La lección del maestro
Por Santiago González
Fuente: Gaucho Malo
Cuando
yo era chico se nos enseñaba, de manera más bien indirecta y alusiva,
que había distintas calidades de personas, un amplio rango que en su
extremo superior mostraba a las cultas, educadas y refinadas, y en el
otro a las vulgares, maleducadas e ignorantes. Humoristas como Niní
Marshall y sociólogos de estaño como Arturo Jauretche nos hacían notar
también la existencia de habitantes de un extremo que, sin duda
impulsados por la noble ambición del mejoramiento pero confundiendo la
forma con el fondo, procuraban imitar los gestos más superficiales de la
cumbre anhelada: así supimos reconocer a las Catitas y los tilingos de
medio pelo. Así, casi sin querer, fuimos aprendiendo a discriminar,
instrumento útil para saber cómo ir moviéndonos en la vida y cómo
relacionarnos con los demás.

























