LA REPUBLICA DE LOS CHANTAS
Por Andrea Palomas Alarcón
El diccionario de argentinismos tiene pocas palabras que sean tan
definitorias de los vicios nacionales como la de “Chanta”: (lunf.)
Descarado, desvergonzado/ informal, incumplidor/ insolvente moral,
persona que contrae deudas con las que no cumple.
Por algún motivo, en Argentina los hemos pintado como “locos lindos” que
vociferan empresas fantásticas al pie de un café fiado. El Chanta…
Fornicador de fantasías tontas y locas, básicamente inofensivas.
Pero llega un punto en que, a fuerza de tolerarla, la chantada cuesta
caro y en la cuenta del otario, que somos todos los demás, termina
costando vidas. Cromañón, Once, los muertos en las rutas argentinas,
etc.
Por si fuera poco, una nueva oleada de “chantas” nos habló de poesía,
“locos lindos” que enarbolaban “derechos humanos”; jóvenes idealistas
sin bombas, con el ímpetu de sus buenas intenciones.
Pero un primer aviso nos advirtió de lo contrario: además del arco iris
buscaban la olla de oro. Y cobraron una primera vez y una segunda, y van
por la tercera.
Que un grupo de chantas quiera vivir de arriba, sin trabajar, no suele
ser materia de debate. Al fin de cuentas, los chantas están para vivir
de ingenuidades ajenas. Lo indignante es que la chantada se
institucionalice desde los poderes de la República.
El jueves 27 de noviembre pasado, desde un Poder “chanta” se aprobó una
pensión de dos jubilaciones mínimas para los autodenominados “presos
políticos” del gobierno de Perón, Isabel y el Proceso. Ahora el
“terrorismo de Estado” comienza en el ‘74 con Perón... o tal vez antes.
Cobrarán seis mil pesos de por vida, por distintos motivos: alguno por
estar preso durante esos gobiernos. Por haber puesto una bomba en el bar
El Ibérico, púber indolente que mató a una mujer y a un mozo. Algún
otro por haber matado a un Juez que iba con un amigo a ver un partido de
fútbol; aquel por haber secuestrado, torturado y asesinado al Coronel
Argentino del Valle Larrabure, o este otro por haber entregado el
cuartel que debía vigilar. Incluso estarían en condición de cobrar los
que mataron al Capitán Viola y su hijita Cristina.
Ya no les cabe el mote de “Jóvenes idealistas” ni de subversivos, son
puramente chantas que venden la causa, la “idea” o el recuerdo de sus
hijos combatientes según el caso a cambio de disfrutar de una
subsistencia burguesa. Son chantas mercachifles, vendedores de idealismo
al mejor postor.
Que estos chantas, vendan la “revolución” por una pensión graciable es
predecible. Los que conocemos como terminan los viejos revolucionarios
en otras latitudes lo hemos visto, sólo les importa imponer un sistema
para terminar sus días con un buen pasar, ellos y sus hijos. Pero que
ese retiro dorado surja directamente del Congreso Nacional es
simplemente una cachetada feroz.
Y sin embargo, la Cámara de Diputados aprobó una pensión vitalicia para
todos los que estuvieron detenidos durante el gobierno de Perón, Isabel y
el Proceso. Diputados chantas que se llaman peronistas fueron parte del
contubernio.
Algunos chisporroteos iniciales, algún peronismo residual protestó;
algún escrúpulo peronista molestó pero cuando de dinero se trata, las
conciencias se conforman fácilmente.
Peronistas
De todos los diputados chantas que votaron esta ley, capítulo aparte
merece la diputada Graciela Camaño.
Nos conmovió con la gloriosa cachetada que alguna vez le propinó a
Carlos Kunkel y su actitud decidida en el 2009 cuando abrió la sesión
parlamentaria, obligando al kirchnerismo a bajar al recinto. Sin
embargo, votó afirmativamente este proyecto que le dará al diputado
Kunkel una nueva indemnización de parte de la República Argentina, por
haberse levantado en armas contra ella. Una peronista que indemniza a
los que Perón e Isabel llevaron a prisión, con la ley en la mano.
Los peronistas de la Cámara que votaron esta ley deberían arrancarse el
escudito y no volver a cantar la marcha, ni llamarse de esa manera.
Radicales
Pero también los radicales hicieron lo suyo -aunque divididos- entre los
que aprobaron con entusiasmo y los que figuraron ausentes, como quien
no quiere la cosa.
Los radicales que fueron los principales golpeadores de puertas de
cuarteles con Balbín a la cabeza “General, termine con esta agonía”; que
formaron parte del gobierno militar aportando funcionarios, intendentes
y ministros. Hoy sacan cuentas y acusan de terrorismo de Estado a
Videla, Isabel y Perón por igual.
Carrió
Como catedral del chantapufismo político, la diputada Elisa Carrió es un
baluarte indiscutido. Adalid autoproclamada de la lucha contra la
corrupción votó afirmativamente una pensión para aquellos que ya habían
cobrado.
Quien se define como una luchadora contra la corrupción votó junto con
los que se otorgan a sí mismos pensiones por haber atacado a la Patria.
No se le ocurrió impugnar a Kunkel por votar un beneficio para sí mismo Y
a tantos otros que tienen un interés directo en el resultado de este
contubernio.
Se puede denunciar una “autoamnistía” pero nada se dice de una
“autopensión”.
En su discurso olvidó a los jubilados que trabajan toda una vida y sólo
cobran 2400 pesos mensuales. La Corte ha dicho que se les debe pagar el
82% móvil pero no se cumple porque el gobierno dice que no hay dinero.
Para los terroristas, sí hay dinero.
La próxima vez que Carrió salga a agitar su dedito acusador recordémosle
que ella, también es una chanta.
El PRO
Por lo único que se puede felicitar al PRO es por haber olfateado el
aire y entender el peligro de un voto afirmativo.
Sin embargo tampoco votaron en contra. Con una sola abstención el resto
de sus diputados estuvo ausente. La de Poncio Pilatos…
Y me detengo en el PRO porque muchos los ubican cerca de la derecha, más
cerca -por cierto- que de Kunkel y el FPV. El PRO, un partido sin otra
ideología que una actitud tilinga de “pum para arriba”.
Al PRO le importa gestionar, es un grupo de yuppies que quiere que la
Ciudad funcione bien, la gente viva cómoda, los transportes lleguen a
tiempo. Funcionalismo sin alma. “¿Qué importa si una estación de subte
lleva el nombre del terrorista Rodolfo Walsh…acaso los subtes dejan de
funcionar por eso? Que los de izquierda se ocupen de esas cosas. A
nosotros nos importa gestionar”.
Un rotundo NO, era lo que esperábamos del PRO, no un bloque ausente.
El “toma y daca”
La vergonzosa ley se aprobó en un supuesto contubernio llamado “toma y
daca”, explicado por el mismo Kunkel. Para otorgar indemnizaciones a las
familias de diez soldados que murieron durante el ataque terrorista al
Regimiento de infantería de Monte, Chaco, se debía aprobar una pensión
vitalicia a diez mil “presos políticos” del peronismo y el gobierno
militar. Diez contra diez mil.
Así justificaron los diputados chantas el “toma”. Sólo el “toma” porque
el “daca” nunca llegó. A las familias que les mataron sus soldados nunca
las indemnizaron.
Pese al destrato que los soldados sobrevivientes y las familias de los
asesinados han recibido, nunca se quejaron. Nunca pidieron nada, ni
cortaron las calles ni marcharon a Plaza de Mayo. El servicio a la
Patria lo toman como algo natural, de bien nacidos.
Ellos no pidieron nada pero somos muchos los que queremos que reciban
algo de la Nación.
Los soldados del Regimiento 29 de Monte, nunca recibieron nada de la
República Argentina, ni antes del ataque de Montoneros, ni después.
El soldado Herminio Luna, por ejemplo, no recibió nada de la Argentina,
era analfabeto, no le dieron escuela, ni salud, ni prestaciones
sociales. Al contrario, lo sacaron del monte donde trabajaba con su
familia y lo obligaron a hacer el servicio militar sin pagarle nada. Era
tan pobre que no podía irse a su casa el fin de semana, por eso estuvo
en el cuartel durante el ataque.
Los Montoneros lo ningunearon “negro, rendite que la cosa no es con
vos…”
¡ACÁ NO SE RINDE NADIE, MIERDA! Les contestó, recordándoles a los
“jóvenes idealistas” bien comidos y pertrechados por Cuba que se puede
ser pobre y tener dignidad.
La Argentina no le dio nada pero él entregó todo, todo lo que tenía que
era su vida. Más que su vida, el reposo de sus padres en la vejez porque
era hijo único. Todo lo entregó.
El soldado Luna nos enseña a no rendirnos, a no pedir nada a cambio de
pelear por la Patria, a honrarla con nuestra sangre. Es nuestro deber
exigir que su familia sea cuidada y su memoria homenajeada así como la
de tantos héroes que murieron por nosotros.
Los argentinos de bien, que todavía creemos en un país, no podemos
callarnos ni permitir este atropello.

