viernes, 24 de julio de 2020

LOS FLAUTISTAS DE HAMELIN

LOS FLAUTISTAS DE HAMELIN

LOS FLAUTISTAS DE HAMELIN
¿Quién no ha escuchado en su infancia la fábula del flautista de Hamelin? En el siglo XIII esta ciudad alemana estaba invadida por las ratas y era de tal magnitud la plaga que la vida en la ciudad era imposible; los esfuerzos de los ciudadanos de Hamelin para eliminarlas eran titánicos; sin embargo, todos sus intentos terminaban en fracaso. Hasta que un día apareció en la ciudad un flautista que prometió, contra una jugosa recompensa, aniquilarlas; una vez aceptado el trato, el músico empezó a tocar una extraña melodía con su flauta y las ratas lo siguieron hasta el rio donde se ahogaron.
 
Algo parecido pasa en Argentina, tenemos una inmensa cantidad de ratas, sabemos dónde están, que es lo que nos roban, de que nos despojan, pero cualquier método para eliminarlas ha fracasado porque acá son las ratas las que hacen las listas de donde se elige al flautista. En casi cuarenta años se han sucedido músicos de variado pelaje y sexo, pero todos con un denominador común: un gusto inmoderado por la mentira, la manifiesta ineptitud para gestionar todo aquello que sea la generación de riquezas como factor de crecimiento y la deshonestidad como condición sine qua non para manejar el erario público. Si a esto sumamos una falta de sentido común para las mínimas cosas que hacen a la vida diaria de una nación y un insolente apego por la “corrección política” el resultado de esto es el prontuario de nuestros flautistas.
Algo más debemos agregar sobre ellos: antes de empezar a tocar la flauta arrancan la serenata con una frase que, palabras más, palabras menos, siempre dice lo mismo: “estamos absolutamente decididos a librar una gran batalla contra la miseria y la pobreza de nuestra Nación”, el éxito de los conciertos sucesivos de los flautistas está dado por los índices del “progreso de la batalla”, cuarenta años atrás la pobreza nacional estaba en el 9,4% hoy podemos ubicarla sin temor a equivocarnos en un 50 % y subiendo.
Nunca los flautistas han venido solos, una multitud de comparsas y “plomos” los han acompañado y si quisiéramos graficar sus performances, una curva, abruptamente ascendente, graficaría su mediocridad. Viendo esto, ¿hemos llegado a punto donde peor no se puede estar?, de ninguna manera, esa curva de la mediocridad revelada entraña una curva descendente de la calidad de vida que el país de los flautistas puede ofrecer a sus ciudadanos, al menos a ese sufrido 38% que con su trabajo y sus impuestos sostiene a un malón de vagos y malentretenidos.
La fábula del Flautista no termina con él llevando a las ratas al río; como los ciudadanos de Hamelin tasaron por lo bajo el trabajo musical del flautista lo defaultearon. El músico juró venganza y el día de san Pedro y san Pablo volvió a la ciudad y haciendo sonar su flauta se llevó a todos los niños y jóvenes de Hamelin, a quienes sus padres no vieron nunca más.
Es probable que esto- el final de la fábula que nos contaron en nuestra niñez- sea lo único que tienen en común el flautista de Hamelin y los flautistas que supimos conseguir. Desalentados, nuestros hijos vuelven a ver a Ezeiza como la salida a otros lugares del mundo donde sus conocimientos y sus esfuerzos serán recompensados, y aunque eso entrañe una ruinosa pérdida del producto inteligente interno, a los flautistas esto lo tiene sin cuidado, siempre estarán los hijos de los Braian, Keivin y Yessicas, que ellos si quedarán acá viviendo, mientras les sea posible, de las limosnas que los flautistas les den para que aplaudan su música.
 
JOSE LUIS MILIA



Non nobis, Domine, non nobis. Sed Nomini tuo da gloriam.
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jose luis milia