SIN LA VERDAD ABSOLUTA, CUALQUIER ERROR GUIA AL PENSAMIENTO HUMANO
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Dios
es la primera y suma verdad, es decir la Verdad Absoluta, que no
cambia, que siempre es Verdad, es eterna, permanece como Verdad y sólo
se apoya en Sí Misma.
Hablar de la Verdad Absoluta es hablar de Dios. Y negar que exista la Verdad Absoluta es negar que exista Dios.
«Yo
no hablaría, ni siquiera por lo que respecta a un creyente, de verdad
“absoluta”, en el sentido que absoluto es aquello que es inconexo,
aquello que carece de toda relación. Ahora bien, la verdad, según la fe
cristiana, es el amor de Dios hacia nosotros en Jesucristo. Por lo
tanto, ¡la verdad es una relación!» (texto)
• Yo no hablaría, ni siquiera por lo que respecta a un creyente, de verdad “absoluta:
El creyente no puede creer en la Verdad Absoluta. Luego, la fe del
hombre es siempre algo humano, nunca algo divino. No es un don de Dios,
es el invento de la cabeza de cada hombre.
• Lo absoluto es aquello que es inconexo,
que no tiene una conexión, una salida, un camino, una relación. Es
decir, no existe lo absoluto. Luego, no existe el ser Absoluto, que es
Dios. Si Dios existiera como absoluto no habría un camino para llegar a
Él. Luego, Dios existe como verdad relativa; es decir, cada hombre se
inventa su dios, su concepto de Dios, su concepto de iglesia, su
concepto de Cristo, etc. Francisco se carga a Dios, lo anula en una
frase.
a.
Consecuencia: cuando Francisco habla de Dios, está hablando de su
concepto humano de Dios, de su lenguaje humano sobre Dios. Nunca habla
del Dios verdadero, porque no es capaz de creer en Él: no existe.
b.
Otra consecuencia: si Dios no existe, entonces Dios no habla y la
Revelación Divina, el Evangelio, la Biblia, es el invento de los
hombres, es la creación de las diversas mentes humanas a lo largo de la
historia.
c.
Otra consecuencia: Si Dios no ha Revelado nada, entonces no existe la
Iglesia. La Iglesia es sólo el invento de la cabeza de Jesús, que es un
hombre, una persona humana, pero que no es Dios, para Francisco.
d.
Otra consecuencia: la salvación o la condenación de los hombres es sólo
un lenguaje de la época. No es un lenguaje actual. Hoy día, es
necesario predicar otras cosas y dar a esa salvación y condenación otro
punto de vista, más acorde a lo que los hombres viven. Hay que salvar
estructuras que sirvan para la vida de los hombres y condenar aquellas
que impidan que los hombres se desarrollen. Y, por eso, dice:
«Nadie
se salva solo, como individuo aislado, sino que Dios nos atrae
tomando en cuenta la compleja trama de relaciones interpersonales que se
establecen en la comunidad humana. Dios entra en esta dinámica popular»
(ibídem). Hay que salvarse en una estructura adecuada: en aquella en
que se da una serie de relaciones adecuadas entre todos los hombres.
Dios salva al hombre que hace comunidad, que hace pueblo, que hace una
sociedad, un gobierno, una estructura. Dios no salva al hombre solo. Y,
por eso, es necesario crear estructuras que salven a los hombres, crear
iglesias en la que entren todos los hombres. No se puede tener una
Iglesia dogmática, universal, porque en ella no se salvan todos los
hombres, sino unos pocos.
«El
pueblo es sujeto. Y la Iglesia es el pueblo de Dios en camino a través
de la historia, con gozos y dolores. Sentir con la Iglesia, por tanto,
para mí quiere decir estar en este pueblo. Y el conjunto de fieles es
infalible cuando cree, y manifiesta esta infalibilidad suya al creer,
mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el pueblo que camina» (Ibidem).
a.
El alma no es el sujeto de la salvación ni de la santificación. El alma
no es el sujeto del Reino de Dios. El alma no es el sujeto de la
Iglesia. Es el pueblo, la comunidad, un conjunto de hombres: esto es el
populismo o marxismo.
b.
La Iglesia es ese conjunto de hombres en la historia: Jesús no fundó
una Iglesia divina, sino una asociación de hombres de acuerdo a la
situación histórica que le tocó vivir. Y, por eso, ese grupo de hombres
fue creciendo hasta convertirse en la Iglesia de hoy, que ya no sirve a
la mentalidad moderna, y que hay que cambiarla. Busquemos nuevos caminos
para la Iglesia, nuevas formas de vivir el lenguaje humano sobre la
Iglesia.
c.
Si no sientes con el pueblo no eres Iglesia. Si buscas tu salvación, tu
santificación, no eres iglesia. Si no cargas con los problemas
económicos de tus hermanos, no eres Iglesia. Si no llenas estómagos, no
eres iglesia…
Consecuencia:
se niega la fe en la persona humana y se pone la fe en un pueblo. Si el
pueblo cree, entonces hay que obrar. Si el pueblo no cree, entonces no
hay que obrar. Lo que importa es lo que cree la mayoría, no una minoría,
no una clase social, no una Jerarquía. Hay que votar para ver lo que la
mayoría de las personas quieren en la Iglesia. Votemos para que los
homosexuales puedan casarse o para que las mujeres sean obispos, o para
que los sacerdotes se casen, etc.
• La verdad es el amor de Dios hacia los hombres en Jesucristo:
esto es el gnosticismo. Es la idea gnóstica de la verdad. Al ser la
verdad una relación, el hombre tiene que buscar una conexión entre Dios y
el hombre: Jesucristo. Y, por tanto, hay que amar a Jesús. Ésa es la
verdad. No hay que cumplir con unos mandamientos, porque no existe la
Revelación Divina. Jesús no enseñó a Sus Apóstoles una doctrina
absoluta, eterna, permanente, que no puede cambiar ni en los tiempos, ni
en los espacios de los hombres. No hay que detenerse en los dogmas,
porque son sólo un lenguaje humano que ha servido en una época. Ahora,
eso no sirve. Ahora, lo que sirve es amar a Jesús. Eso es lo que
importa. Que todo el mundo permanezca en sus iglesias amando a Jesús. No
hay que convertir a nadie al catolicismo. Esto es lo que Francisco no
se harta de predicar todos los días. Y, como hay que amar a Jesús,
entonces todos somos iguales, todos somos hermanos, todos somos hijos de
Dios.
«El
fundamento de la dignidad de la persona no está en los criterios de
eficiencia, de productividad, de clase social, de pertenencia a una
etnia o grupo religioso, sino en el ser creados a imagen y semejanza de
Dios (cf. Gn 1,26-27) y, más aún, en el ser hijos de Dios; cada ser
humano es hijo de Dios. En él está impresa la imagen de Cristo» (texto).
Este es el gran error de Francisco, en el cual cae por negar la verdad Absoluta, y al poner la verdad en el amor de Dios: cada ser humano es hijo de Dios. Grandísima herejía. Por eso, él dice que los homosexuales son hijos de Dios.
Francisco
no puede discernir la Verdad de la Creación de la Verdad del pecado
original. Para él no existen estas dos verdades y, por eso, proclama su
herejía.
1. La Verdad de la Creación dice que Dios crea al hombre a su imagen y semejanza: Adán y la mujer fueron creados hijos de Dios.
2. La verdad del pecado original dice que Adán y Eva dejaron de ser hijos de Dios y se convirtieron en hijos del demonio.
Esta
verdad, que es espiritual, es negada constantemente por Francisco. Son
dos verdades absolutas. Al negarlas, tiene que negar la Obra de la
Redención humana por Cristo. Para Francisco, en Cristo todos somos hijos
de Dios de nuevo. Es el renacer, la Resurrección. Es la vuelta al
principio. Y, por eso, en cada hombre está el rostro de Cristo: «en el rostro de cada persona está impreso el rostro de Cristo»
(ibídem). Todos los hombres son cristianos porque aman a Cristo como
ellos lo piensan, lo sienten, lo ven. Según cada cual, en su vida, vea a
Jesús, así se transparenta en su rostro. Es el puro gnosticismo. Ser de Jesús no es pertenecer a la Iglesia Católica: el fundamento de la dignidad humana no está en ser de un grupo religioso.
La moral católica no te hace ser un digno ser humano. No; no te
equivoques. Es la moral del mundo lo que te hace ser un digno ser
humano: en ser de la humanidad, en ser del pueblo de Dios, en ser del
mundo. Y, por eso, hay que construir un mundo mejor, no hay que
construir una Iglesia mejor:
«¿Qué
supone la creación de un “mundo mejor”? Esta expresión no alude
ingenuamente a concepciones abstractas o a realidades inalcanzables,
sino que orienta más bien a buscar un desarrollo auténtico e integral, a
trabajar para que haya condiciones de vida dignas para todos, para que
sea respetada, custodiada y cultivada la creación que Dios nos ha
entregado» (Ibidem). Hay que custodiar la Creación, no las
verdades de fe, no los dogmas, que son concepciones abstractas. No
custodies el Reino de Dios. Custodia el mundo, que es del demonio.
Custodia las obras del demonio en el mundo. No te dediques a hacer
oración y penitencia por tus pecados, dedícate a ser un hombre verde:
posee la ideología ecologista. El pecado está en que se violan los
derechos humanos y ambientales de los hombres, porque la riqueza está
mal distribuida, porque los recursos de la tierra están mal repartidos.
Hay que buscar un bienestar social y económico que sean para todos los
hombres, no para unos pocos. Hay que dedicarse a dar de comer, a vestir
hambrientos, a poner hospitales, a establecer medios informativos en que
todo el mundo aprenda a errar, a mentir, a engañar. Que cada uno dé su
herejía y que el otro la respete como herejía, como un valor, un bien
que aprovecha a todo el mundo, porque hay que ser fraternos con todo el
mundo, hay que dialogar con todas las sectas para aprender una verdad
relativa, la que a ti te guste. Tienes que amar a los animales, a las
plantas, a todo lo Creado, porque no está maldito. Es una gran bendición
lo que Dios ha hecho, pero los hombres, como viven en sus culturas del
rechazo, tienen que aprender a vivir en las culturas del encuentro,
tiene que aprender la virtud de la solidaridad fraternal. Y, así, todos
contentos, bailando, comiendo, disfrutando de la vida, nos vamos al
infierno, porque nadie se ocupa de quitar el pecado de sus vidas: «En
esto se necesita por parte de todos un cambio de actitud hacia los
inmigrantes y los refugiados, el paso de una actitud defensiva y
recelosa, de desinterés o de marginación –que, al final, corresponde a
la “cultura del rechazo”- a una actitud que ponga como fundamento la
“cultura del encuentro”, la única capaz de construir un mundo más justo y
fraterno, un mundo mejor» (Ibidem).
Con
Francisco, todo es cuestión de culturas, pero no del pecado. Quita una
cultura, quita una estructura que no sirve, y pon otra, más adecuada a
la vida de los hombres. Francisco trabaja con el lenguaje humano, para
llegar a los hombres, y así engañarlos con su protestantismo y
comunismo.
Como Francisco niega la Verdad Absoluta, tiene que negar la certeza de que Dios habla al hombre y que el hombre lo encuentra:
«Si
una persona dice que ha encontrado a Dios con certeza total y ni
le roza un margen de incertidumbre, algo no va bien… Los grandes
guías del pueblo de Dios, como Moisés, siempre han dado espacio a la
duda». (texto)
•
Algo no va bien cuando los hombres siguen el dogma, la Tradición
Divina, el Magisterio auténtico de la Iglesia. Algo no va bien cuando
cumples con los mandamientos de Dios, que te ponen en un camino sin
certeza. Tienes que dudar de los mandamientos de Dios para que todo vaya
bien. Y, entonces, pueden pasar a comulgar los que fornican. Los ateos
se salvan porque creen en su conciencia. Hay que bautizar a los hijos de
las parejas lesbianas, homosexuales… Si no dudas es que vas mal. La
duda es el camino de la Verdad.
Consecuencia:
Cualquier pensamiento humano es verdadero si lleva una duda, un error,
un engaño, una mentira, una falsedad. Todos piensan bien la vida, con
tal de que duden siempre. Esa duda les llevará a la perfección del
entendimiento humano. Duda y acertarás.
Consecuencia:
Toda obra humana que venga de una duda es buena. Toda obra humana que
nazca de una mentira, de un error, es buena. Todo pecado es un valor, un
bien, un camino para el hombre.
Consecuencia:
no puede darse ni la misericordia ni la justicia divina. Sólo es
posible una misericordia falsa, según el lenguaje humano de cada hombre.
El hombre, al dudar, no es capaz de ver su pecado y, por eso, Dios lo
salva sin más, a pesar de sus dudas, a pesar de sus pecados. Peca
fuertemente y estás salvado. Pecar te salva. Es el protestantismo.
• Los grandes guías del pueblo de Dios, como Moisés, siempre han dado espacio a la duda:
Todos los Papas en la Iglesia han dudado de todo. Nunca han hablado con
la verdad Absoluta. No son posibles los dogmas. Los dogmas son sólo el
lenguaje de los hombres. Y, en ese lenguaje, hay dudas, hay errores. Un
dogma es un error y, por tanto, hay que corregir ese error, poniendo
otro lenguaje humano, que haga salir de ese error, de esa duda. Hay que
cambiar los dogmas, porque no son absolutos, sino relativos a las
circunstancias de las vidas humanas. Cada época tiene sus dogmas.
Consecuencia:
no existe nada. Sólo lo que los hombres piensan y deciden en cada
momento de sus vidas. La vida es según el color del lenguaje que cada
hombre usa para vivirla.
Al
no existir la Verdad como un entendimiento absoluto, entonces no se da
la doctrina como tal, sino el lenguaje de la doctrina. Si la verdad es
una relación, entonces la mente expresa esa verdad de acuerdo a un
lenguaje humano, que puede ser múltiple y cambiante según los tiempos y
las circunstancias de la vida. Y, entonces, Francisco enseña:
«A
veces, escuchando un lenguaje completamente ortodoxo, lo que los fieles
reciben, debido al lenguaje que ellos utilizan y comprenden, es algo
que no responde al verdadero Evangelio de Jesucristo. Con la santa
intención de comunicarles la verdad sobre Dios y sobre el ser humano, en
algunas ocasiones les damos un falso dios o un ideal humano que
no es verdaderamente cristiano» (EG n- 41).
Está
negando que se pueda predicar siempre lo mismo: Jesús es Espíritu, Dios
es Uno y Trino, existe el pecado. Hay que predicar con otro lenguaje
distinto: Jesús no es Espíritu, pero es Hijo de Dios. Existe Dios, pero
no el Dios de los Católicos. Dios es Abba, y Jesús es la encarnación de
ese dios. No existe el pecado, sino los males sociales, y hay que buscar
una razón, una ley, para que desaparezcan esos males. Hay que hacer un
comunismo, un negocio económico en la Iglesia y en el mundo, porque ya
no se sostiene la economía. Hay que buscar nuevos caminos para la
Iglesia. No ya los dogmáticos ni los tradicionales, porque ya la gente
no vive la moda del dogma, sino que vive otro tipo de moda en su
lenguaje.
«De
cualquier modo, nunca podremos convertir las enseñanzas de la Iglesia
en algo fácilmente comprendido y felizmente valorado por todos. La fe
siempre conserva un aspecto de cruz, alguna oscuridad que no le quita la
firmeza de su adhesión. Hay cosas que sólo se comprenden y valoran
desde esa adhesión que es hermana del amor, más allá de la claridad con
que puedan percibirse las razones y argumentos. Por ello, cabe recordar
que todo adoctrinamiento ha de situarse en la actitud evangelizadora que
despierte la adhesión del corazón con la cercanía, el amor y el
testimonio» (EG – n 42).
Niega
el Magisterio Auténtico de la Iglesia: la gente no comprende lo que los
Papas han dicho. Hay que llegar a todo el mundo, no sólo a la Iglesia
Católica. Y, entonces, hagamos un magisterio amoroso, cariñoso,
sentimentaloide, que guste a todo el mundo, que sea testimonio de lo que
los hombres hacen en el mundo.
Así
habla Francisco: y siempre es igual. No cambia. Un hombre que no puede
dar la verdad nunca, sino siempre el error, la mentira, la duda, el
engaño, la ignorancia supina de todas las cosas.
El
problema de este hombre es que cree en su ignorancia: la ve como buena,
como una sabiduría que todos tienen que seguir. ¡Qué bonito es lo que
dice Francisco! Esta es la estupidez del pueblo de Dios. No saben pensar
su fe católica. Sólo saben bailar con un hereje. Y gritarle, y darle
palmas, y decirse a sí mismos: que buenos y santos somos porque tenemos
un Papa del mundo, de la sociedad, que entiende bien nuestras lujurias
de la vida.
Francisco
es un hombre sin verdad, sin norte, sin camino. Es un hombre que no
sabe andar poniendo a las almas la norma de la moralidad, de la ley
divina. Sino que sólo da al alma el camino propio del demonio: crecer en
la inteligencia humana para abarcarlo todo y vivir, después, según
ideas generales, comunes, universales, globales. Francisco nunca hace
caminar hacia la santidad, sino que siempre arrastra hacia la
condenación. No hay en su lenguaje humano una Verdad Absoluta. Todas son
verdades relativas, verdades humanas, verdades a medias, verdades sin
sabiduría del Cielo. Y, por tanto, Francisco sólo puede hablar la
herejía y conducir al cisma de manera irreversible. No es posible seguir
a Francisco y salvarse. Quien le obedece absolutamente se condena.
Porque es la Verdad la que libera. Y este hombre no sabe decir una
Verdad bien dicha, sin poner su mentira, su duda, su error, su
ignorancia, su maldad cuando habla.
