martes, 28 de julio de 2020

LOS QUE NOS HABLAN AHORA DE GENOCIDIO NO DEJARON UN INDIO VIVO




«Los que nos hablan ahora de genocidio no dejaron un indio vivo»

Antonio Pérez Henares acaba de publicar una novela histórica dedicada a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien vivió años esclavizado por los indios y recorrió miles de kilómetros de lo que hoy es EE.UU.
Fuente: ABCpor César Cervera

Hay muchos tipos de escritores. Algunos son sofisticados intelectuales de escritorio, de biblioteca o de salón decimonónico, que se baten en discusiones sobre la sonoridad de las palabras. Otros, más bien, son pateadores intrépidos de selvas, desiertos y trincheras que se dejan un trozo de ellos en cada escrito. A este segundo grupo pertenece, sin duda, Antonio Pérez Henares (Bujalaro, Guadalajara, 1953), Chani para sus muchos amigos, entre los cuales uno de ellos, Juan Eslava Galán, dirigió hace poco el mejor elogio posible: «Sus novelas se notan que están vividas». Se intuyen las salpicaduras de barro, los estruendos y los olores brotando de cada página.

«Cabeza de vaca» (Ediciones B), su última novela, es una obra que vivió en parte durante la tercera de las siete rutas Quetzal que emprendió junto a su amigo Miguel de la Quadra Salcedo. En el año 2000, la ruta se propuso seguir el rastro de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, un caballero castellano del siglo XVI que se extravió en La Florida, vivió años esclavizado por los indios y recorrió desarmado 18.000 kilómetros de rutas desconocidas y plagadas de elementos adversos a través de lo que hoy es el sur de EE.UU. La calidad de su propio testimonio, «Naufragios», y su enorme parecido con De la Quadra Salcedo han servido a Chani para trazar una novela de aventuras con mayúscula sobre «el primer biólogo, el primer naturalista y el primer indigenista de América».
-¿Cómo conociste la figura de Cabeza de Vaca?
Descubrí al personaje a través de Miguel de la Quadra-Salcedo, que sentía fascinación por él y con el que compartía la forma de mirar el mundo. De la Quadra-Salcedo se perdió en la selva Amazonas y estuvo cuatro años allí sobreviviendo cuando todos pensaban que estaba muerto. Al igual que Cabeza de Vaca, convivió con los indios y se convirtió en una especie de jefe con un prestigio brutal. Ambos comparten la capacidad de mirar al diferente con ojos benignos, una característica muy española.
-¿Qué tiene de particular esa mirada que plasma en «Naufragios»?
Me impacta su mirada de curiosidad, de comprensión hacia el diferente. No hay críticas hacia los indios que le esclavizaron durante años y que casi le matan, sino afán por recabar información sobre sus costumbres, sus cualidades, los árboles que encuentra, los paisajes, los animales, la geografía…
-Cabeza de Vaca salió con vida de aquella pesadilla y hasta acabó siendo un referente entre los indios, ¿cómo lo logró?
 
Sí, era un hombre respetado, protector, considerado el gran chamán blanco. Incluso hoy en día es fácil notar su memoria entre los indios pueblo, de los que él mismo decía que si el Rey de España les tratara como debiera, «no tendría su majestad súbditos mejores, ni Dios mejores cristianos». Desde luego causó un gran impacto entre las distintas tribus, pues fue el primer blanco en atravesar esos territorios.
-Normalmente se presenta a los conquistadores como Cabeza de Vaca como gente violenta y poco ilustrada, pero «Naufragios» es una obra de gran interés científico y literario.
Es una estupidez esa forma de ver la conquista de América. Estamos hablando, casi siempre, de personajes renacentistas, hombres cultos, militares experimentados y gente con una sangre muy ilustre, como en el caso de Cabeza de Vaca, cuyos ancestros habían jugado un papel fundamental en Castilla. No mandamos a cualquiera a América… Cabeza de Vaca sabía leer y escribía muy bien, sabía curar heridas y había vivido en primera línea episodios históricos claves para Europa como las guerras en Italia o la Rebelión comunera.
-La novela muestra las luces de la conquista, pero sin ocultar las sombras.
Después de nueve años entre indios, el primer contacto de Cabeza de Vaca con los castellanos resultó atroz. Se encontró a un grupo que quería poner hierro a los indios que le acompañaban como quien sigue a un profeta. El de Jerez de la Frontera defendió a los indios de los hombres de Nuño Beltrán de Guzmán, un esclavista, paisano mío, que fue de lo peor que España envió a América. Eso sí, pagó caro inclumplir las leyes de la Corona contra la esclavización de los indios. La fabulosa Isabel la Católica, que aparece constantemente referida en el libro, prohibió terminantemente esas prácticas y persiguió a quienes desobedecieron, como el propio Colón, sus instrucciones. Guzmán terminaría muriendo en la cárcel por las atrocidades que cometió.
-Siempre se simplifica las motivaciones de los conquistadores en una cuestión de búsqueda de oro, ¿es correcta esta imagen en el caso de Cabeza de Vaca?
Es una idea demasiado simplificada. Si te metes en el cuerpo de doctrina de ellos, en sus valores y motivaciones, la evangelización era lo más moral, lo más justo, que podía hacer su generación. Se trataba de convertir a esos pobres indios a la verdadera fe. Cabeza de Vaca la palabra que más menciona en Naufragios es precisamente Dios. Dios ocupaba el centro de las cosas. A América iba gente curtida en la guerra y muchos hidalgos. Muchos segundones que querían salir adelante por otras vías, sirviendo a Dios y al Rey y haciéndose con honor y riqueza.
-En EE.UU. parece que la han tomado con Fray Junípero, Isabel La Católica y hasta con Cervantes por «racistas».
Dicen que los españoles del siglo XVI eran racistas los que hasta 1967 no legalizaron completamente los matrimonios mixtos, quinientos años después de que los Reyes Católicos lo recomendaran como método de mestizaje. Los que nos hablan ahora de genocidio no dejaron un indio vivo más allá de río Bravo y jamás comprendieron que el Imperio español es puro mestizaje. Se está juzgando la historia desde la estupidez, la soberbia y los trastornos mentales actuales. Es el presentismo de una generación que parece que es incapaz de poner sello alguno que merezca la pena y se dedica a derribar las estatuas de quien sí lo hizo. Solo les falta juzgar al homo sapiens por el daño causado a los neardentales.
-Cabeza de Vaca tiene algunas estatuas dispersas por EE.UU., ¿cree que corren peligro?
Hay una estatua en Houston. Les dará igual que fuera un gran defensor de los indios, porque a esta estupidez de las nuevas generaciones se une la hispanofobia más profunda que siempre ha estado anidada en EE.UU. Se ataca a fray Junípero Serra, que fue el que amparó a los indios en sus misiones, y hasta Miguel de Cervantes, que ni siquiera pisó América. Al menos, nos queda el consuelo de que con ataques tan injustificado se visibiliza mejor el grado de estupidez. Hay ciertos síntomas de despertar en la sociedad española.
-¿El éxito de la novela histórica es una prueba de ello?
Desde luego, la historia española ya tiene quien la escriba, pero no quien la cuente en imágenes. Estoy harto de que los presuntos intelectuales cinematográficos no sean capaces de pintar nada más que una imagen de miseria, de mugre, de barro y de violencia cuando retratan el pasado de España. No digo que solo se hable de la grandeza, pero sí una visión más agradable de quien le dijo al mundo que era más grande de lo que pensaba, de quien encontró otro océano y dio la primera lengua franca a la humanidad… y de eso no han hecho ni una película digna. ¿Por qué siempre se repite la misma visión?
-Algunas series históricas también han contado con el interés del público.
Habrá un despertar en algún momento. Cuando se hizo la serie de Isabel La Católica en TVE, la gente reaccionó muy bien, porque la gente quiere reencontrarse con su historia. La dictadura de Franco parece que, ciertamente, secuestró una parte del pasado e hizo que la mitad de España la considere hoy algo mancillado. No obstante, la historia de España no le pertenece ni a la izquierda ni a la derecha. Ni Lorca ni Machado pensaban como la izquierda actual, ellos tenían su propia idea de España y hasta consideraban símbolos republicanos a El Cid y a Don Pelayo, sobre todo durante la Guerra Civil, donde Franco tenía a su servicio a tropas musulmanas. La izquierda no era así antes, esto es nuevo. El desconocimiento es la razón de que se tiren estatuas. La raíz de la barbarie es la estupidez.