Yesid Castaño le contó que el doctor Robayo había recibido de un agente de la CIA fotografías de la escena del crimen que mostraban al hombre elegantemente vestido mencionado por García Márquez y Amparo Jaramillo, el cual incitaba a gritos a los revoltosos para que lincharan al supuesto autor del asesinato. 11. El misterioso James Jesus Angleton      Hasta el presente nadie ha podido descubrir quién era el hombre misterioso, pero la sospecha de García Márquez y de la viuda de Gaitán de que el misterioso hombre elegante tomó parte en el asesinato tiene mucho sentido.      Azula Barrera expresó la sospecha de que el misterioso elegante era Enrique Ovares, presidente de la Federación de Estudiantes de la Escuela de Arquitectura y Secretario General de la Federación Estudiantil Universitaria. Ovares fue uno de los líderes legítimos de la Universidad de La Habana que viajó a Bogotá para contrarrestar la presencia de Fidel Castro, el cual se había apropiado ilegítimamente de la representación de la FEU. De hecho, fotos de Ovares tomadas en la época guardan cierta semejanza con la descripción que se ha ofrecido del individuo que enardeció a la turba con sus gritos para que mataran a Roa.      Sin embargo, el sólo hecho de que Ovares aparece retratado a la derecha de Castro en una de las más conocidas fotos del Bogotazo elimina esa posibilidad. García Márquez tiene que haber visto esa foto, e inmediatamente hubiese reconocido a Ovares, y el misterioso elegante habría dejado de ser un misterio. Por lo tanto, hay que descartar esa posibilidad.      Por mi parte, tengo la sospecha — y hasta el momento no pasa de ser eso: una sospecha, aunque basada en evidencia circunstancial, alguna de la cual hasta el momento no he podido corroborar directamente —, de que el misterioso individuo elegante que incitó a la turba a matar a Roa Sierra no fue otro que James Jesus Angleton, ex oficial de la OSS que había comenzado a trabajar para la CIA, y amigo personal de Allen Dulles — y, por lo tanto, hombre de confianza de los conspiradores del CFR. Pocos años después, Angleton fue nombrado jefe de contrainteligencia de la CIA.      Sin duda alguna, James Jesus Angleton es una de las personalidades de más colorido en el mundo de la inteligencia y el espionaje. Su vida y su carrera han sido narradas en varios libros y artículos, así como en una novela. Parafraseando la conocida descripción de la
política exterior soviética dada por Churchill, la vida de Angleton es el clásico misterio envuelto en un enigma. Richard Helms, uno de los altos ejecutivos de las CIA, lo llamó “un hombre extraño; muy extraño”.      Pero parece que, a pesar de tanto escrutinio por mentes brillantes, el agente secreto del CFR James Jesus Angleton se burló de todos. Detrás de su engañosa fachada de misterio, intelectualismo y patriotismo, Angleton no sólo fue un traidor, sino también un criminal común — uno más entre los muchos criminales profesionales que los conspiradores del CFR usaron una y otra vez para llevar a cabo sus planes secretos para implementar sus traicioneras políticas domésticas e internacionales.      Baso mi sospecha de que Angleton fue el misterioso elegante mencionado por García Márquez en varios elementos diferentes de información: En primer lugar, en 1947 Angleton físicamente se acercaba mucho a la descripción mencionada por varios testigos del individuo que incitó a los revoltosos a matar a Roa. También se ajusta a la descripción que hizo la secretaria de Gaitán del individuo no identificado que, en los días previos al asesinato, acompañó en dos ocasiones a Roa en sus visitas a la oficina de Gaitán. Según la secretaria de Gaitán, Roa estaba acompañado, Por otro hombre, tolerablemente bien vestido, de apariencia un tan to agresiva y ojos saltones. En esas ocasione s, fue éste último, no Juan Roa Sierra, el que habló en un intento por obtener una entrevista [con Gaitán].      La descripción del individuo misterioso ofrecida por la secretaria de Gaitán se acerca mucho a la descripción física de Angleton en ésa época brindada por uno de sus biógrafos. También se ajusta a la descripción del misterioso elegante ofrecida por García Márquez y la viuda de Gaitán.      En segundo lugar, porque es evidente que el hombre misterioso desempeñó un papel importante en esta operación ultra secreta, y Angleton era uno de los pocos hombres de confianza de Allen Dulles, quien a su vez era un agente de los Rockefellers. Durante la Segunda Guerra Mundial, Angleton fue uno de los principales oficiales de contrainteligencia de la OSS en Italia, y recibía órdenes directas de Allen Dulles. Una de las pocas fotografías de Angleton que se conocen,183 lo muestra llevando la urna con las cenizas de Dulles, un honor que sólo se le concedería a uno de los amigos más íntimos del fallecido.      Aunque la mayor parte de las biografías y artículos sobre Angleton lo describen como un héroe de la contrainteligencia norteamericana, lo cierto es que no era sino un vulgar criminal sin principios morales o éticos. Angleton tuvo un papel cardinal en el lavado de dinero de los Nazis, así como, en complicidad con el Vaticano, de crear una ruta de escape para las ratas que escaparan del buque Nazi que naufragaba.      En tercer lugar, porque su madre era mexicana, y aunque Angleton no dominaba totalmente el español, al menos lo hablaba flúidamente para hacerse pasar brevemente por un nativo del idioma. Angleton era hijo de un oficial de caballería norteamericano, James Hugh Angleton, que participó en la invasión de México con las tropas del general Pershing en un intento por capturar a Pancho Villa. En México, James Hugh se enamoró de Carmen Mercedes Moreno, una bella mexicana que conoció en el pueblo fronterizo de Nogales. Poco después contrajeron matrimonio y, dando prueba de su fe católica, le dio a su hijo el nombre de Jesus, pronunciado “Jesús” como en español.      En una entrevista que le concedió a Tom Mangold para su biografía de Angleton, Carmen le mencionó que, de pequeño, su hijo había estado muy atado a su abuela materna Mercedes, la cual no hablaba el idioma inglés. Esto evidencia que, desde temprana edad, Angleton tenía cierto dominio del idioma español.
     En cuarto lugar, porque existe un período de la vida de Angleton en el que no se sabe a ciencia cierta dónde estaba y, extrañamente, este período coincide con los sucesos del Bogotazo. Según su biografía, durante la Segunda Guerra Mundial Angleton, quien era oficial de la OSS en Europa, se mantuvo separado de su esposa Cicely y de su hijo recién nacido, al punto que ésta había comenzado a realizar los trámites para el divorcio. Pero en 1947, Angleton comenzó a escribirle de nuevo, regresó a los EE.UU. y reanudaron sus relaciones conyugales.    A comienzos del 1948, Angleton se mudó a Tucson, Arizona, para vivir con su esposa y su hijo. De enero a junio vivió con ellos en casa de los padres de su esposa. En julio, Angleton aceptó un puesto importante en la CIA, como ayudante principal del director de la Oficina de Operaciones Especiales, y Angleton y su familia se mudaron para Washington, D.C.      Sin embargo, la única fuente de esa información es su esposa, Cicely Angleton, en una entrevista que le concedió a Jeff Goldberg el 3 de marzo de 1989.      Pero hay algo que no encaja en esta versión de los hechos. El expediente personal de Angleton en la CIA indica que, aunque oficialmente comenzó a trabajar para la Agencia en 30 de diciembre de 1947, le fue concedido un permiso de siete meses con paga para que permaneciera con su esposa en Tucson antes de que asumiera su nuevo cargo en la CIA.      No obstante, existe evidencia de que durante el tiempo de permiso que en teoría la CIA le había concedido, Angleton estuvo a cargo de realizar tareas importantes para la Agencia.   Según ciertas fuentes, Angleton tuvo un papel importante en una operación encubierta de la CIA en Italia, cuyo objetivo era impedir que los comunistas ganaran las elecciones que tendrían lugar el 18 de abril de 1948.191      De modo que Angleton viajó secretamente a Italia para realizar un trabajo de contrainteligencia cuando en teoría tenía un permiso de la CIA para permanecer con su familia en Tucson. Por consiguiente, Angleton también tuvo el tiempo y la oportunidad de viajar secretamente a Colombia bajo una identidad y pasaporte falsos, llevar a cabo una misión mucho más secreta que la de Italia, el asesinato de Gaitán, y regresar a Italia o a Tucson sin que nadie lo echara de menos antes de mudarse para Washington D.C.      En quinto lugar, porque como oficial de la OSS que había participado activamente en la guerra, Angleton tenía el entrenamiento militar necesario para haber sido el asesino profesional que, usando un arma provista de silenciador, hizo los primeros disparos que causaron la muerte de Gaitán.      En sexto lugar, porque primero en la OSS y luego en la CIA, Angleton tuvo participación directa en dos proyectos secretos que estudiaban las técnicas de control mental: BLUEBIRD y ARTICHOKE.      Aún más, el asesinato de Gaitán no fue la única vez en que Angleton participó en una operación secreta para asesinar a un enemigo de los banqueros de Wall Street. También tuvo un papel importante en el asesinato el presidente norteamericano John F. Kennedy.       En 1964, pocas horas después de que Mary Pinchot fue asesinada cerca de su casa en Georgetown, Angleton forzó una ventana y se introdujo en su casa como un criminal común y robó su diario personal. Pinchot, una artista de 43 años de edad, era una de las amantes secretas de Kennedy, y los conspiradores del CFR temían que su diario podría contener alguna referencia incriminadora que los conectara con el asesinato. Por eso enviaron a una persona de su absoluta confianza para que destruyera la evidencia: James Jesus Angleton.      Como pago por su labor en beneficio de los banqueros de Wall Street, en 1954 el director de la CIA Allen Dulles había nombrado a Angleton jefe de la sección de contrainteligencia de la Agencia. Pero el jefe de contrainteligencia de la CIA era también un criminal de la peor especie, y por eso los conspiradores del CFR confiaban en él y lo continuaban usando en misiones delicadas y comprometedoras.
      Pero hay otro elemento mucho más importante que conecta, al menos indirectamente, a Angleton con el asesinato de Gaitán: Angleton tuvo un papel similar al que he descrito más arriba, en el asesinato de Kennedy.      Según fuentes bien informadas, desde mucho antes del asesinato de Kennedy, Angleton estaba en contacto con Lee Harvey Oswald, el presunto asesino del Presidente. Según estos investigadores, Angleton envió a Oswald a la Unión Soviética en una misión super secreta que consistía en demostrarle a los soviéticos lo fácil que era derribar un avión espía U-2.      Como miembro de las fuerzas armadas norteamericanas, Oswald había trabajado por algún tiempo en la Base Aérea Naval de Atsugi en Japón, usada por algunos de los aviones U-2s que volaban sobre la Unión Soviética. Posiblemente Oswald les explicó a los soviéticos que el U-2 no era sino un planeador sofisticado, con enormes alas de madera de balsa, y que sólo con explotar cohetes antiaéreos a 100 o 150 metros de distancia el avión sería derribado. Prueba de que ningún cohete detonó directamente contra el avión es que el piloto, Francis Gary Powers, no pereció y los restos del avión no mostraban señales de haber sido derribado por un explosivo.      Uno pudiera preguntarse, ¿Por qué los propios norteamericanos querían que sus enemigos derribaran uno de sus aviones? Simplemente porque, como he explicado más arriba, la Guerra Fría era una engañifa, y los conspiradores del CFR que controlan la política norteamericana necesitaban mantenerla caliente. Pero Nikita Jrushchov, con su nueva política de coexistencia pacífica, amenazaba enfriarla. A ese fin, el Primer Ministro soviético se estaba preparando para una reunión en París con el presidente norteamericano Dwight Eisenhower. Todo el mundo esperaba que la reunión resultaría en un enfriamiento de las tensiones entre los dos países.      Pero el derribo del U-2, y la admisión de Eisenhower de que su misión era espiar sobre la Unión Soviética, motivó que Jrushchov cancelara su participación en la reunión. Eso fue usado por la prensa controlada por los conspiradores para caldear los ánimos del crédulo publico norteamericano y como justificación para que se incrementaran los presupuestos de guerra, lo que resultó en beneficio directo del complejo militar-industrial norteamericano controlado por los banqueros de Wall Street.      Sin embargo, esa no fue la única misión que Angleton le encomendó a Oswald. Al parecer Lee Harvey Oswald fue la versión norteamericana de Juan Roa Sierra. Varios autores han aportado indicios de la participación de la CIA, y específicamente de Angleton, en el asesinato del presidente Kennedy. Algunas fuentes aseguran que Angleton se hallaba en Dallas, Texas, el día que ocurrió el asesinato.      Hoy día, la mayoría de los estudiosos que han investigado el asesinato del presidente norteamericano coinciden en que Oswald no fue sino un cabeza de turco, un chivo expiatorio que ni tan siquiera disparó su fusil en contra del presidente. Según algunos autores, al igual que Roa Sierra, Oswald era un candidato de la Manchuria, que había sido psíquicamente condicionado para creer que cometía el asesinato, mientras otros francotiradores expertos, situados en puntos estratégicos, hacían los disparos. Según el plan, una vez cometido el asesinato, otros agentes controlados asesinarían a Oswald, exactamente igual que sucedió con Roa Sierra. Pero parece que, en el último momento, Oswald logró salir de su estado hipnótico, se percató de la situación y trató de escapar.       Existen pruebas testimoniales de que, una vez que lo capturó la policía, Oswald afirmó varias veces que él no había disparado contra el presidente. Poco después Jack Ruby, un mafioso dueño de un bar de prostitutas en Dallas, logró acercarse a Oswald a pesar del cerco policíaco y le disparó a quemarropa. Al igual que en el caso de Roa Sierra, la muerte de Oswald silenció al presunto asesino.
     En conclusión, Angleton tuvo el motivo, la habilidad, los medios y la oportunidad para haber participado en la operación Bogotazo. Además, como todo criminal con experiencia, Angleton se creó una coartada, respaldada por un testigo respetable aunque no del todo imparcial: su esposa. Por supuesto, sólo una persona muy crédula puede pensar que algún día se hallará entre los documentos desclasificados de la CIA el memorándum en el que Dulles le ordenó a Angleton asesinar a Gaitán. Ese tipo de órdenes nunca se pone en blanco y negro, sino que, para evitar dejar rastros comprometedores, se da verbalmente, y algunas veces sólo se insinúa. A buen entendedor, pocas palabras.      Expresé por primera vez mi teoría de que Roa podría haber sido un candidato de la Manchuria en mi novela La madre de todas las conspiraciones, publicada en el 2005. Pero el hecho de que Roa puede haber sido un caso temprano de candidato de la Manchuria es tan obvio que otras personas ya han llegado independientemente a la misma conclusión.      Hace poco hallé en la Internet un largo artículo escrito por un investigador independiente australiano, Greg Parker, titulado “Bogota Ripples, Was Sierra a ‘false assassin’?”, en el que ofrece un excelente análisis del asesinato de Gaitán y llega a a una conclusión similar a la mía. Según Parker, [Roa] “Sierra fue el primer asesino de la CIA a quien le habían “lavado” el cerebro” —o sea, un candidato de la Manchuria — lo cual coincide con mi propia conclusión.      Otro investigador que ha llegado independientemente a una conclusión muy parecida es el investigador Allan Weberman. En un artículo publicado en la Internet el 16 de Febrero de 1999, Weberman afirma que el Bogotazo fue una operación temprana de la CIA. Por su parte, el periodista cubano en el exilio Andrés Rivero, también ha llegó a una conclusión similar. 12. El Bogotazo: el misterio subsiste      El Bogotazo es un suceso clave para entender cómo los conspiradores del CFR han usado la CIA para lograr sus objetivo final de convertir los EE.UU. en una dictadura totalitaria de tipo comunofascista. Esto explica los esfuerzos continuados de miembros clave del CFR, encaminados a enturbiar las aguas históricas así como sabotear los intentos de investigadores no-controlados de descubrir la verdad sobre los sucesos del Bogotazo.   Prueba de esto son los esfuerzos de la CIA por bloquear los intentos de Paul Wolf de obtener la desclasificación de ciertos documentos secretos de la CIA.      Wolf, un infatigable y minucioso investigador privado luego convertido en abogado exitoso, ha dedicado largas horas a investigar los sucesos del Bogotazo y el asesinato de Gaitán. Gracias a sus esfuerzos, ha logrado compilar lo que es sin duda el archivo más completo de documentos sobre esos hechos y los ha puesto desinteresadamente al servicio de otros investigadores.      No es de sorprenderse que Wolf haya llegado a la conclusión inevitable de que la CIA tiene que saber más de lo que admite sobre el asesinato de Gaitán.      En un esfuerzo por hallar pruebas que corroboren su hipótesis, Wolf se valió de una ley que establece que los documentos secretos del gobierno norteamericano deben desclasificarse y ponerse al alcance del público después de 25 años de haber sido escritos. Pero la CIA, en violación de la ley, ha bloqueado todos sus intentos.      Finalmente, después de agotados todos los esfuerzos persuasivos, Wolf dio un paso más y legalmente demandó que tales documentos fuesen hechos públicos. Pero esto fue tan sólo el comienzo de una larga batalla legal. Finalmente, el 12 de octubre del 2002, Wolf y su abogado comparecieron ante a un Juez de Distrito de los EE.UU. para exponer su caso. La CIA fue representada por uno de sus abogados.      En la vista del caso, el abogado de Wolf explicó que el Bogotazo había coincidido con la celebración de la Novena Conferencia de Estados Latinoamericanos, “la reunión que
introdujo la Guerra Fría. La Conferencia fue el primer intento de crear una alianza en relación con la Guerra Fría en el hemisferio occidental.” También mencionó el hecho inexplicable de que, a pesar de lo establecido por la Ley de Libertad de Información (Freedon of Information Act, FOIA), los documentos relacionados con el Bogotazo, escritos hace más de 60 años, aún se mantienen clasificados como secretos.      Por su parte, la abogada de la CIA justificó la falta de interés de la CIA en hacer públicos esos documentos, en caso de que existan — algo que la CIA ni confirma ni niega —, porque ello revelaría fuentes y métodos que podrían causar daño a la seguridad nacional de los Estados Unidos. Este argumento fue repetidos varias veces por la abogada de la CIA durante la vista del caso. Pero lo que la representante legal de la CIA alegó no tiene sentido.      Hoy en día, los métodos de inteligencia y espionaje usados por la CIA en 1948 han cambiado tan radicalmente que revelar los que la Agencia usaba en 1948 es totalmente irrelevante. Por tanto, si descartamos los métodos, el único motivo que pudiera alegarse sería que la CIA está protegiendo sus fuentes, es decir, sus agentes secretos que participaron en el Bogotazo.      Sin embargo, después de haber transcurrido más de 60 años de los sucesos del Bogotazo, es lógico pensar que la mayoría de los agentes secretos de la CIA que participaron en los sucesos han fallecido. Por tanto, ¿qué fuente o agente secreto que aún vive tuvo un papel tan importante en el Bogotazo que, si se revelara, perjudicaría no la seguridad nacional de los EE.UU. sino los intereses de los conspiradores del CFR?      En la actualidad, unas de las pocas personas que participaron activamente en el Bogotazo y que aún vive es Fidel Castro. Por consiguiente, hay que llegar a la conclusión de que la CIA, o quienes la controlan, no desean que se haga público nada existente en los archivos secretos de la CIA acerca de la participación de Castro en el Bogotazo y el asesinato de Gaitán.      En conclusión, todo indica que el asesinato de Gaitán y el Bogotazo fueron el resultado de una operación de guerra psicológica cuidadosamente planeada por los conspiradores del CFR y llevada a cabo por oficiales de inteligencia de la desaparecida OSS y de la recién creada CIA. Esto explica el hecho de que una gran mayoría de los participantes clave en la operación fuesen ex miembros de la OSS, miembros de la CIA y miembros del CFR.      Entre los que se han mencionado se hallan, General George C. Marshall (CFR), Secretario de Estado norteamericano, Jefe de la Delegación de los EE.UU. a la Novena Conferencia. General Matthew B. Ridgway (CFR), Asesor militar de la delegación norteamericana a la Novena Conferencia. Averell Harriman (CFR), Secretario de Comercio de los EE.UU. John McCloy (CFR), presidente del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, asistió a la Conferencia. William Wieland, protegido de Sumner Welles (CFR), probablemente perteneciente al servicio de inteligencia del Departamento de Estado, luego acusado de apoyar a Castro antes y después que éste tomó el poder en Cuba en 1959.      Roy Rubbotom, funcionario del Departamento de Estado, acusado de ser procastrista. William Pawley, amigo de Allen Dulles y conectado con la CIA. Según un testigo, Pawley estuvo presente en la reunión en casa de Mario Lazo.200 Willard Beaulac, Embajador de los EE.UU. en Colombia y ex embajador norteamericano en Cuba. Se sospecha que también asistió a la reunión en casa de Lazo. Norman Armour (CFR, OSS), Subsecretario de Estado norteamericano. Delegado norteamericano a la Novena Conferencia. Richard Salvatierra, oficial de la CIA. Asistió a la reunión en casa de Lazo. John Mepples Spiritto, Oficial de la CIA que luego trabajó en el proyecto.      ARTICHOKE. Trató de sobornar o asesinar a Gaitán. John C. Wiley (CFR, OSS), exembajador norteamericano en Colombia. Robert Lovett (Skull & Bones), Secretario de Estado norteamericano substituto, íntimamente ligado al CFR. Rafael del Pino Siero, ex
miembro de las fuerzas armadas norteamericanas con posibles nexos con la CIA. Asistió a la reunión secreta en casa de Lazo. Fidel Castro Ruz, también estuvo presente en la reunión en casa de Lazo, donde se sospecha que fue reclutado por la CIA y luego pasó a ser agente secreto de los Rockefellers.      Aparte de la información que he suministrado más arriba, las actividades durante el Bogotazo de un grupo tan numeroso de personas conectadas con los servicios de inteligencia norteamericanos y con el CFR indican que el Bogotazo no fue una explosión espontánea de violencia, sino una operación de bandera falsa; un elemento clave de una psiop de gran envergadura luego conocida como la Guerra Fría.      No obstante, no hay que olvidar que todas las actividades de inteligencia y espionaje, y especialmente las operaciones encubiertas, se llevan a cabo bajo las más estrictas reglas de compartimentación y necesidad de saber (need-to-know), lo cual, traducido a buen romance, significa que la mano izquierda no sabe lo que hace la mano derecha. Por consiguiente, hay que suponer que la mayoría de las personas mencionadas más arriba no sabían exactamente en qué consistía la totalidad de la operación en la que pensaran que estaban haciendo un trabajo patriótico, en defensa de los intereses del pueblo norteamericano.      Por ejemplo, Ramón Conte, que estaba en uno de los escalones más bajos de la cadena de mando durante el reclutamiento de Castro, mencionó que otro agente de la CIA le había dicho que los servicios de inteligencia norteamericanos habían recibido información de que durante la Novena Conferencia alguien iba a atentar contra la vida de un alto líder político. Según Conte, una de las tareas asignadas a Fidel Castro en Colombia en su trabajo para la CIA consistía en investigar si existía algún plan de atentado personal contra el Secretario de Estado norteamericano George Marshall. Por supuesto, que quienquiera que le haya dicho esto a Conte simplemente lo desinformó, de la misma forma que otros participantes en la operación posiblemente hayan recibido distintas versiones desinformativas respecto a la operación que habría de llevarse a cabo en Bogotá.      De modo que lo más probable haya sido que tan sólo Allen Dulles, Frank Wisner y James Angleton, y tal vez George Marshall, Averell Harriman y Robert Lovett, así como sus amos, Nelson y David Rockefeller, tuviesen una idea clara del verdadero propósito y la envergadura de la operación.      El Bogotazo fue la primera operación de guerra psicológica en gran escala llevada a cabo por la recién creada Agencia Central de Inteligencia siguiendo órdenes de sus verdaderos amos, los conspiradores del CFR. La CIA siempre ha sido un instrumento más de los conspiradores en su larga lucha contra el pueblo norteamericano y los pueblos del mundo para lograr su objetivo de crear un Nuevo Orden Mundial comuno fascista bajo su control total.      La metodología usada en la operación Bogotazo se ajustó a una variante del principio hegeliano de tesis-antítesis-síntesis. El Bogotazo fue la terrible antítesis que los conspiradores presentaron como una operación del nuevo enemigo, el comunismo soviético, y la usaron como amenaza para convencer a los pueblos norteamericano y latinoamericanos de que aceptaran como un mal menor lo que parecía ser una alternativa mala, pero más aceptable: la Guerra Fría.      El Bogotazo marcó el gran comienzo de la Guerra Fría en el hemisferio occidental. Unos pocos años más tarde Nelson Rockefeller, uno de los conspiradores principales del CFR, trataba desesperadamente de venderle a todo el mundo la idea de construir refugios nucleares en cada edificio y los escolares norteamericanos ensayaban cada día cómo refugiarse debajo de sus pupitres en caso de ataque nuclear. Para el pueblo norteameri
cano, los tiempos de vivir bajo el miedo constante de un sorpresivo ataque nuclear habían comenzado. 13. La CIA, los conspiradores del CFR y el Bogotazo      Poco después de los sucesos del Bogotazo, el agente secreto del Consejo de Relaciones Exteriores Allen Dulles fue comisionado para hacer un estudio de las causas por las que la CIA no había alertado a tiempo al gobierno norteamericano sobre la posibilidad de los disturbios. Dulles se valió del supuesto fracaso de la CIA en predecir los disturbios como pretexto para deshacerse del entonces Director de la CIA, Almirante Roscoe Hillenkoetter, el cual no era un agente del CFR, a quien culpó del fracaso.      Poco después, Hillenkoetter retornó a su puesto en la Marina de Guerra y Allen Dulles fue nombrado Director de la CIA. No obstante, contrariamente a lo que alegó Dulles, en realidad la Dirección de Inteligencia de la CIA sí había informado con anterioridad a las autoridades norteamericanas sobre la posibilidad de disturbios durante la Novena Conferencia, pero, tal como siempre sucede, el informe de la CIA fue ignorado totalmente.      En sus memorias, Willard Beaulac, embajador de los EE.UU. en Colombia, dio un mentís a las acusaciones de Dulles de que la CIA no había alertado sobre la posibilidad de disturbios, cuando menciona el hecho de que,  Informes confiables habían alertado ampliamente de que los comunistas planeaban hacer demostraciones en contra de la Conferencia y de que, si les era posible, causarían disturbios y hasta una guerra civil para obstaculizarla.      Contrariamente a lo que afirmó Dulles, varios informes detallados suministrados por la Dirección de Inteligencia de la CIA, en los que alertaba sobre la posibilidad de que los soviéticos instigaran disturbios en Colombia, fueron bloqueados en la embajada norteamericana y no se le hicieron llegar al Secretario Marshall.  Por ejemplo, un informe fechado en Colombia dos meses antes del Bogotazo, afirma que,  Enero 29. — El Sr. G., [probablemente Antonio García] un líder comunista colombiano a quien se le había encomendado la tarea de derrocar el gobierno (conservador) de [Ospina] Pérez , se h a jactado de que, en caso necesario, cuenta con aviones y artillería. Se asegura que este grupo ha almacenado armas y explosivos en 17 casas en Bogotá.      Tal vez el lector no entienda cómo es posible que la CIA, que planeó y llevó a cabo la operación Bogotazo, también informó al gobierno sobre la posibilidad de los disturbios. La confusión viene de que en realidad la CIA no es una organización homogénea, sino que consta de dos partes, una dedicada a la obtención y análisis de información y otra dedicada a operaciones encubiertas. En la primera trabajan norteamericanos honestos que creen que luchan por la defensa de su país. Esos fueron los analistas de la Dirección de Inteligencia que alertaron sobre la posibilidad de disturbios. En la otra trabajan agentes secretos del CFR que luchan por defender los intereses de los magnates petroleros y los banqueros de Wall Street.      Por tanto, hay que tener en cuenta que, como resultado de una simplificación común, cuando alguien dice “un informe de la CIA”, en realidad quiere decir “un informe escrito por alguien en la CIA”. Esto es importante si se tiene en cuenta que, tal como expliqué anteriormente, desde su creación, la CIA nunca ha sido una entidad homogénea. El único departamento de la CIA que les interesa a los conspiradores del CFR que la crearon, y que está totalmente bajo su control, es el que lleva a cabo las operaciones encubiertas.      Este departamento trabaja bajo las más estrictas reglas de compartimentación y necesidad de saber (need-to-know). Esto garantiza que ni el pueblo norteamericano, ni los
miembros del gobierno, ni siquiera los empleados de las otras ramas de la CIA, sepan las actividades encubiertas que estos oficiales de la CIA llevan a cabo.      Pero los oficiales de la CIA que alertaron sobre la posibilidad de disturbios, trabajaban en la rama de análisis de inteligencia y no eran parte de la operación Bogotazo, por tanto, ignoraban el papel de la CIA en la misma. Lo más probable es que el Bogotazo haya sido mayormente llevado a cabo por un grupo de ex oficiales de la OSS en la Oficina de Coordinación Política (Office of Policy Coordination, OPC) del Departamento de Estado, dirigida por el agente secreto del CFR Frank Wisner.      Después de realizar un estudio exhaustivo sobre las causas por las que los informes de la CIA que alertaban sobre la posibilidad de disturbios en Bogotá habían sido ignorados, un Subcomité de Seguridad Interna del Senado llegó a esta conclusión, El Almirante Hillenkoetter [Director de la CIA], acusó directament e al auxiliar del departa mento de est ado en Bogotá O.J. Libert, y al Embajador Willard L. Beaulac de no haber envía do los informes al Departamento de Estado en Washington. En particular, el Sr. Libert evitó que los informes se hicieran lleg ar a los oficiales de seguridad del Secretario Marshall porque, según él , la protección ofrecida por la policía de Bogotá era “adecuada”, y no de seaba “alarmar innecesariamente a los dele gados.”      Las actividades de Beaulac en bloquear los informes de la CIA que alertaban sobre la posibilidad de disturbios, así como su posible participación en la reunión secreta en la residencia de Mario Lazo, indican que probablemente el embajador tuvo una participación activa en la operación.      Más aun, todo indica que, como miembro activo del CFR, el Secretario de Estado Marshall también tuvo un papel importante y había sido informado con anterioridad sobre la operación. En su testimonio del 15 de abril de 1945 ante el Subcomité del Congreso que investigó el “fracaso” de la CIA en predecir los disturbios del Bogotazo, el Director de la CIA, Almirante Hillenkoetter, refutó a sus críticos cuando afirmó que, por el contrario, la CIA había informado a tiempo sobre la “posibilidad de una erupción de violencia” durante la Conferencia, así como que esa información había sido transmitida a ejecutivos del Departamento de Estado. Hillenkoetter también informó que ciertos empleados del Departamento de Estado habían bloqueado la transmisión de un informe clave de la CIA fechado el 23 de marzo, en el que se alertaba al Departamento de Estado sobre la posibilidad de disturbios durante la Conferencia.      Más aún, según un Informe de la Oficina de Investigación de Inteligencia del Departamento de Estado fechado el 14 de octubre de 1948, la teoría de que los comunistas colombianos estuvieron involucrados en los disturbios se basó en el hecho de que con mucha anterioridad ya habían planeado sabotear y desacreditar las actividades de la Conferencia, así como obstaculizar las actividades de los delegados asistentes, en particular los norteamericanos.      Como se evidencia, no sólo la rama de la CIA dedicada al análisis de inteligencia, sino también la sección de inteligencia del Departamento de Estado, alertaron con anterioridad sobre la posibilidad de disturbios en Bogotá durante la Novena Conferencia. Sin embargo, debido a la compartimentación y la necesidad de saber, características esenciales de todo servicio de inteligencia, los analistas de inteligencia ignoraban que la sección de actividades encubiertas de la CIA era la que había planeado y luego llevó a cabo el asesinato de Gaitán y los disturbios.      Una clave importante para entender las técnicas desinformativas usadas por la CIA en la operación Bogotazo es el hecho de que, aunque los agentes secretos del CFR en Bogotá evitaron que los informes de la CIA y el Departamento de Estado llegaran a sus
destinatarios, esos mismos agentes del CFR mantuvieron bien informada a la prensa Colombiana sobre el peligro de disturbios. Francisco Fandiño Silva, un conocido periodista colombiano, luego recordó que “La Embajada Americana me informó de que habían sido alertados de que se estaba tramando un atentado con una bomba en contra del General [Marshall].”      Como parte de ese mismo patrón desinformativo, Gaitán recibió el 24 de marzo un mensaje del Embajador Beaulac, informándole de que los comunistas planeaban interrumpir la Conferencia y que, si lo lograban, lo más probable era que le echaran la culpa al Partido Liberal de Gaitán.      Tan sólo unas pocas horas después de que estallaron los disturbios, el Secretario de Estado General Marshall, el Director de la CIA Almirante Hillenkoetter, el Embajador norteamericano Willard Beaulac, el Presidente de Colombia Dr. Mariano Ospina, el Secretario de la Presidencia Rafael Azula Barrera, así como otros testigos importantes, llegaron a la conclusión de que los disturbios eran el resultado de una operación comunista instigada por la Unión Soviética.      Sin embargo, al parecer intrigado por el primer “fracaso” de la rama de inteligencia de la CIA, uno de sus oficiales, Russell Jack Smith, telefoneó a uno de sus contactos personales en la oficina del Secretario Marshall en el Departamento de Estado y le preguntó, “¿Cómo fue que el Secretario [Marshall] obtuvo la información de que los disturbios eran parte de un complot comunista?” “Oh,” le respondió su contacto, “tan sólo miró por la ventana de su villa situada a seis o siete millas y dijo: ‘Lo hicieron los comunistas.’”      Unos pocos días después, el periódico Philadelphia Inquirer publicó un artículo titulado “Marshall acusa al comunismo internacional por la revuelta de Bogotá”, en el que se aportaban aún más datos fraudulentos para convencer al crédulo público norteamericano de que el asesinato de Gaitán y los disturbios habían sido llevados a cabo por los comunistas colombianos con el apoyo de la Unión Soviética.      En un esfuerzo por aterrorizar al pueblo norteamericano con el miedo al comunismo, el Secretario de Estado Marshall declaró a la prensa que los disturbios habían sido instigados por la Unión Soviética, y que no eran sino una extensión en el hemisferio occidental de las tácticas de subversión y violencia que los soviéticos estaban usando en Europa.      El día siguiente, Marshall prosiguió su tarea desinformadora, pero, sin saberlo, cometió un error que nos da una pista clara de quién realmente instigó los disturbios. Según Marshall, “los disturbios se ajustaban al mismo patrón establecido en los disturbios ocurridos en Francia e Italia.” Lo que Marshall convenientemente no dijo, fue que los disturbios de abril de 1948 en Italia también habían sido provocados por agentes de la inteligencia norteamericana bajo la dirección de Frank Wisner y la colaboración de James Jesus Angleton. Esto explica el por qué se ajustaban al mismo patrón de los disturbios del Bogotazo.      Dos días después, el 14 de abril, el New York Times publicó un editorial en el que se continuaba la campaña cuyo objetivo era aterrorizar a los norteamericanos con el miedo al comunismo. Según el NYT, En apoyo del resultado de las investiga ciones del gobierno colombiano, el secretario de estado Marshall y o tros delegados a la Conferencia Interamericana han acusado a la unión Soviética y su instrumento, el comunismo internacional, de instigar la revu elta que destruyó Bogotá e hizo descender una sombra sobre todo el hemisferio occidental. Basándose en información de primera mano y observ aciones personales, [Marshall y los delegados] ven detrás de los trágicos sucesos que interrumpieron las deliberaciones las mismas fuerzas que trat aron de provocar insurrecciones en Francia e Italia. Y eso hace a Bogotá, tal como
dijo el Sr. Marshall, no tan sólo un incidente Colombiano o la tinoamericano, sino un proble ma mundial, y una clara muestra de lo qu e Rusia es capaz de hacer en su guerra (que ya no es tan fría) en contra de las democracias.      Lo más curioso es que este furibundo “anticomunista” es el mismo George Marshall que en diciembre de 1945 viajó a China como enviado especial del presidente norteamericano para tratar de reconciliar al anticomunista Chiang Kai-Shek con el comunista Mao Tse-Tung. En esos momentos, todo indicaba que las tropas de Chiang serían vencedoras en su lucha contra los comunistas, pero Marshall logró que Chiang aceptara un cese al fuego. Como era de esperarse, los esfuerzos de reconciliación del agente del CFR George Marshall le garantizaron poco después la victoria a Mao y los comunistas.      Los esfuerzos de convencer al público norteamericano de que el Bogotazo había sido una operación comunista continuaron por muchos años.      Con el Bogotazo, la Guerra Fría, que resultó tan beneficiosa para los banqueros de Wall Street, los magnates petroleros, y el complejo militar-industrial, había pasado a ocupar un primer plano en la política exterior norteamericana. La derrota de la Alemania nazi marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial, pero también el hecho, bien ocultado primero por los medios masivos de difusión y luego por historiadores poco escrupulosos, de que los conspiradores habían perdido el enemigo que tanto trabajo y dinero les había costado crear. Por tanto, necesitaban hallar lo antes posible el nuevo enemigo que tanto necesitaban para llenar el vacío dejado por los nazis y así poder justificar sus agresivas políticas imperiales y su militarismo desmedido.      Es por eso que, mucho antes de que la guerra llegara a su fin, ya habían decidido adjudicarle ese papel a la Unión Soviética y al comunismo internacional.      Como resultado de las conversaciones secretas en la conferencia de Yalta en febrero de 1945, los conspiradores, a través de sus agentes secre tos Franklin D. Roosevelt (CFR) y su asesor Alger Hiss (CFR), llegaron a un acuerdo secreto con Stalin para que la Unión Soviética ocupara parte del este de Alemania, así como Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Bulgaria, Rumania, Yugoslavia y los países bálticos — lo que luego se conoció como el llamado “bloque soviético.” A ese fin, el presidente Roosevelt le ordenó al general Dwight Eisenhower (CFR), que detuviese el avance de las tropas norteamericanas hasta que el Ejército Rojo ocupara esos territorios. Esto garantizó que el nuevo enemigo que los conspiradores habían creado se viera como un imperio ávido de expandir sus fronteras por medios agresivos.      Pero también tenían que convencer al pueblo norteamericano de la existencia de una nueva amenaza procedente de lo que siempre han considerado su traspatio, y para eso llevaron a cabo la operación Bogotazo.      Desde comienzos de 1948 en que fue reclutado, los destinos de Fidel Castro y del Consejo de Relaciones Exteriores han estado íntimamente ligados. Tan sólo un somero análisis de las relaciones entre Fidel Castro y los Estados Unidos pone en evidencia que casi todo norteamericano que ha apoyado en una u otra forma a Castro, ha estado relacionado, directa o indirectamente, con el CFR y, a pesar de que los conspiradores se han esforzado en ocultar estas relaciones, alguna gente lo ha sospechado.      Posiblemente uno de los primeros que lo sospechó fue Earl E.T. Smith, quien fuera embajador norteamericano en Cuba cuando Castro luchaba su guerra de guerrillas contra Batista. Smith estaba totalmente convencido no sólo de que Castro era comunista, sino de que había logrado llegar al poder en Cuba en 1959 gracias a los esfuerzos de alguna gente importante en el Departamento de Estado norteamericano, en especial William Wieland y Roy Rubbotom. Estos dos oscuros personajes, en particular Wieland, fueron acusados
muchas veces de que ser procastristas debido a que eran comunistas encubiertos. Lo que al parecer ni el embajador Smith ni nadie sospechó, era que ambos Wieland and Rubbotom apoyaban a Castro no porque eran comunistas, sino porque eran agentes controlados por el CFR.      Por muchos años, el Departamento de Estado fue el foco de atención de muchos patriotas norteamericanos que veían cómo este departamento del gobierno caía en manos de individuos que consistentemente actuaban en detrimento de su país. Algunos de estos patriotas, como el Senador Joseph McCarthy, el Embajador Earl E.T. Smith,227 y el Director del FBI, J. Edgar Hoover, estaban firmemente convencidos de que el Departamento de Estado había sido infiltrado por una conspiración de comunistas que lo estaban usando para hacer avanzar su agenda secreta antinorteamericana.      McCarthy había descubierto que el Departamento de Estado estaba controlado por un grupo bastante extenso de individuos que trabajaban incansablemente tras bastidores para destruir su país y ayudar a sus enemigos. En un discurso que pronunció en Wheeling, West Virginia, el 9 de febrero de 1950, McCarthy mencionó que había compilado una lista de 205 empleados del Departamento de Estado que trabajaban arduamente en contra de los intereses del pueblo norteamericano.      Desafortunadamente, McCarthy había llegado a la conclusión errónea de que los agentes secretos del CFR que se habían infiltrado en el Departamento de Estado, necesariamente tenían que ser comunistas. Entre los agentes enemigos que se hallaban en la lista de McCarthy estaban los altos ejecutivos del Departamento de Estado Alger Hiss (CFR) y Owen Lattimore (CFR). Pero los traidores no se habían infiltrado tan sólo en el Departamento de Estado. La lista incluía a Harry Hopkins y Laughlin Currie, que trabajaban directamente para el presidente Roosevelt en la Casa Blanca, así como Harry Dexter White en el Departamento del Tesoro. La lista también incluía al General George Marshall, a quien McCarthy acusó de traición a los EE.UU.     Todos a una, el presidente Eisenhower (CFR), el secretario de estado Dean Acheson (CFR) y el conocido periodista Edward Morrow (CFR), aunaron sus fuerzas en su defensa de los acusados y en un ataque demoledor contra McCarthy. El resultado fue que, a pesar de que la mayoría de la gente que McCarthy acusó eventualmente se probó que eran traidores, su grave error le costó su carrera política y posiblemente hasta su vida.      No obstante, sería injusto culpar a McCarthy por su error. Tal como el profesor Carroll Quigley ha explicado, el modus operandi de los conspiradores del CFR se asemeja mucho a la forma en que actúan los comunistas. Quigley, uno de los académicos que estudió en detalle el CFR y la actividad de los conspiradores, descubrió que, Existe, y ha existido por una generación, una red anglófila internacional que opera en gran medida en la forma que la Derecha radical cre e que actúan los comunistas. De hecho, esta red no siente aversión por cooperar con los comunistas, o cualquier otro gru po, y frecuente mente lo hace.      Otro que cometió un error semejante al de McCarthy al identificar a los traidores fue Robert Welch. En su libro The Politician, Welch acusó a ambos el Presidente Dwight Eisenhower y a su hermano Milton de ser comunistas.      Sin embargo, en honor a la verdad, ninguno de estos individuos acusados por McCarthy y Welch eran comunistas en el estricto sentido de ser seguidores de las doctrinas marxistaleninistas y, por supuesto, no eran agentes secretos de la Unión Soviética. No obstante, en cierto modo eran en parte comunistas, pero tan sólo en el sentido de que eran agentes secretos del único y verdadero partido comuno fascista de los Estados Unidos: el Consejo de Relaciones Exteriores.
     Por otra parte, todo esfuerzo en hallar una conexión entre los conspiradores del CFR y una ideología política en particular es una pérdida de tiempo total. El hecho de que en cierto momento hayan apoyado y ayudado económicamente regímenes fascistas y comunistas tan sólo significa que lo han hecho para avanzar sus planes secretos de desindustrialización y reducción de la población como pasos previos para la implantación del Nuevo Orden Mundial.      En particular, dos personajes misteriosos que participaron activamente en la operación Bogotazo, William Wieland y Roy Rubboton, han encabezado la lista de los “comunistas” procastristas infiltrados en el Departamento de Estado norteamericano. Sin embargo, la verdad es que ninguno de ellos era comunista, sino agentes secretos al servicio de los conspiradores del CFR. No hay que olvidar que, desde fines del 1941, el Departamento de Estado había caído por completo bajo el control de los conspiradores. Por consiguiente, todo indica que los verdaderos promotores de Castro nunca estuvieron en el Kremlin sino en la Harold Pratt House en Manhattan, sede del CFR. 14. El Magnicida caribeño      Poco se ha hablado del verdadero papel que tuvo Fidel Castro en el asesinato de Gaitán, pero existe evidencia incontrovertible de que asesinar líderes políticos, en particular presidentes, siempre ha sido una de las más fuertes obsesiones de Fidel Castro.      Es posible, y su vida ulterior parece confirmarlo, que los preceptores jesuitas familiarizaran a su alumno predilecto con la Teología del padre L’Amy, en la que se expone el principio por el que la Orden concede a sus miembros el derecho a eliminar físicamente a sus adversarios. También es probable que, como alumno de los jesuitas en el Colegio de Belén en La Habana, el joven Fidel oyó de boca de sus preceptores de la Compañía el principio de la legitimidad del asesinato de los tiranos, así como de “cometer, sin pecado, actos considerados criminales por las masas ignorantes.”      Prueba de lo anterior es que, en su apasionada autodefensa durante el juicio por el ataque al cuartel Moncada en 1953, Castro mencionó la teoría del jesuita español Juan Mariana quien, en su libro De Rege et Regis Institutione, comenta que cuando un gobernante usurpa el poder, aún si ha sido elegido democráticamente, pero gobierna en forma tiránica, es lícito que un ciudadano ejerza el tiranicidio.      No obstante, a pesar de que algunos de los preceptores jesuitas de Castro aún profesan una gran admiración por su ex alumno, sería injusto culparlos totalmente por su conducta ulterior. Por alguna razón que ignoramos, asesinar jefes de Estado se convirtió en una de las muchas obsesiones de Fidel Castro, que comenzó a llevar a la práctica desde muy joven. El propio Hugh Thomas, uno de los más serios estudiosos del castrismo, se percató del aparente deseo de Castro de perpetuar “una tradición estudiantil de tiranicidio.”      La primera persona que Castro asesinó fue Leonel Gómez, su rival en las elecciones para presidente de la Facultad de Derecho, a quien le disparó por la espalda en 1947. En 1948, participó en el asesinato de Manolo Castro. Ese mismo año asesinó a Oscar Fernández Caral, sargento de la policía universitaria. En 1949 asesinó a Justo Fuentes y a Miguel Sáez, otros líderes estudiantiles.      Pero si Castro demostró ser hábil eliminando a sus enemigos, lo ha sido aún más deshaciéndose de sus amigos cuando dejan de serle útiles. Entre los que perdieron sus vidas debido a confiar demasiado en Fidel Castro están: Frank País, líder principal del Movimiento 26 de Julio; Comandante Camilo Cienfuegos, primera figura en importancia en el Ejército Rebelde; Rafael del Pino Siero, su amigo de juventud; Osvaldo Sánchez, líder del Partido Comunista tradicional; Comandante Manuel Piñeiro (Barbarroja), Jefe del Departamento América de los servicios de inteligencia; Comandante René Rodríguez,
Director del Instituto de Amistad con los Pueblos; Comandante Arnaldo Ochoa, héroe de la guerra en Angola; Coronel Antonio “Tony” de la Guardia, su hombre de confianza y asesino personal; Comandante José Abrahantes, ex Director de los servicios de inteligencia, y muchos más, incluyendo Che Guevara, que harían esta lista interminable.      Sin embargo, en lo que Fidel Castro más se ha destacado en su larga carrera criminal es en asesinar jefes de Estado. Desafortunadamente, el odio profundo que Castro siempre ha sentido por los jefes de Estado democráticamente electos se sobrepuso a cualquier sentimiento tiranicida que pudiera haber sentido.      En 1947, cuando tenía tan sólo 21 años, Castro se unió a un grupo de estudiantes universitarios que visitaban al Presidente Ramón Grau San Martín en el Palacio Presidencial. Grau era un político que había sido democráticamente electo por el voto popular. Durante la visita, el Presidente y los estudiantes se acercaron a uno de los grandes ventanales del segundo piso del Palacio. En ese momento Castro le sugirió a uno de ellos que asesinaran al Presidente, Tengo la fórmula para tomar el poder ahora mismo y deshacernos para siempre de este hijo de puta. Lo agarra mos y lo tiramos por el balcón. Cuando esté muerto, le hablaremos al pueblo por la radio y proclama remos el triunfo de la revolución estudiantil.      Es pertinente recordar que Grau era un prestigioso cirujano y profesor universitario. Además, era un político nacionalista que siempre se opuso al control norteamericano sobre la política y la soberanía de Cuba. Grau se había ganado el odio de los conspiradores del CFR cuando comenzó a luchar por que se eliminara la Enmienda Platt de la Constitución cubana. La Enmienda autorizaba a los EE.U. a intervenir militarmente en Cuba a su antojo.      En el verano de ese mismo año, Castro se unió a un grupo de aventureros que planeaban invadir la República Dominicana, asesinar al presidente Rafael L. Trujillo, y dar un golpe de estado para tomar el poder. Castro participó en el entrenamiento militar, que se llevó a cabo en Cayo Confites, un pequeño islote al norte de la provincia de Oriente. Pero las autoridades descubrieron el complot y arrestaron a la mayoría de los participantes. Castro logró escapar.      Testigos presenciales afirman que el 9 de abril de 1948, durante los disturbios del Bogotazo, poco después de a 4 de la tarde de ese día, vieron a Castro al frente de una turba que gritaba “A palacio”. Según los testigos Castro portaba un rifle y gritaba histéricamente que iban al palacio a matar al presidente colombiano Mariano Ospina Pérez.      En agosto de 1951, el ataúd que contenía los restos mortales del líder populista cubano Eduardo “Eddy” Chibás fue llevado a la Universidad de La Habana para que los estudiantes le rindieran homenaje. José Pardo Llada, a la sazón amigo de Castro, cuenta que Fidel se le acercó y le dijo, “Pepe, llevemos el muerto a Palacio y tomemos el poder. Tú serás el Presidente y yo el Jefe del Ejército.” El Presidente de Cuba en ese momento era Carlos Prío Socarrás, electo por el voto popular.      Pardo Llada no menciona si Castro le dijo cómo pensaba deshacerse del Presidente Prío, pero un incidente ocurrido anteriormente tal vez nos dé una idea de lo que Fidel tenía en mente. En 1949, mientras Castro hacía los preparativos para un viaje que pensaba hacer a los Estados Unidos, visitaba casi diariamente el apartamento de su amigo Max Lesnick, situado en la calle Morro, muy cerca del Palacio Presidencial. Lesnick le contó a Tad Szulck que un día, mientras miraba desde el balcón hacia el Palacio, Fidel tomó una escoba y, apuntándola como si fuese un rifle, le dijo a la abuela de Lesnick: “Mire, si Prío sale a la terraza del Palacio a echar un discurso, lo mato desde aquí con una sola bala de un rifle con mira telescópica.”
     En Marzo de 1953, Fidel Castro y un grupo de conspiradores se confabularon para asesinar al Presidente Fulgencio Batista. La oportunidad se les presentó cuando Batista decidió asistir a una reunión de veteranos de la Guerra de Independencia, que se celebraría en el mes de julio en Santiago de Cuba, en la provincia de Oriente. Castro y algunos de los conspiradores obtuvieron documentación falsa, uniformes del ejército y placas de auto oficiales, y viajaron a Santiago para hacerle un atentado a Batista. Pero al parecer Batista sospechó que algo andaba mal y canceló la visita. La policía tuvo sospechas de que Castro tramaba algo y lo detuvo. Pero poco después lo dejaron en libertad por falta de pruebas.      Existen rumores de que el ataque al Cuartel Moncada, que Castro y su grupo realizaron unos meses después, el 26 de julio de 1953, iba a coincidir con una visita que Batista iba a hacer al cuartel. Pero de nuevo Batista canceló la visita en el último momento. Puede que los rumores tengan algo de cierto, porque la estratagema que Castro y sus hombres usaron para que los guardias abrieran la puerta de entrada fue gritar: “¡Abran la puerta. Llegó el General [Batista]!”      La obsesión de Castro por asesinar presidentes no terminó cuando tomó el poder en Cuba en enero de 1959. El 26 de abril de ese año, poco después de su victoria, Castro infiltró en Panamá un grupo de cubanos y panameños residentes en Cuba. El objetivo de este grupo era asesinar al presidente Ernesto de la Guardia y encender la chispa de una revolución en ese país. Pero, pocas horas después de haber desembarcado, las fuerzas militares panameñas neutralizaron la fuerza invasora.      Castro negó su participación en la invasión. No obstante, el hecho nos da una idea de su verdadera filiación política. El gobierno panameño no era una dictadura y su presidente había sido democráticamente electo por voto popular, por lo que el ataque no tenía justificación ideológica alguna.      Poco después de la frustrada aventura panameña, otro grupo militar partió secretamente de Cuba el primero de junio de 1959 con destino a Costa Rica, desde donde pensaban infiltrarse en Nicaragua para ultimar al presidente/dictador Anastasio Somoza, enemigo jurado de Castro. La invasión fracasó y, por supuesto, Castro negó su participación en la misma, pero esta se ajusta al modus operandi de Castro en ese tipo de operación.      Menos de dos semanas más tarde, el 14 de unio de 1959, Castro envió un grupo similar a la República Dominicana, con la misión de asesinar al Presidente Rafael L. Trujillo. La animadversión de Castro hacia el dictador dominicano se remontaba a sus días en la Universidad de La Habana, cuando, en 1947, se unió a un grupo de cubanos que se entrenaba en Cayo Confites para invadir la República Dominicana y asesinar a Trujillo.      Ambas operaciones, en Nicaragua y la República Dominicana, fracasaron, y Castro se apresuró a negar que él personalmente las hubiese ordenado. Pero, dada su afinidad por tal tipo de acción, no es descabellado pensar que fue el propio Castro quien las ordenó.      Tan sólo un par de meses más tarde, a mediados de agosto de 1959, Castro envió una grupo militar a Haití. Su misión consistía en asesinar a François “Papa Doc” Duvalier, el dictador haitiano. El grupo se componía de 30 cubanos, había sido organizado por Che Guevara, y lo comandaba un argelino que había luchado en las fuerzas de Castro en la Sierra Maestra.      Pero, tal como había sucedido con las operaciones contra Panamá y República Dominicana, esta también resultó en un desastre, y la mayoría de los atacantes perecieron. Castro nunca respondió a las acusaciones del gobierno de Duvalier sobre su complicidad en la operación.      El 26 de julio de 1960, durante un discurso que pronunció con motivo de la celebración del ataque al cuartel Moncada, Castro declaró su compromiso de “liberar” el resto de América Latina.
     En 1962, Castro intentó asesinar al presidente democráticamente electo de Panamá, Roberto Chiari. Según un informe del FBI, fechado el 25 de octubre de 1962, Humberto Rodríguez Díaz, uno de los asesinos enviado por Castro, en complicidad con un ex embajador cubano en Panamá, trató de atentar contra la vida del Presidente panameño.      El próximo año, en la primavera de 1963, Castro envió varias toneladas de armas y municiones a un grupo revolucionario, para que asesinaran al presidente Rómulo Betancourt. La obsesión de Castro con asesinar a Betancourt, quien inicialmente lo apoyaba, ha sido ampliamente documentada.      Es altamente revelador el hecho de que los intentos de Castro de derrocar el gobierno de Venezuela no estaba dirigido contra un gobierno tiránico o antidemocrático. Por el contrario, estaban dirigidos a evitar el establecimiento de la democracia en Venezuela. El objetivo principal de los revolucionarios que Castro apoyaba era sabotear las elecciones presidenciales de 1963. El plan de Castro consistía en provocar a los militares venezolanos para que dieran un golpe de estado y, de esa forma, desacreditar el proceso democrático en Venezuela. Pero Betancourt y los reformistas democráticos estaban firmemente decididos a llevar a cabo las elecciones y, finalmente, Castro al parecer perdió interés en el proceso venezolano.      Ese mismo año, los periódicos colombianos publicaron reportajes informando que los aviones que habían transportado a un grupo de asesinos desde Cuba a la península de la Guajira, en Colombia, habían sido proporcionados por Fidel Castro. La misión de este grupo era asesinar al presidente León Valencia y derrocar su gobierno. Esta información fue corroborada el 17 de octubre de 1963 por el propio Presidente Valencia, en una nota que envió a todas las misiones diplomáticas en Bogotá en la que hacía a Castro responsable por la operación.      Unos pocos meses después, el 26 de febrero de 1964, un nuevo complot fue descubierto con motivo de una visita que Valencia pensaba hacer a Cali. El próximo año, Valencia señaló de nuevo a Castro como el instigador de ambos intentos de asesinato.      En julio de 1979, el dictador nicaragüense Anastasio Somoza fue derrocado por efectivos del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que contaba con el apoyo de Castro. Somoza logró escapar del país y se convirtió en un exiliado político en el Paraguay. Unos pocos meses después, Somoza y sus guardaespaldas fueron asesinados en una calle de Asunción por un grupo que usó ametralladoras y bazucas. Algunos miembros de la inteligencia castrista se jactaron públicamente de que el equipo de asesinos había sido entrenado en Cuba.      Según una fuente en el Departamento de Justicia norteamericano, por cierto tiempo la CIA y el FBI investigaron la posibilidad de que Castro estuviese planeando usar sus agentes residentes en los EE.UU. para tratar de asesinar en 1976 al Presidente Gerald Ford y a su opositor en las elecciones presidenciales, Ronald Reagan. Uno de sus informantes alertó a la oficina del FBI en San Francisco que miembros del grupo terrorista radical Emiliano Zapata, en coordinación con el agente castrista Andrés Gómez, planeaban asesinar a ambos líderes. No hay que olvidar que los conspiradores detestaban a Reagan, que no era miembro del CFR. Por eso luego trataron de asesinarlo cuando era presidente, para que el vicepresidente George H.W. Bush (CFR) ocupara la presidencia.      En el baboso documental Fidel, dirigido por Estela Bravo, una norteamericana muy allegada a los servicios de inteligencia castristas, Castro cuenta una anécdota sobre lo que sucedió cuando en 1963 hizo una visita a la Unión Soviética invitado por Nikita Jrushchov. El Premier soviético deseaba limar asperezas con Castro después de los sucesos de la crisis de los cohetes de 1962, en los que había llegado a un acuerdo con el Presidente Kennedy a espaldas de Castro.
     Según Castro, Jrushchov lo invitó a ir de cacería y, durante ésta, un animal saltó a pocos metros enfrente del Premier Soviético y Castro le disparó con su escopeta. Los proyectiles cruzaron peligrosamente cerca de la cara de Jrushchov. “¿Y sabe lo que me pasó por la mente en ese momento?”, le preguntó Castro en el documental a su interlocutora, “¿Qué pasa [ría] si en una cacería, en un accidente de estos, yo le doy un tiro a Jrushchov?”      El sólo hecho de que Castro haya recordado tan vívidamente el hecho, y que lo haya narrado con lujo de detalles, incluyendo lo que le pasó por la mente, indica que tiene una mentalidad patológicamente enrevesada. Pero, en realidad, lo que posiblemente le pasó por la mente fue asesinar a Nikita Jrushchov quien, según Castro, lo había traicionado y humillado durante la crisis de los cohetes. Todo indica que Jrushchov nunca se percató de lo cerca que estuvo de ser una víctima más en la larga lista de jefes de estado asesinados por el magnicida caribeño.      Aunque la mayoría de los intentos magnicidas iniciales de Castro fracasaron, sería erróneo pensar que tan sólo fueron elucubraciones producto de una afiebrada mente juvenil. Por el contrario, Fidel Castro ha tenido una larga experiencia en la profesión de asesino, tanto directa como indirectamente, y la evidencia indica que algunas veces ha tenido éxito en su empeño — no sólo en cometer el asesinato, sino en hacerlo impunemente.    La mayor prueba de su habilidad en ese campo probablemente sea el asesinato del presidente norteamericano John F. Kennedy. 15. Fidel Castro: ¿Asesino de Kennedy?       Poco después de asumir la presidencia en 1963, el presidente Lyndon Baynes Johnson le dijo a algunos amigos cercanos que tenía sospechas de que el asesino del presidente John F. Kennedy había sido “influido o dirigido” por Fidel Castro como venganza. Con el pasar del tiempo, lejos de disminuir, las sospechas de Johnson aumentaron. Unos pocos años después del asesinato de Kennedy, Johnson le confesó a su amigo Howard K. Smith, “Te voy a decir algo que te hará tambalear: Kennedy estaba tratando de asesinar a Castro, pero Castro lo asesinó a él primero.”      Parece que Robert Kennedy, el hermano del Presidente, albergaba sospechas similares. Cuando en enero de 1971 el periodista Jack Anderson reportó la historia de los planes de los hermanos Kennedy para asesinar a Fidel Castro, también reportó que Robert Kennedy había quedado devastado emocionalmente después de la muerte de su hermano. Robert creía que sus intentos de asesinar a Castro podrían haber provocado el asesinato de su hermano.       Pero el Presidente Johnson y Robert Kennedy no eran los únicos que albergaban sospechas sobre la participación de Castro en el asesinato del Presidente Kennedy. Otro que tenía las mismas sospechas era el juez del Tribunal Supremo Earl Warren. Warren le contó en privado a unos amigos que “uno de los principales sospechosos” en el asesinato de Kennedy era Fidel Castro.      También tenía las mismas sospechas el ex embajador norteamericano en México Thomas Mann. Según lo expresó, Castro es el tipo de persona que se v engaría de esta forma. El es el tipo de extremista que reacciona emocio nal en vez de intelectualmente, y sin preocuparse mucho por los riesgos. La historia de su vida lo demuestra.      El Senador Robert Morgan, miembro del Comité Senatorial de Inteligencia (también llamado “Church Committee”), fue aún más categórico. Según él, no sólo tenía sospechas,
sino que estaba totalmente convencido de que Castro había sido el asesino del Presidente Kennedy. Según afirmó Morgan, No me cabe la menor duda de que Fidel Castro, o alguien siguiendo sus órdenes, asesinó a John F. Kennedy como venganza por nuestros intentos de ase sinarlo a él.”      El Presidente Johnson y el resto de los que como él tenían sospechas del papel de Castro en el asesinato de Kennedy tal vez no estaban lejos de la verdad, porque Castro tenía sobradas razones para vengarse. El mismo día que Kennedy fue asesinado en Dallas, Desmond Fitzgerald, un alto oficial de inteligencia de la CIA y amigo personal del Fiscal General Robert Kennedy, sostuvo una entrevista secreta con Rolando Cubela para planear el asesinato de Fidel Castro.261 Pero mucha gente sospecha que Cubela actuaba como un doble agente, siguiendo órdenes del propio Castro.      Tal como sus colaboradores cercanos pueden atestiguar, Castro es una persona muy vengativa. Nunca perdona una ofensa, real o imaginaria, en particular cuando cree que alguien lo ha humillado. Y no cabe duda de que Castro se sintió muy humillado con el resultado de la crisis de los cohetes de 1962. Algunos testigos presenciales han narrado con lujo de detalles la perreta que cogió cuando le dieron la noticia de que Jrushchov y Kennedy habían resuelto la crisis a sus espaldas, ignorándolo por completo. Según contó Che Guevara, Castro pateó una pared con tal fuerza que el impacto desprendió un espejo que se rompió en mil pedazos.      Yo mismo fui testigo presencial de una de las explosiones de ira de Castro cuando, pocos días después de terminada la crisis, nos dijo a un grupo de estudiantes en la Universidad de La Habana que Nikita Jrushchov era “un maricón”, y John F. Kennedy era un “millonario comemierda” y un “hijo de puta”.      En honor a la verdad, Castro tenía razones suficientes para sentirse humillado. Theodor Sorensen señaló que algunas de las medidas que los asesores del Ex-Comm (Executive Committee of the National Security Council) le sugirieron a Kennedy que tomara durante la crisis, tales como los vuelos de reconocimiento a baja altura sobre Cuba, no sólo tenían por objetivo un mejor reconocimiento aéreo, sino también hostigar y humillar a Castro.      Los presidentes norteamericanos están rodeados en todo momento por un estrecho anillo de seguridad, formado por agentes altamente calificados del Servicio Secreto. Aunque un asesino solitario siempre tiene la ventaja de la iniciativa y la sorpresa, existe evidencia incontrovertible de que, poco antes del asesinato, los agentes del Servicio Secreto recibieron órdenes de retirar el anillo de seguridad que protegía a Kennedy. Pocos minutos después se llevó a cabo el asesinato.      Obviamente, ni la Mafia, ni los cubanos anticastristas de Miami, ni los sur vietnamitas, ni ninguno de los otros grupos que han sido mencionados como posibles culpables del asesinato, tenía la autoridad para ordenarle al Servicio Secreto que dejara sólo al presidente. Tan sólo unos pocos altos funcionarios del gobierno norteamericano tenían esa autoridad.      Lee Harvey Oswald, el presunto asesino, fue tan sólo un chivo expiatorio: un candidato de la Manchuria similar a Roa Sierra. Como en el caso de Roa Sierra, el plan era eliminarlo una vez que los verdaderos asesinos hubiesen asesinado a Kennedy. Pero todo indica que a última hora Oswald se olió que algo se tramaba y logró escapar. Una vez en custodia, otro agente de los conspiradores, Jack Ruby, asesinó a Oswald. Poco después Ruby fue a su vez asesinado.      Pero pocos saben que, poco antes del asesinato, Ruby había estado en Cuba en dos oportunidades. Según él, el motivo de su visita había sido para entrevistarse con Santo
Trafficante, su amigo de la Mafia que se encontraba preso en Cuba. Sin embargo, muchos sospechaban que en realidad Trafficante trabajaba para Castro.      No voy a adentrarme aquí en una explicación detallada, que sería demasiado larga, de los hechos que apuntan hacia Fidel Castro como partícipe en el asesinato de John F, Kennedy. Baste decir que ya hay autores que han señalado esa posibilidad y brindado pruebas irrefutables de esa participación. Véase, por ejemplo, el libro de Gus Russo Live by the Sword,264 el documental de Wilfried Huismann Rendezvous with Death, y mi propio libro The Secret Fidel Castro, en el que dedico todo un capítulo a ese tema. Pero, como verán más adelante, en mi caso he avanzado un paso más, y ahora estoy convencido de que tanto el asesinato de Kennedy, como el de Gaitán, el de Allende, y posiblemente el de Che Guevara, fueron operaciones conjuntas ejecutadas por Castro y la CIA siguiendo órdenes de los banqueros de Wall Street y los magnates petroleros aglutinados en el Consejo de Relaciones Exteriores. 16. Fidel Castro: ¿Asesino de Allende?      Cada día que pasa, la muerte del presidente constitucional de Chile, Salvador Allende, ocurrida el 11 de septiembre de 1973, recuerda más y más Rashomon, la famosa novela de Riunosuke Akutagawa, luego inmortalizada en el cine por Akira Kurosawa. Como en Rashomon, los supuestos testigos presenciales dan versiones diferentes y contradictorias de los hechos, las cuales son negadas a su vez por otros que alegan conocer la verdad.      La versión más difundida, expresada por Fidel Castro y adoptada inmediatamente y sin reservas por los colaboradores cercanos de Allende, es que el Presidente de Chile murió como un héroe luchando contra los golpistas. En un discurso que pronunció en la Plaza de la Revolución en La Habana el 28 de septiembre de 1973, Fidel Castro oficializó esta versión idealizada de los sucesos. Pero, como veremos a continuación, poco a poco han ido apareciendo versiones que difieren radicalmente de esa historia inicial de los hechos.      Por ejemplo, aún entre los colaboradores cercanos al Presidente que se hallaban en La Moneda en los momentos en que ocurrieron los hechos, las versiones son contradictorias. En su libro Las muertes de Allende, Hermes Benítez expone varias hipótesis sobre la forma en que murió Salvador Allende. Una de las más conocidas es la versión del doctor Patricio Guijón, según la cual Allende se suicidó con el propio fusil AK-47 que le había regalado Fidel Castro. Esta versión fue aceptada y difundida por los militares golpistas.      Sin embargo la única persona que atestiguó que Allende se había suicidado fue el propio doctor Guijón, quien formaba parte del equipo médico presidencial. El Dr. Guijón declaró que Allende se había suicidado porque cuando él bajaba del segundo piso de La Moneda, a poco de que los golpistas ocuparan el edificio, escuchó un disparo, volvió a subir las escaleras, y encontró a Allende en un charco de sangre.      Es bueno aclarar que Guijón no fue testigo presencial de la muerte de Allende, por tanto no lo vio suicidarse. Es más, hasta el momento, no existe ni un solo testigo presencial de este supuesto suicidio.      Por su parte, desde el comienzo, los izquierdistas chilenos no aceptaron la versión del suicidio. Según éstos, Allende murió heroicamente en el combate de La Moneda, disparando su fusil contra los asaltantes hasta el último momento. Esta fue la versión ofrecida por su hija Beatriz “Tati” Allende y por Fidel Castro.      Sin entrar en detalles, pues la mayor parte de esta información es del dominio público y está al alcance de todos en la Internet, hay varias versiones sobre cuántos disparos se escucharon. Por otra parte, algunos aseguran que, después de su muerte, el cadáver de Allende fue colocado en un diván, con el fusil entre las piernas. También se mencionan varios impactos de bala en el gobelino que tapizaba la pared detrás del diván.
     En un artículo titulado “El sacrificio de un ciudadano de América Latina”, Hugo Guzmán, uno de los escoltas, ofrece interesantes detalles sobre lo sucedido en los últimos momentos del asalto a La Moneda, Nosotros, como escoltas, no podemos dar fe de que Allende se auto eliminó. … Al lugar donde estaba el cuerpo de A llende, los primeros que entran son un reportero supuestamen te de El Me rcurio que, por lo que sabemos, era agente de la CIA. Fue el único que sacó todas las fotos. También entra el oficial Fernández Larios, de Inteligencia del Ejército, que ahora está en Estados Unidos como testigo protegido porque les ayudó para culpar al DINA del asesinato del canciller Orland o Letelier en Washington. Es un hombre de la CIA. Y entró el general Pedr o Espinoza, jefe de Inteligencia. En las dos únic as fotos que se han podido ver, aparece Allende con la camisa completamente limpia. El cuel lo de la camisa también aparece blanco, limpio, sin manchas. Una persona que se dispara en la cabeza, lo que sangra es mucho. Él tenía limpio el cuello y la camisa. Esa es una cosa que se contradice con la versión de la auto inmolación con el fusil AK.      Por cierto, hay informes de que los soldados, además de sacar las fotos, pusieron el cadáver en el piso, lo desnudaron, lo revisaron y luego volvieron a vestirlo con sus ropas. Aún más, otro de los escoltas de Allende, dice que las dos fotos testimonian aún más confusiones. En una, Allende aparece medio recostado con el fusil AK arriba de las piernas, y en la otra foto está sentado en el sillón, no recostado, y con el AK parado en el suelo, entre las piernas, con la culata apoyada en el suelo.      Lo anterior coincide con versiones publicadas en los años 1974 y 1975, que señalaban que Allende había combatido después de despedir a sus colaboradores, junto a integrantes de la escolta, hasta que una ráfaga lo derribó.      Dos escoltas lo habrían cargado hasta el sillón presidencial y ahí lo dejaron después de colocar el fusil sobre sus piernas. Esos podrían haber sido algunos de los miembros de la seguridad personal de Allende, heridos y asesinados posteriormente.      Por otra parte, la autopsia realizada a Allende dista mucho de ser definitiva. Todo indica que el informe de los médicos forenses se realizó bajo coacción. A Hortensia Bussi, la viuda de Allende, no le permitieron ver el cuerpo. Menos de 24 horas después de haber muerto, Allende ya había sido sepultado en un cementerio en Viña del Mar.      En un artículo publicado el 11 de septiembre del 2003, el autor narra como en Febrero de 1986 Hortensia Bussi le confesó que, Hasta el día de hoy yo no sé si en el féretro que me presentaron los militares estaba o no el cadáver de Allende. … Vi nada más que un lienzo blanco, debajo del cual se suponía que había un cuerpo, y un militar me agarró por la muñeca y me obligó a cerrar. Yo no sé, nunca supe, si ése era Allende.      Como si todo esto fuera poco, en el 2005, Juan Vivés, pseudónimo de Andrés Alfaya, un exoficial de la inteligencia castrista que vive exiliado en Francia, dio al mundo una nueva versión diametralmente distinta de los hechos. Según Vivés, el Presidente chileno no se suicidó ni murió en combate, sino que fue asesinado, siguiendo órdenes de Castro, por el general de las Tropas Especiales cubanas Patricio de la Guardia, quien en la práctica era el verdadero jefe de la seguridad personal de Allende.      Vivés afirma que esto lo oyó de boca de su tío, el ex presidente cubano Osvaldo Dorticós, quien a su vez lo había oído comentar a los más altos niveles del gobierno cubano. Aunque sorprendente, la afirmación de Vivés simplemente le añadió veracidad a un persistente rumor que ha circulado en Cuba por muchos años.
     Por otra parte, según otras fuentes en Chile, la historia de que Allende se suicidó con el fusil Kalashnikov que le había regalado Castro, simplemente no puede ser cierta. En primer lugar, porque el cuerpo de Allende presentaba cuatro heridas de bala: dos en el abdomen, una en el tórax, y otra en la cabeza, que penetró por un ojo y al salir le destruyó gran parte de la parte posterior del cráneo. Esto niega totalmente la posibilidad de un suicidio.      En segundo lugar, porque los proyectiles hallados en el cadáver de Allende eran de 9 mm., un calibre diferente al 7.62 mm. que usa el AK-47. Sin embargo, se sabe que Patricio de la Guardia usualmente portaba una subametralladora UZI, que dispara balas 9 mm.      Algunos de los presentes en La Moneda niegan que Patricio de la Guardia estuviese allí cuando murió el Presidente, pero otros aseguran que ambos hermanos de la Guardia, Tony y Patricio, estaban allí cuando murió Allende. De hecho, ha comenzado a rodar una especie de teoría conspiratoria en la que se alega que el resto de las fotos que tomó el fotógrafo se hicieron desaparecer porque en algunas de ellas aparecía Patricio de la Guardia.      En una entrevista realizada algo después, Vivés abundó sobre el tema. Según Vivés, varias semanas después del golpe, se hallaba en el bar Las Cañas, del Hotel Habana Libre (antiguo Havana Hilton), donde se encontró con Patricio de la Guardia y el jefe de la escolta de Fidel, conocido como “el Chino”. Durante la conversación, el Chino le preguntó a Patricio cómo se habían comportado los hombres de la escolta de Allende que él [el Chino] había entrenado. Vivés asegura que la respuesta de Patricio al referirse a Allende fue tajante: “Le metí un ramalazo y lo maté por pendejo. Abajo tuve que matar a un periodista que se apodaba 'el Perro'”.       Pero Vivés no es el único que afirma que Patricio de la Guardia fue quien ultimó a Allende. Dariel Alarcón Ramírez (“Benigno”), uno de los tres sobrevivientes de la guerrilla del Che Guevara en Bolivia, ahora en el exilio en Francia, ha confirmado lo dicho por Vivés. Según Alarcón, él también estaba presente cuando en otra ocasión, a su regreso de Chile, Patricio de la Guardia le confesó a un grupo de amigos que él había matado a Allende.      No obstante, la versión de los hechos contada por Vivés y confirmada por Alarcón no es nueva. Un cable de la AFP fechado el 12 de septiembre de 1973, el día siguiente a los hechos, había informado que, Según fuentes de la derecha chilena, el presidente Allende fue matado por su guardia personal en momentos en que pedía cinco minutos de cese al fuego para rendirse a los militares quienes estaban a punto de entrar al palacio de La Moneda.      Por otra parte, lo único que explica que Castro no haya fusilado a Patricio de la Guardia cuando fusiló a su hermano gemelo Tony, es que Patricio posee información que, si se divulgara, sería altamente perjudicial para Castro.      Todo oficial de inteligencia descubre, tarde o temprano, que trabaja para una organización corrupta, cuyo único fin es el beneficio material y la supervivencia de sus líderes. Cuando se dan cuenta de esto, los oficiales de inteligencia inteligentes se preparan para una traición proveniente de su propia organización y ponen a buen recaudo documentos comprometedores que, en caso de emergencia, puedan usar en contra de sus empleadores. Estos son por lo general los oficiales de inteligencia que logran retirarse y mueren en su lecho. Muchos de los que no lo hacen sufren las consecuencias, algunos pagando con sus propias vidas. En este caso, Patricio demostró ser mucho más inteligente que su hermano Tony.      En todo crimen, lo primero que hace un investigador es comprobar si el supuesto autor del mismo tenía el motivo, la habilidad, los medios, y la oportunidad para cometerlo, así
como que era reincidente; es decir, si tiene la tendencia a cometer ese tipo de crimen en particular.      Un somero análisis de los hechos demuestra que Fidel Castro tenía el motivo. Son muchos los que afirman que el triunfo de Allende echaba por tierra la teoría castrista de la lucha armada como única vía para implementar el socialismo en un país de América Latina. Por consiguiente, Castro tenía motivos sobrados para descarrilar el proceso democrático en Chile y deshacerse de Allende. Además, y esto es muy importante, como veremos más adelante, Castro debe haberse sentido muy ofendido cuando, a sus ojos, Allende lo humilló.      Castro también tenía la habilidad, es decir, era diestro en asesinatos políticos. Desde que ingresó a la Universidad de La Habana, se sumó a los grupos gansteriles que por esa época pululaban. Allí Castro descubrió que existía una vía rápida de deshacerse de sus enemigos. También Castro poseía los medios. En los meses posteriores a la toma del poder por Allende, Castro había logrado infiltrar en Chile a miles de sus agentes, muchos de ellos miembros de sus fuerzas especiales. Algunos de estos agente terminaron engrosando las filas del GAP (Grupo de Amigos del Presidente), una especie de guardia personal para la protección de Allende. Por las valijas diplomáticas que enviaba a la embajada de Cuba en Santiago, Castro logró introducir ilegalmente al país cientos de armas y municiones de varios tipos.      Castro también tuvo la oportunidad para cometer el asesinato de Allende. Esta oportunidad se la proporcionó el propio golpe militar. El caos imperante en La Moneda en los momentos en que los atacantes se disponían al asalto final creó las condiciones propicias para cometer el asesinato de Allende y encubrirlo tras una falsa muerte en combate o un falso suicidio.      Los conspiradores de Wall Street siempre han buscado crear enemigos de los Estados Unidos que justifiquen la carrera armamentista de ese país, de la cual son ellos los únicos que se benefician, no el pueblo norteamericano. La tarea de Castro consistía en hacer de Allende otro enemigo más de los Estados Unidos — tal como hizo años después con el subagente Hugo Chávez. Pero el presidente chileno no era un gorila inculto como Chávez, sino una persona educada, inteligente, amante de las leyes de su país y, al parecer, tenía una idea bien diferente de la de Castro acerca del futuro de Chile.      A fines de 1971 Castro fue de visita a Chile por una semana invitado por Allende, pero prolongó su visita por casi tres. Según comentarios hechos a sus colaboradores cercanos, algunos expresados durante el vuelo de regreso a Cuba, durante la visita Castro llegó a la conclusión de que Allende no iba a ser un dócil instrumento para sus fines. Castro comentó una y otra vez su escepticismo ante la posibilidad de una vía pacífica al socialismo en Chile bajo el liderazgo de Allende.      Por otra parte, Allende también parece haber llegado a la conclusión de que la amistad con Fidel Castro no lo beneficiaba. Prueba de esto es su negativa a presentarse en el acto final de despedida a Castro en el Estadio Nacional y el hecho de que, contrariamente a lo que acostumbra el protocolo, no firmara una declaración conjunta con Castro al fin de su viaje.      Cuando Castro le comunicó a sus amos de Wall Street el fracaso de sus intentos de incitar a Allende a tomar la vía de la revolución violenta, éstos decidieron que había que deshacerse del presidente de Chile. Para ello se valieron de su departamento especializado en subversión y guerra psicológica, la CIA, y de dos de sus más valiosos agentes: Henry Kissinger y Fidel Castro.      La experiencia que obtuvo Kissinger con el asesinato de Allende le sirvió de mucho al planear el asesinato del Primer Ministro Aldo Moro en 1978. Por cierto, es probable que
algunos de los miembros de las Brigadas Rojas que asesinaron a Moro siguiendo órdenes de la CIA hayan sido entrenados en Cuba.      Varios asistentes de Kissinger han mencionado que a éste le preocupaba mucho más Allende en el poder en Chile que Castro en Cuba, porque, según Kissinger, “Allende era un ejemplo vivo de reforma social democrática en América Latina”, y porque el éxito de Allende dentro del proceso democrático podría “desencadenarse” con resultados como los de Europa, donde el Eurocomunismo, operando dentro de la democracia parlamentaria, lo preocupaba y también “lo asustaba”.       El derrocamiento de Allende fue el puntillazo final que desacreditó total y definitivamente la teoría de la “coexistencia pacífica” formulada por el primer ministro soviético Nikita Jrushchov. Poco después del derrocamiento de Allende, Boris Ponomarev, Jefe del Departamento Internacional del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), expresó en un informe sobre los sucesos de Chile, que el comunismo debía prepararse “para contestar con violencia revolucionaria la violencia reaccionaria de la burguesía.” Esta afirmación indicaba que el régimen de Leonid Brezhnev había abandonado la doctrina de Jrushchov de la transición pacífica al socialismo en el Tercer Mundo en favor de una política de estrategia militar agresiva — tal como querían Castro, Kissinger y sus amos del CFR.      Otro autor ha mencionado que, a resultas del golpe militar a Allende, “las tácticas soviéticas sufrieron grandes innovaciones” durante este período, tales como la declaración oficial de que los “frentes político-militares” modelados al estilo del M-26-7 de Castro, asumirían el papel de vanguardia revolucionaria previamente adjudicado a los partidos comunistas tradicionales.      Se hace evidente que existía una coincidencia entre los objetivos de Kissinger y los Castro — ambos agentes clave de los conspiradores del CFR — en mantener la Guerra Fría lo más caliente posible.      En cuanto a Castro, no sólo cumplió la orden a cabalidad, sino que lo hizo con gusto. En primer lugar, por su odio irracional hacia todo jefe de Estado. En segundo lugar, por la humillación a que lo sometió Allende cuando se negó a asistir al acto en el estadio. No hay que olvidar que Castro es una persona que nunca perdona una humillación, real o imaginaria.      Fidel Castro tuvo un papel decisivo en minar el gobierno de Allende. En primer lugar, porque organizó, financió y armó al Movimiento de Izquierda Revolucionaria, MIR, un grupo izquierdista radical que trataba de implantar el socialismo en Chile por medio de actividades criminales violentas, tales como el terrorismo, asaltos a bancos y asesinatos. En segundo lugar, porque Castro también colaboró y dio armas y entrenamiento militar a los miembros de extrema izquierda del propio partido de Allende.      Al momento del golpe, había en Chile cerca de 13,000 extranjeros, la mayor parte de ellos cubanos, que habían entrado ilegalmente al país. Estos extranjeros estaban creando un ejército paralelo que pudiera oponerse a las fuerzas militares regulares chilenas. Muchos de estos cubanos lograron ocupar posiciones administrativas importantes en oficinas del Estado chileno.      La embajada cubana en Santiago había acreditado 42 diplomáticos, en contraste con sólo seis en la embajada de Chile en La Habana. Durante el año del golpe, 987 cubanos visitaron Chile en misiones diplomáticas o comerciales. Se sabe que muchos de ellos intervinieron en actividades políticas y económicas del gobierno chileno, particularmente las relacionadas con la presidencia de la República. La mayor parte de los instructores y líderes de los grupos paramilitares eran cubanos o habían sido entrenados en Cuba.      Más tarde, con su visita oficial a Chile de una semana que prolongó por 21 días, precisamente en el momento crítico en que el gobierno de la Unidad Popular enfrentaba una fuerte
oposición de la centroderecha, el huésped inoportuno e injerencista causó aún más problemas. Durante tres semanas, en un esfuerzo por causar el mayor daño posible al gobierno de Allende, Castro se paseó por Chile alabando en concentraciones las medidas radicales de su propio régimen, criticando la democracia parlamentaria, enseñando cómo se hace una revolución marxista, y ganándose la animadversión de los conservadores y los militares.      Al despedirse del pueblo chileno durante su discurso en un acto en el Estadio Nacional — al que Allende como muestra de su disgusto no asistió —, Castro declaró, en una evidente crítica a Allende, “Regreso a Cuba más revolucionario y extremista de lo que vine.”      En realidad Castro estaba haciendo lo que siempre ha hecho con gran éxito en favor de sus amos del CFR: actuar como agente provocador, impulsando a otros por caminos no deseados. Mientras expresaba en público su apoyo a Allende, tras bastidores manipulaba a militantes extremistas entrenados en Cuba para que presionaran a Allende desde la extrema izquierda.      El resultado inmediato del trabajo de Castro como agente provocador al servicio de los banqueros de Wall Street en estrecha coordinación con la CIA no se hizo esperar. El mismo día de su despedida, miles de mujeres de la oposición se lanzaron a la calle a protestar, batiendo con furia sus cacerolas como protesta por la creciente falta de suministros. Por su parte, algunos de los miembros del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), trataron de reprimir a las mujeres lanzándoles piedras. Castro había destruido en unas pocos día la precaria paz entre los grupos divergentes que tanto tiempo y trabajo le había costado a Allende lograr.      No conforme con haber hostigado y conspirado contra Allende en vida, Castro también trató de manipularlo para sus fines ocultos después de muerto. En un discurso que pronunció en La Habana el 28 de septiembre de 1973, Castro le contó al mundo la falsa historia de que Salvador Allende había caído en La Moneda combatiendo con el fusil que él mismo le había regalado.      Pero tal parece que el odio de Fidel Castro hacia los Allende no se limitó al Presidente. Poco tiempo después se dio a conocer que Beatriz “Tati” Allende se había suicidado en La Habana dándose un tiro con la pistola de su esposo, Luis Fernández de Oña, oficial de la Seguridad cubana. No pasó mucho tiempo antes de que Laura, la hermana de Allende, también se suicidara al lanzarse del piso 16 del apartamento donde vivía en la barriada del Vedado.      Un hecho que pone de manifiesto el lado malvado oculto de Fidel Castro es su conducta en relación con “Tati” Allende. Beatriz Allende ,“Tati”, era la colaboradora más próxima al presidente, y dirigía el equipo de la secretaría privada en el Palacio de La Moneda. A fin de usarla para sus fines, Fidel Castro designó al apuesto cubano Luis Fernández de Oña (alias “Demid”) para que se hiciera pasar por diplomático, la sedujera, y se casara con ella para controlarla y obtener información.      Después del golpe militar, Beatriz marchó al exilio en Cuba con su esposo. Pero, una vez allí, Fernández de Oña volvió con su primera esposa, y le explicó a Beatriz que nunca la había querido y que se había casado con ella siguiendo órdenes superiores. Como se puede apreciar, el tratamiento de Castro hacia la hija de Allende, que se inició mucho antes de las primeras diferencias entre Castro y Allende, no fue amistoso, sino traicionero y hostil. Sin embargo, esto no es sorprendente, sino que marca un estilo de comportamiento típico de Fidel Castro. Muchos que lo han conocido de cerca afirman que Castro no tiene amigos, y que usa a los que lo rodean como fichas en su juego secreto, y luego las descarta cuando le conviene sin siquiera un asomo de escrúpulos.
     Después de conocer el papel cardinal que jugó Fidel Castro en la desestabilización, el derrocamiento, y posiblemente en la eliminación física de Salvador Allende, sería un error pensar que sus motivos fueron tan sólo personales.      Es cierto que el modelo chileno del socialismo estaba en contradicción con el modelo castrista de la vía violenta. También es cierto que Allende humilló a Castro, y éste no perdona las humillaciones. Pero lo más probable es que Fidel Castro haya recibido las órdenes de eliminar a Allende de sus verdaderos amos: los banqueros de Wall Street que siempre han sido los verdaderos promotores secretos de la revolución violenta.      En realidad el derrocamiento y asesinato de Allende había sido dictado el 16 de septiembre de 1970, 12 días después que Allende ganó las elecciones y esperaba por la confirmación del Congreso chileno. La orden la mencionó el agente criminal internacional Henry Kissinger, portavoz de los banqueros, en una conferencia de prensa que ofreció en Chicago como asistente especial de la Casa Blanca en asuntos de seguridad nacional.   Según Kissinger, si Allende era confirmado, un régimen comunista surgiría en Chile, y pronto Argentina, Bolivia y Perú seguirían el ejemplo.      Por supuesto, que no hay que dejarse engañar con el lenguaje de Kissinger. La creación de un régimen “comunista” en Chile, y que el ejemplo cundiera en América Latina, era precisamente el sueño dorado de los banqueros y del complejo militar-industrial norteamericano, siempre en busca de enemigos.      Sin embargo, para sorpresa de los banqueros, y a pesar de los esfuerzos de su agente Fidel Castro, Allende se negó a implementar en Chile el régimen comunista con el que soñaban los conspiradores del CFR. Se sospecha que las operaciones desestabilizadoras de la CIA en Chile fueron autorizadas por el súper secreto “Comité de los 40”, que dirigía Kissinger en el Consejo de Seguridad Nacional. Es bueno recordar que el Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y la CIA fueron creados en 1947 por los banqueros para sus propios fines secretos. Al tener en sus manos el control de la CIA, del NSC, y del Departamento de Estado — del cual ya se habían apoderado desde hacía muchos años —, los banqueros lograron establecer un control casi total sobre el gobierno de los estados Unidos.      En una melosa carta que le escribió a Fidel Castro en el 2007,276 Gloria Gaitán le expresó su profundo amor al tirano asesino caribeño. En su obcecación, Gloria se ha esforzado en ignorar los múltiples indicios que apuntan hacia Castro como participante activo en el asesinato de su padre. Más aún, ha ignorado la posible participación de Fidel Castro en el asesinato de su amante, Salvador Allende.      Pero Gloria Gaitán no es un caso aislado. Paradójicamente, Fidel Castro siempre ha contado con el apoyo no sólo de los conspiradores imperialistas de Wall Street, sino también de los incautos antiimperialistas que se oponen al llamado “imperialismo norteamericano” — que no es sino el imperialismo de los magnates petroleros y los banqueros de Wall Street que controlan ese país. Esto explica en cierta manera el por qué estos “antiimperialistas” de pacotilla han perdido todas las batallas. Para ellos, el libro de Sun Tzu El Arte de la Guerra debía ser lectura obligatoria.      Según Sun Tzu, sólo quien conoce a su enemigo y se conoce a sí mismo ganará todas las batallas. Desafortunadamente, la mayoría de quienes luchan contra el “imperialismo norteamericano” desconocen quién es su verdadero enemigo y quiénes son sus agentes secretos.