¿ES FRANCISCO PEDRO ROMANO?
Después de la renuncia del antipapa Benedicto XVI , una serie de interrogantes se han abierto sobre su sucesor.
La obscuridad sigue echando sombras sobre el actual okupante de la Sede.
La obscuridad sigue echando sombras sobre el actual okupante de la Sede.
Ésta es la conclusión del magnífico estudio que nos envía Fernando
Roqué. Él hace un análisis perfectamente verosímil de la comúnmente
aceptada conclusión de la célebre profecía de San Malaquías- sin aceptar
con certeza su carácter profético sobrenatural- y llega a resultados
verdaderamente sorprendentes que ofrecemos a los lectores para su
discusión.
Es de notar la utilización que hace del post de este blog La Áurea Proporción para contraponer el papa del lema “De fide Petri” que fue Paulo IV -autor de la Bula “Cum ex Apostolatus” fustigador de los últimos papas, que son el contrapunto de aquella Fe en Cristo necesaria para la validez del cargo papal, por su fe meramente teándrica y Noáquida, como es la que brilla en los papas desde Juan XXIII y particularmente en los dos últimos- con los papas que han arrebatado a Cristo su esposa inmaculada y a ésta la han echado fuera, sustituyéndola por otra sometida al “hijo de la esclava”.
De la profecía de San Malaquías hemos tratado ampliamente en este blog principalmente en el post El final de las Profecía de San Malaquías y en otros. También se han establecido importantes discusiones en muchos comentarios.
Es de notar la utilización que hace del post de este blog La Áurea Proporción para contraponer el papa del lema “De fide Petri” que fue Paulo IV -autor de la Bula “Cum ex Apostolatus” fustigador de los últimos papas, que son el contrapunto de aquella Fe en Cristo necesaria para la validez del cargo papal, por su fe meramente teándrica y Noáquida, como es la que brilla en los papas desde Juan XXIII y particularmente en los dos últimos- con los papas que han arrebatado a Cristo su esposa inmaculada y a ésta la han echado fuera, sustituyéndola por otra sometida al “hijo de la esclava”.
De la profecía de San Malaquías hemos tratado ampliamente en este blog principalmente en el post El final de las Profecía de San Malaquías y en otros. También se han establecido importantes discusiones en muchos comentarios.
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Dice Fernando Roqué:
El
“papa” que, usando su expresión, vino del “fin del mundo” y que ha sido
identificado -erróneamente- con el “papa” del fin de la profecía que
supuestamente anuncia el fin del mundo.
¿ES FRANCISCO ‘PETRUS ROMANUS’?
Allá por febrero del año pasado, con motivo de la repentina dimisión
de Benedicto XVI y la convocatoria de un cónclave para elegir su
sucesor, nuevamente volvió a ponerse en el tapete la famosa profecía de
San Malaquías referida a los papas. A este propósito aparecieron en los
medios de prensa y en distintos blogs algunos estudios en los que se
analizaban detalladamente los lemas últimos, coincidiendo en su mayoría
en que el renunciante correspondía al penúltimo de aquella lista, es
decir el lema Gloria olivae. Ahora bien, si éste era el penúltimo, su
sucesor no podía ser sino el último de la lista, es decir ‘Petrus Romanus’.
De manera que éste sería, de acuerdo pues a aquellos análisis, el lema
que corresponde al actual ocupante de la sede romana; en otras palabras,
Francisco sería Pedro el Romano, nada menos que el último papa de los
112 profetizados por el arzobispo de Armagh.
Valga aclarar que no hago distinción, en cuanto a la propiedad o identidad de los lemas en relación con sus portadores, entre papas y antipapas o pseudopapas, pues es bien sabido que San Malaquías incluye en su lista tanto a antipapas como a papas verdaderos.
También es preciso puntualizar, para evitar equívocos o malinterpretaciones, que mi comentario no presupone un juicio definitivo acerca de la autenticidad y la veracidad de esta profecía, cuestiones que permanecen abiertas, si bien por mi parte me inclino a favor de ellas.
Y yendo pues al lema 112, el último de la lista, decía que según el parecer de los que identifican a Benedicto XVI con Gloria olivae (111 de la lista) ocurre que no pueden sino pensar que Francisco se corresponda con el lema Petrus Romanus.
Ahora bien, si se consideran atentamente las circunstancias que acompañarán el reinado del último papa, de acuerdo a la descripción hecha en la ‘coletilla’ del lema, que aunque escueta no deja de ser clara, al presente no parece haber coincidencia alguna entre lema y sujeto. En efecto, lo que primero salta a la vista es que el pontificado de Petrus Romanus estará signado por la más feroz persecución (persecutio extrema, lo que se puede entender tanto en el sentido cronológico, por ser la última, como en cuanto a su sin igual intensidad), y estará por ello mismo constreñido a apacentar sus ovejas entre muchas tribulaciones (pascet oves in multis tribulationibus). En cambio, lo que vemos hoy con Francisco ‘papa’ no se parece en nada a tal descripción. Vemos pues cómo en lugar de persecución, la Iglesia parece vivir su mejor momento en relación con los poderes del mundo: es la hora de su aceptación por parte de éstos, lo que se traduce en ’triunfo’ y ‘gloria’ mundanos. El ‘papa’, por su parte, lejos de ‘apacentar’ a los fieles en medio de grandes tribulaciones, recibe los mayores elogios y halagos que jamás se habrían soñado para un papa, ¡y de parte precisamente de los más encarnizados enemigos de la Iglesia y del papado! Ahora, no se me oculta que quizás esto mismo pueda constituir el signo de la mayor persecución jamás sufrida por la verdadera Iglesia, la que padece desde su mismo seno, llevada a cabo por aquellos que “debiendo amarla, sin embargo no dudaron en tirar por tierra su excelencia”, como dice Santa Hildegarda; y que además tiene el sello de la perversa sustitución de lo verdadero por lo falso, propia del Príncipe de las Tinieblas. Pero he aquí que el jefe visible de esta persecución es justamente quien ante los ojos del mundo entero funge como papa. Pero frente a esto, tenemos que la persecución de que habla la profecía malaquiana, parece a todas luces no sólo interior sino también exterior, física, y sufrida por la Iglesia con su Pastor a la cabeza, qui pascet oves in multis tribulationibus…, y el papa descripto con el lema Petrus Romanus tiene todos los visos de ser un papa verdadero, posiblemente mártir o al menos confesor de la Fe.
Por lo demás, ningún otro signo o dato circunstancial, a saber, nombre personal, procedencia, escudo familiar, etc. -como ocurre con harta frecuencia en muchísimos lemas a lo largo de la profecía- permite vincular, sin recurrir a una interpretación muy forzada, a Bergoglio-Francisco con Pedro el Romano.
Valga aclarar que no hago distinción, en cuanto a la propiedad o identidad de los lemas en relación con sus portadores, entre papas y antipapas o pseudopapas, pues es bien sabido que San Malaquías incluye en su lista tanto a antipapas como a papas verdaderos.
También es preciso puntualizar, para evitar equívocos o malinterpretaciones, que mi comentario no presupone un juicio definitivo acerca de la autenticidad y la veracidad de esta profecía, cuestiones que permanecen abiertas, si bien por mi parte me inclino a favor de ellas.
Y yendo pues al lema 112, el último de la lista, decía que según el parecer de los que identifican a Benedicto XVI con Gloria olivae (111 de la lista) ocurre que no pueden sino pensar que Francisco se corresponda con el lema Petrus Romanus.
Ahora bien, si se consideran atentamente las circunstancias que acompañarán el reinado del último papa, de acuerdo a la descripción hecha en la ‘coletilla’ del lema, que aunque escueta no deja de ser clara, al presente no parece haber coincidencia alguna entre lema y sujeto. En efecto, lo que primero salta a la vista es que el pontificado de Petrus Romanus estará signado por la más feroz persecución (persecutio extrema, lo que se puede entender tanto en el sentido cronológico, por ser la última, como en cuanto a su sin igual intensidad), y estará por ello mismo constreñido a apacentar sus ovejas entre muchas tribulaciones (pascet oves in multis tribulationibus). En cambio, lo que vemos hoy con Francisco ‘papa’ no se parece en nada a tal descripción. Vemos pues cómo en lugar de persecución, la Iglesia parece vivir su mejor momento en relación con los poderes del mundo: es la hora de su aceptación por parte de éstos, lo que se traduce en ’triunfo’ y ‘gloria’ mundanos. El ‘papa’, por su parte, lejos de ‘apacentar’ a los fieles en medio de grandes tribulaciones, recibe los mayores elogios y halagos que jamás se habrían soñado para un papa, ¡y de parte precisamente de los más encarnizados enemigos de la Iglesia y del papado! Ahora, no se me oculta que quizás esto mismo pueda constituir el signo de la mayor persecución jamás sufrida por la verdadera Iglesia, la que padece desde su mismo seno, llevada a cabo por aquellos que “debiendo amarla, sin embargo no dudaron en tirar por tierra su excelencia”, como dice Santa Hildegarda; y que además tiene el sello de la perversa sustitución de lo verdadero por lo falso, propia del Príncipe de las Tinieblas. Pero he aquí que el jefe visible de esta persecución es justamente quien ante los ojos del mundo entero funge como papa. Pero frente a esto, tenemos que la persecución de que habla la profecía malaquiana, parece a todas luces no sólo interior sino también exterior, física, y sufrida por la Iglesia con su Pastor a la cabeza, qui pascet oves in multis tribulationibus…, y el papa descripto con el lema Petrus Romanus tiene todos los visos de ser un papa verdadero, posiblemente mártir o al menos confesor de la Fe.
Por lo demás, ningún otro signo o dato circunstancial, a saber, nombre personal, procedencia, escudo familiar, etc. -como ocurre con harta frecuencia en muchísimos lemas a lo largo de la profecía- permite vincular, sin recurrir a una interpretación muy forzada, a Bergoglio-Francisco con Pedro el Romano.
Los ” papas” judaizantes e impostores-
Tenemos entonces que si Francisco no es Petrus Romanus, ni es tampoco Gloria olivae,
lema que correspondía a Benedicto XVI, la profecía no habría designado
con lema alguno al actual sedicente papa romano, lo que redundaría en
desmedro de la veracidad y credibilidad de la misma profecía.
Como se advierte, estamos ante un enigma dentro del enigma constituido por la profecía en sí misma en su tramo final.
En mi parecer, la clave para resolver este enigma se encuentra en el lema Gloria olivae. En efecto, aventuro la hipótesis de que este lema no está referido a un solo individuo, como es el caso de todos los otros, sino a dos individuos estrechamente vinculados entre sí en la trama del plan para la destrucción de la Iglesia, y que se traduce visiblemente, entre otras cosas, en la circunstancia absolutamente inédita y anómala de dos ‘papas’ coexistiendo de alguna manera en Roma. Junto a esto, lo que es más decisivo para considerar este lema, Gloria olivae, como ‘encarnado’ por dos sujetos, está justamente en la constancia de su nítida semántica, pues a todas luces, lejos de apuntar a la ramita de olivo en el escudo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la cual Benedicto XVI fue prefecto, o alguna otra interpretación similar, paréceme que alude a un acontecimiento de carácter central, constituido por el reconocimiento y la confesión pública del monoteísmo hebraico y de la fe abráhmico-talmúdica, y esto en nombre de la Iglesia católica. De más está decir que esta profesión de fe judaica, implica la negación absoluta de la divinidad de Cristo y de su carácter mesiánico, como así también constituye la cancelación de la fe trinitaria y teándrica por parte de la Iglesia romana. Así pues, la primera rúbrica al ‘documento’ de dicha cancelación habría corrido, simbólicamente, por cuenta del ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; mientras que la segunda rúbrica y sello de confirmación del ‘documento‘, están a cargo del hoy fungente como ‘papa’ Francisco. De allí la notoria nitidez del lema en el sentido apuntado, esto es, como la máxima exaltación posible del pueblo judío como el verdadero detentador de las promesas hechas a Abraham, ya que su alianza con Yahwé no ha sido revocada, ni su esperanza mesiánica resulta vana, como lo han afirmado en repetidas ocasiones tanto Ratzinger como Bergoglio.
En mi parecer, la clave para resolver este enigma se encuentra en el lema Gloria olivae. En efecto, aventuro la hipótesis de que este lema no está referido a un solo individuo, como es el caso de todos los otros, sino a dos individuos estrechamente vinculados entre sí en la trama del plan para la destrucción de la Iglesia, y que se traduce visiblemente, entre otras cosas, en la circunstancia absolutamente inédita y anómala de dos ‘papas’ coexistiendo de alguna manera en Roma. Junto a esto, lo que es más decisivo para considerar este lema, Gloria olivae, como ‘encarnado’ por dos sujetos, está justamente en la constancia de su nítida semántica, pues a todas luces, lejos de apuntar a la ramita de olivo en el escudo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de la cual Benedicto XVI fue prefecto, o alguna otra interpretación similar, paréceme que alude a un acontecimiento de carácter central, constituido por el reconocimiento y la confesión pública del monoteísmo hebraico y de la fe abráhmico-talmúdica, y esto en nombre de la Iglesia católica. De más está decir que esta profesión de fe judaica, implica la negación absoluta de la divinidad de Cristo y de su carácter mesiánico, como así también constituye la cancelación de la fe trinitaria y teándrica por parte de la Iglesia romana. Así pues, la primera rúbrica al ‘documento’ de dicha cancelación habría corrido, simbólicamente, por cuenta del ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; mientras que la segunda rúbrica y sello de confirmación del ‘documento‘, están a cargo del hoy fungente como ‘papa’ Francisco. De allí la notoria nitidez del lema en el sentido apuntado, esto es, como la máxima exaltación posible del pueblo judío como el verdadero detentador de las promesas hechas a Abraham, ya que su alianza con Yahwé no ha sido revocada, ni su esperanza mesiánica resulta vana, como lo han afirmado en repetidas ocasiones tanto Ratzinger como Bergoglio.
Alguno podrá tal vez hacer una justa observación, como es que la judaización Iglesia
no es patrimonio exclusivo de estos dos personajes, sino que arranca
desde mucho antes. Esto es verdad, pues visiblemente al menos comienza
con Roncalli, el cual, entre otras cosas modificó la liturgia de Semana
Santa con el propósito deliberado de exonerar al pueblo judío de su
cargo de deicida, y favoreció en todo la redacción de textos conciliares
en el sentido del reconocimiento hacia aquellos que mataron a Ntro.
Señor; y se continuó con un Montini, el cual entre otras muchas acciones
eficaces para judaizar la Iglesia, portando el efod del Sumo sacerdote
judío daba a entender claramente su voluntad de abolir el sacerdocio
cristiano, para sustituirlo por el sacerdocio levítico –por mencionar
sólo esto; y luego el gran ‘amigo’ de los judíos, Wojtyla, el primer
papa en entrar en una Sinagoga, y el primero también en expresar la
continuidad y perennidad de la Antigua Alianza.
Claro está que todos estos pasos forman sin duda una unidad en el
sentido del plan de judaización de la Iglesia, pero la culminación del
mismo es llevada a cabo por los dos últimos, unidos por eso bajo el lema Gloria olivae.
La entrega al ‘papa’ Francisco de la Menorah por parte del primer ministro judío, Netanyahu,
en nombre de su pueblo, resume muy bien con la fuerza de lo simbólico,
la cabal comprensión que los líderes judíos tienen del giro de conversión hacia el judaísmo operado por Roma.
El
número de oro, áurea o divina proporción, fue ampliamente usado en el
arte y literatura de la antigüedad, y nos revela fascinantes secretos en
la profecía de San Malaquías.
Finalmente,
cabe hacer mención del hecho, nada casual por cierto sino por el
contrario harto providencial y elocuente, que el lema 69, De fide Petri,
corresponde nada menos que a Paulo IV, autor como se sabe de la Bula ‘Cum ex apostolados oficio’,
documento por el que aquél, verdadero Vicario de Cristo, atestigua y
proclama la Fe de Pedro, y proféticamente se adelanta en más de
cuatrocientos años a la apostaría hoy reinante, esclarece, dirime,
sanciona, en fin anatematiza por adelantado a todos los depredadores
impíos de la Viña, particularmente a los seis impostores que han ocupado
con engaño la Cátedra de Pedro. Con Paulo IV (De fide Petri) la espada
flamígera de la verdad se descarga contra los que, habiendo “entrado en
el secreto de Satanás”, han instalado la “abominatio desolacionis” en el seno de la Iglesia militante y visible.
