lunes, 24 de agosto de 2020

ACTUALIDAD COVIDIANA

Actualidad covidiana: los planes de los supuestos amos no se imponen tan fácilmente - Antony P. Mueller


El artículo que sigue fue publicado en el blog del Mises Institute y reproducido en español por Red Internacional.  Con gran lucidez y claridad el profesor Anthony P. Mueller describe el proceso totalitario tecnocrático de ingeniería social en curso llevado adelante por la oligarquía del Nuevo Orden Mundial. Ciertamente, es importante conocer y desenmascarar esta “insólita” mega operación mundial de manipulación y control, con antecedentes de vieja data (La Era Tecnotrónica de Zigniew Brzenzinski, la Comisión Trilateral, etc). Más importante aún será analizar y exponer, desde una perspectiva histórica y teológica, el espíritu y el perfil revolucionario antihumano que mueve a la satánica élite global que lo impulsa, tarea ya iniciada, entre otros, con extraordinaria erudición y rigor historiográfico por el gran polímata estadounidense, Dr. E. Michael Jones, en una de sus obras liminares, El Espíritu Revolucionario de los Judíos y su Impacto en la Historia Mundial.

Luis Alvarez Primo
19/08/2020

Del confinamiento al Reset global, “El Gran Reajuste”
Antony P. Mueller

El confinamiento masivo a raíz de la pandemia de coronavirus ha acelerado la puesta en marcha de ciertos planes de larga preparación para establecer el llamado nuevo orden mundial. Bajo los auspicios del Foro Económico Mundial (FEM), los responsables políticos mundiales abogan por un “Gran Reajuste” con la intención de crear una tecnocracia mundial. No es casual que el 18 de octubre de 2019, en la ciudad de Nueva York, el FEM haya participado en el “Evento 201” en el ejercicio de pandemia “de alto nivel” organizado por el Centro John Hopkins para la Seguridad de la Salud.

Esta tecnocracia que se avecina implica una estrecha cooperación entre los jefes de la industria digital y de los gobiernos. Con programas como el ingreso mínimo garantizado y el cuidado de la salud para todos, el nuevo tipo de gobierno combina el control estricto de la sociedad con la promesa de una justicia social integral.
La verdad, sin embargo, es que este nuevo orden mundial de tiranía digital viene con un sistema de “crédito social integral”. La República Popular China es la pionera de este método de vigilancia y control de individuos, empresas y entidades sociopolíticas.
Para el individuo, su identidad se reduce a una aplicación o chip que registra casi cualquier actividad personal. Para obtener unos pocos derechos individuales, y aunque sea sólo para viajar a un determinado lugar, una persona debe equilibrar esos aparentes privilegios con su sumisión a una red de reglamentos que definen en detalle lo que es “buena conducta” y se considera beneficioso para la humanidad y el medio ambiente. Por ejemplo, durante una pandemia, este tipo de control se extendería desde la obligación de llevar una máscara y practicar el distanciamiento social hasta la aplicación de vacunas específicas para solicitar un empleo o viajar.
Se trata, en definitiva, de un tipo de ingeniería social que es lo contrario de un orden espontáneo o de un proceso de desarrollo interno. Al igual que el ingeniero mecánico con una máquina, el ingeniero social – o tecnócrata – trata a la sociedad como un objeto. A diferencia de las brutales represiones por el totalitarismo de tiempos anteriores, el ingeniero social moderno tratará de hacer que la máquina social funcione por sí misma de acuerdo con el diseño preestablecido. Para ello, el ingeniero social debe aplicar las leyes de la sociedad de la misma manera que el ingeniero mecánico sigue las leyes de la naturaleza. La teoría del comportamiento ha alcanzado un grado de conocimiento que hace posible los sueños de la ingeniería social. Las maquinaciones de la ingeniería social no operan a través de la fuerza bruta, sino sutilmente a través de leves empujones.
Bajo el orden previsto por el Gran Reajuste, el avance de la tecnología no está destinado a servir a la mejora de las condiciones del pueblo, sino a someter al individuo a la tiranía de un Estado tecnocrático. “Los expertos saben más” es la justificación.

La agenda
El plan para una revisión del mundo es obra de un grupo de élite de hombres de negocios, políticos y su séquito intelectual que solía reunirse en Davos (Suiza) en enero de cada año. Creado en 1971, el Foro Económico Mundial se ha convertido desde entonces en un megaevento mundial. Más de tres mil líderes de todo el mundo asistieron a la reunión en 2020.
Bajo la orientación del FEM, el programa del Gran Reajuste dice que la finalización de la actual transformación industrial requiere una revisión a fondo de la economía, la política y la sociedad. Tal transformación integral requiere la alteración del comportamiento humano, y por lo tanto el “transhumanismo” es parte del programa.
El Gran Reajuste será el tema de la 51ª reunión del Foro Económico Mundial en Davos en 2021. Su programa es el compromiso de llevar la economía mundial hacia “un futuro más justo, sostenible y resistente”. El programa pide “un nuevo contrato social” que se centra en la igualdad racial, la justicia social y la protección de la naturaleza. El cambio climático requiere que “descarbonicemos la economía” y que llevemos el pensamiento y el comportamiento humano “en armonía con la naturaleza”. El objetivo es construir “economías más equitativas, inclusivas y sostenibles”. Este nuevo orden mundial debe ser implementado “urgentemente”, afirman los promotores del FEM, y señalan que la pandemia “ha puesto al descubierto la insostenibilidad de nuestro sistema”, que carece de “cohesión social”.
El gran proyecto de reajuste del FEM es la ingeniería social al más alto nivel. Los defensores del reajuste sostienen que las Naciones Unidas no lograron establecer el orden en el mundo y no pudieron avanzar con fuerza en su programa de desarrollo sostenible -conocido como Agenda 2030- debido a su forma de trabajo burocrática, lenta y contradictoria. Por el contrario, las acciones del comité organizador del Foro Económico Mundial son rápidas e inteligentes. Una vez que se ha formado un consenso, puede ser implementado por la élite global en todo el mundo.

Ingeniería Social
La ideología del Foro Económico Mundial no es ni de izquierda ni de derecha, ni progresista ni conservadora, tampoco es fascista ni comunista, sino abiertamente tecnocrática. Como tal, incluye muchos elementos de ideologías colectivistas anteriores.
En los últimos decenios, en las reuniones anuales de Davos se ha llegado a un consenso en el sentido de que el mundo necesita una revolución, y que las reformas hasta ahora han llevado demasiado tiempo. Los miembros del FEM prevén una profunda agitación a corto plazo. El lapso de tiempo debería ser tan breve que la mayoría de la gente difícilmente se dará cuenta de que una revolución está en marcha. El cambio debe ser tan rápido y dramático que aquellos que reconocen que una revolución está ocurriendo no tengan tiempo de movilizarse contra ella.
La idea básica del Gran Reajuste es el mismo principio que guió las transformaciones radicales de las revoluciones francesa, rusa y china. Es la idea del racionalismo constructivista incorporado en el Estado. Pero proyectos como el Gran Reajuste dejan sin respuesta la pregunta de quién gobierna el Estado. El Estado en sí mismo no gobierna. Es un instrumento de poder. No es el Estado abstracto el que decide, sino los dirigentes de determinados partidos políticos y de determinados grupos sociales.
Anteriormente los regímenes totalitarios necesitaban ejecuciones en masa y campos de concentración para mantener su poder. Ahora, con la ayuda de las nuevas tecnologías, se cree que los disidentes pueden ser fácilmente identificados y marginados. Los inconformes serán silenciados descalificando las opiniones divergentes como moralmente despreciables.
Los confinamientos masivos de 2020 posiblemente ofrezcan un avance de cómo funciona este sistema. El confinamiento funcionó como si hubiera sido orquestado, y tal vez lo fue. Como si siguieran una sola orden, los líderes de las naciones grandes y pequeñas -y en diferentes etapas de desarrollo económico- implementaron medidas casi idénticas. No sólo muchos gobiernos actuaron al unísono, sino que también aplicaron estas medidas con poca consideración por las horribles consecuencias de un bloqueo mundial.
Meses de inmovilismo económico han destruido la base económica de millones de familias. Junto con el distanciamiento social, el confinamiento ha producido una masa de personas incapaces de cuidarse a sí mismas. Primero, los gobiernos destruyeron los medios de vida, luego los políticos aparecieron como el grupo salvador. La demanda de asistencia social ya no se limita a grupos específicos, sino que se ha convertido en una necesidad de las masas.
En otros tiempos, la guerra era saludable para el Estado. Ahora es el miedo a la enfermedad. Lo que queda por delante no es la aparente calidez de un estado de bienestar integral benévolo con un ingreso mínimo garantizado y atención médica y educación para todos. El confinamiento y sus consecuencias han traído un anticipo de lo que está por venir: un estado permanente de miedo, un estricto control del comportamiento, la pérdida masiva de empleos y una creciente dependencia del Estado.
Con las medidas tomadas a raíz de la pandemia del coronavirus, se ha dado un gran paso para re-fundar (“reset”) la economía mundial. Si no hay resistencia popular, el fin de la pandemia no significará el fin del encierro y el distanciamiento social. Sin embargo, por el momento, los opositores al nuevo orden mundial de la tiranía digital todavía tienen acceso a los medios de comunicación y a las plataformas para disentir. Sin embargo, el tiempo se les está acabando. Los perpetradores del nuevo orden mundial han olido la sangre, y necesitan ir más allá. Declarar el coronavirus como una pandemia ha sido útil para promover la agenda de su Gran Reestructuración. Sólo una oposición masiva puede frenar y finalmente detener la extensión del poder de la tiránica tecnocracia que está en alza.

El Dr. Antony P. Mueller es un profesor alemán de economía que actualmente enseña en Brasil.