lunes, 7 de abril de 2014

Los húngaros respaldan su defensa de la vida, la familia y el Cristianismo


La Hungría de Viktor Orbán manda a la porra la teoría de las ‘cortinas de humo’

Lun 7·4·2014 · 7:56h 1

La rotunda victoria de Fidesz en las elecciones húngaras de ayer debería hacer reflexionar a los partidarios de la teoría economicista de las ‘cortinas de humo’ (entre ellos la actual dirección del PP). Una noticia publicada anoche por El País se refiere al reelegido presidente húngaro como un “populista de derechas”, enlazando esta expresión con una noticia del año pasado que titulaba con estas palabras de Orbán: “Europa no funciona sin valores cristianos”.
El País toma como ejemplo de las prioridades de los votantes húngaros el testimonio de una pedagoga, Iuliana Toth: “Espero que siga con sus reformas. La que más me ha gustado es la de la Constitución. Con ella Hungría regresa al cristianismo, a la familia, a los valores.” Mira tú por dónde, es la reforma que más puso a caldo la Unión Europea, porque esa nueva Constitución defiende el derecho a la vida desde la concepción, el matrimonio natural y las raíces cristianas del país, es decir, justamente los pilares de la civilización occidental que con más saña está intentando minar una izquierda europea -con el consentimiento e incluso el apoyo de buena parte de la derecha- anclada en los discursos utópicos y contraculturales del Mayo del 68 (me refiero a la revuelta parisina, no a la primavera de Praga contra el comunismo, claro).
La enviada especial de El País, Silvia Blanco, afirma en la citada noticia que “Orbán ha ganado estas elecciones con la dosis correcta de nacionalismo y populismo. Se ha limitado a presentarse como el garante de la independencia húngara frente a “los tecnócratas de Europa” y ha promocionado los descuentos en la factura energética para las familias.” Obsérvese que el diario de PRISA considera ‘populismo’ y ‘nacionalismo’ defender los intereses nacionales frente a una burocracia europea cada vez más entrometida, menos democrática y más apartada de los ciudadanos, un monstruo burocrático que está llevando a Europa por una peligrosa senda, como bien apuntaba Carlos López Díaz el pasado viernes: la Unión Europea se parece cada día más a la vieja Unión Soviética, basada en un sistema de planificación económica totalmente incapaz de autocorregirse”.
Pero atención a esta serie de objeciones que hace El País a la actuación de Orbán (desconozco hasta qué punto se atienen a la realidad, pues no me inspira ninguna confianza el análisis de un medio tan manipulador como el citado): “El Ejecutivo ha intentado extender su control sobre los medios de comunicación, el sistema electoral, las comunidades religiosas e, incluso, el sistema de justicia. Su estilo de gobierno tiene pocos límites. El año pasado, por ejemplo, recortó las atribuciones del Tribunal Constitucional y además decidió puentearlo.” De ser esto cierto, ¿qué diferencia hay entre esto que le atribuye el diario de PRISA a Viktor Orbán y lo que ha hecho el PSOE en España? Los socialistas españoles mandaron a hacer gárgaras la independencia judicial en los años 80, gobernando Felipe González (un proceso culminado por el PP, todo sea dicho). Un anónimo juez húngaro citado por El País se queja de que “las leyes cambian constantemente y eso crea confusión sobre cuál aplicar, sobre la interpretación correcta”. Esto, comparado con lo que pasa en España, suena a broma. El sistema electoral y las barreras para concurrir a las elecciones se han ido ajustando a los intereses de los grandes partidos (no sólo el PSOE, también el PP). En cuanto a las injerencias estatales en las comunidades religiosas (en fecha reciente el gobierno socialista andaluz incluso ha amenazado con expropiar una Catedral). Y en materia de medios de comunicación, ¿qué decir después de las sucesivas mordazas y presiones para destituir a directores de periódicos que hemos visto en España?
Pero lo más gracioso es que El País critica que la economía húngara está “estabilizada pero estancada”, y lo atribuye a las siguientes causas:
“Para recortar la factura del gas y la luz a las familias, el Gobierno ha obligado a las empresas a asumir la diferencia. Ha impuesto tasas especiales a los bancos y Para reducir el déficit y dejarlo por debajo del 3% que exige Bruselas, nacionalizó los fondos privados de pensiones. A Orbán le gusta decir cosas sensatas (“la carga de la crisis no puede recaer sobre las personas”), pero ha aplicado recortes en sanidad y educación, tienen el IVA al 27% y un subsidio de paro de solo tres meses. También ha aumentado algo el número de personas que trabajan, pero solo gracias a un programa de empleo público masivo con sueldos bajos que salen de los presupuestos, explica el economista Zoltán Pogátsa.”
Es decir, que atribuye a Orbán una actuación netamente socialista en materia económica, con el consiguiente deterioro de los servicios que ofrece el Estado. Lo irónico es que si esto mismo que critica El País sobre Hungría lo dijésemos sobre Andalucía, el diario de PRISA nos tacharía de derechistas y neoliberales. Contra lo que piensan los partidarios de la ya citada teoría de las ‘cortinas de humo’, a la izquierda aplicar políticas económicas socialistas le parece ‘populismo de derechas’ si a la vez uno rechaza el aborto, la adulteración del matrimonio y el laicismo. Y es que en el fondo esa izquierda sabe muy bien cuáles son sus prioridades ideológicas: erradicar las instituciones naturales de la sociedad -en especial la familia y la religión- y promover un relativismo moral que deje en suspenso hasta lo más sagrado -como el derecho a la vida- con un objetivo cada vez menos disimulado: que la sociedad esté cada vez más indefensa frente a los asaltos del poder político. Con los muchos reparos que se le puedan poner a la actuación de Viktor Orbán, al menos él está fortaleciendo esos diques naturales que permiten a la sociedad frenar los abusos estatales. ¿Será eso, realmente, lo que le molesta a la izquierda?