Cristina no aprovechó el pase a la final como lo haría el Eternauta, un futbolero de raza
Tal cual señalamos ayer,
la presidente picosomatizó el estrés por el fin de ciclo que se le
viene mucho más complicado de lo que esperaba. Según el matutino La Nación,
las faringitis son de origen psicosomático y su apoyo incondicional a
Amado Boudou en el discurso del día de la independencia fue repudiado
por la mayoría de los partidos políticos y gran parte de la sociedad.
Pero ayer fue el día en el que ella podía asomar la cabeza triunfante,
ya que la selección nacional pasó a la final del Mundial, pero no lo
hizo, no sólo por el dolor de garganta sino porque no le agrada el
fútbol. Siempre, tal vez condicionada por su origen humilde, trató de
relacionarse con los clubes de rugby de La Plata. Nació en Tolosa, un
barrio marginal y tripero por Gimnasia y Esgrima, del cual su madre
Ofelia es fanática, aunque su hija no heredó esa pasión. Probablemente
porque su carencia de sentimientos ya la demostraba con su padre el
“Tarta” Fernández, un colectivero cuyo máximo ascenso lo logró como
inspector de la línea 503, del cual ella se avergonzaba hasta hace un
año y medio, cuando recién dijo que era hija de un colectivero.
Futboleros
Pero el fútbol nunca fue lo suyo, por más que los últimos años, en su
guerra con el grupo Clarín, llegó a decir que secuestraban los goles en
las trasmisiones de los domingos a las 22 hs., cuando los manejaba
Torneos y Competencias. En cambio Néstor Kirchner siempre fue fanático
de Racing, al igual que su hijo Máximo, a tal punto que compraron
jugadores para la Academia, pero por más que se pagaron millones de
dólares, no pudo ver al Racing campeón en sus siete de años de ejercer
el poder. Como dicen sus seguidores, si viviera el Eternauta, como lo
bautizaron después de su muerte, seguro salía a atribuirse el triunfo
argentino y felicitaba al héroe de la jornada, que fue el arquero
Sebastián “Chiquito” Romero, formado en las inferiores de Racing y que
salió campeón mundial juvenil en el 2007.
