domingo, 26 de julio de 2020

EL LIBERALISMO DE MORÁS






miércoles, 22 de julio de 2020

El Liberalismo de Morás (II de II) – Bruno Acosta



En la primera parte de este trabajo analizamos ciertas facetas del pensamiento de Nicolás Morás, uno de los libertarios de moda. Falsa concepción del Estado y de la naturaleza humana, por un lado; adhesión a la panfletaria “leyenda negra anti española”, por otro; finalmente, una contradictoria colaboración con regímenes como los de Alí Jamenei y de Nicolás Maduro Moros.
Si bien esos aspectos son importantes, y revelan la confusión y el desatino conceptual de Morás; creemos, no obstante, que lo que sigue es aún más grave. Estudiaremos dos elementos, aunque habría más por analizar: su falso concepto de la libertad y su explícita defensa de la contra natura –una constante en estos grupúsculos libertarios-

Un falso concepto de la libertad
Ex falso quodlibet sequitur

Tal y como enseña el Dr. Antonio Caponnetto en su libro “Metodología de Estudio y de Exposición Oral”, los escolásticos, fieles a su rigor intelectual, sostenían que ex falso quodlibet sequitur: de premisa falsa se sigue cualquier cosa. Es decir, una premisa falsa lleva necesariamente a una falsa conclusión.

Esto es precisamente lo que ocurre con el concepto de libertad que utilizan los liberales y el propio Morás. Es un concepto falso, erróneo; por lo cual, necesariamente, dará lugar a falsas conclusiones. Ellos, escribe León XIII, “imitando a Lucifer, del cual es aquella criminal expresión: no serviré, entienden por libertad lo que es una pura y absurda licencia […] Según ellos no hay en la vida práctica autoridad divina alguna a la que se haya de obedecer; cada ciudadano es ley de sí mismo. De aquí nace esa denominada moral independiente, que, apartando a la voluntad, bajo pretexto de libertad, de la observancia de los mandamientos divinos, concede al hombre una licencia ilimitada […] el juicio sobre la verdad y el bien queda exclusivamente en manos de la razón humana abandonada a sí sola, desaparece toda diferencia objetiva entre el bien y el mal; el vicio y la virtud no se distinguen ya en el orden de la realidad, sino solamente en el juicio subjetivo de cada individuo; es lícito cuanto agrade, y establecida una moral impotente para refrenar y calmar las pasiones desordenadas del alma, quedará espontáneamente abierta la puerta para toda clase de corrupciones […]”.

Magistrales y proféticas palabras del Pontífice. La libertad no es pura licencia; la libertad no es libertinaje; la libertad no es antojo. La libertad, para ser propiamente tal, debe estar en consonancia con la verdad. “La verdad os hará libres”, enseña Nuestro Señor Jesucristo (Juan, 8, 32). La libertad debe tener por objeto un bien conforme con la razón. “La voluntad –escribe León XIII- cuando apetece un objeto que se aparta da la recta razón, incurre en el defecto radical de corromper y abusar de la libertad […] [en consecuencia] la posibilidad de pecar no es una libertad, sino una esclavitud […] [de ahí] las palabras de Cristo, nuestro Señor: el que comete pecado es siervo del pecado”.

Una explícita defensa de la contra natura

En julio de 2013, Morás escribió en Infobae un artículo que tituló “El sagrado derecho a amar”. Pasaron siete años, pero nos consta que sigue manteniendo sus conclusiones y, por lo demás, éstas se derivan connaturalmente del credo liberal; justamente, porque se desprenden del falso concepto de libertad antes aludido: la libertad desligada de la verdad; la libertad entendida como antojo.
En ese escrito, Morás realiza una nauseabunda loa al pervertido de Alfred Kinsey, biólogo yanqui, tragándose, por lo demás, todas las falsas y disparatadas conclusiones de sus informes (“El comportamiento sexual del hombre”, 1948; “El comportamiento sexual de la mujer”, 1953) cuyas muestras –se ha demostrado hasta el cansancio- fueron tomadas, totalmente, de trastornados sexuales –en particular, del pedófilo “hombre X”-, cuyos aberrantes actos fueron elevados a criterios de normalidad.
“Yo valoro a Kinsey –escribe el obeso- porque era un activista, un militante de la defensa de la libertad humana y uno de los grandes mártires del humanismo en la guerra sin cuartel contra la opresión oscurantista”.  Morás entiende por libertad y por humanismo, evidentemente, algo distinto de lo que entendemos nosotros; se equivoca si ve libertad y humanismo en lo que no es más que esclavitud y animalización.
En su artículo, Morás mezcla disparates conceptuales como esos, con sensiblerías mujeriles y blasfemias, con tal de defender a los invertidos de todo jaez. En un arrebato de cursilería, nos dice que “amigos inesperados son homosexuales […] [y] son tan personas como nosotros”; y es mucho más grave cuando escribe que “no existe una Virgen de los sodomitas, ¿y?”, felicitándose de que “la Iglesia Católica, institución fundamental del asesinato sistemático del libre albedrío, está más debilitada que nunca”.
La catadura moral de su héroe Kinsey se refleja cristalinamente en esta frase suya, que Morás celebra: “Concluyo que los habitantes de esta nación [por Estados Unidos] gozarían de mayor libertad, educación y dignidad si en vez de aristócratas puritanos y esclavistas la hubiesen fundado reos, piratas y prostitutas”.
El Instituto Kinsey, según un investigador afiliado al mismo, “tuvo como objetivo propagandístico hacer respetar la homosexualidad y ciertas perversiones sexuales, como el sado masoquismo y la pedofilia”, enseña el Padre Miguel Ángel Fuentes, en una de sus conferencias.
Haciendo uso de su “libertad”, Kinsey murió a los 64 años, víctima de sus abyecciones sado masoquistas. Los muy “libres” homosexuales, según reportan los doctores Edward Fields y Kathleen Melonakos, suelen tener una esperanza de vida veinte años menor que el resto, debido a sus insanas prácticas y modos de vida. Así, el 78% de los homosexuales contrae una enfermedad de trasmisión sexual, como VIH-SIDA, gonorrea, sífilis, herpes simplex, sarna, etc. A la vez, los invertidos tienen mayor riesgo de padecer enfermedades mentales, como depresión, ansiedad, trastornos de la conducta, alcoholismo, drogadicción, etc., según reporta el doctor Whitehead. Todo lo cual demuestra que la libertad no es tal si no está anclada en la verdad: lo demás, es pecado y esclavitud.

Bruno Acosta
Fuente: Revista Verdad 

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