¿LO DIJO IVÁN KARAMAZOV? ¿ACASO SARTRE? NO, FRANCISCO
De lo que abunda el corazón habla la boca. El sabio, del rebalse de su
contemplación, vierte munífico las gemas; el necio, en cambio, agobia
con su nulidad, con su operoso menoscabo de la verdad y el bien. Es
creíble que Francisco -como muchos lo aseguran- planifique sus eloquios
aun los más banales en busca de inducir ciertos efectos en la percepción
de esa tele-feligresía de acatólicos y de bobo-católicos pendientes de
sus belfos.
Pero hay veces que habla de sopetón, urgido como por fuera
del libreto por alguna ocasional pregunta, y entonces dice francamente
lo que piensa, lo que abundan sus entrañas. Y se da a conocer con la
mayor de las transparencias, y nos indica de paso el tenor de la
gravedad de la crisis de la Iglesia, la espiral de dolores como de parto a los que ésta se halla abocada hasta que Dios disponga lo contrario.
Resulta que en su reciente viaje a Filipinas, una niña convocada para
dirigirse al pontífice, integrante de un grupo de menores en situación
de desamparo, lo interpeló acerca de «¿porqué los niños sufren?»,
rompiendo a llorar no más planteada la cuestión. Pese a su deber de
representar a Cristo, en tanto Papa, a Francisco ni siquiera se le
ocurrió mentar los dolores del Redentor: su respuesta fue un lacónico «no hay respuesta» (ver aquí).
Es noto que Iván Karamazov, el personaje de Dostoievski, funda su
petulante ateísmo en la cuestión irresuelta -a su entender- del
sufrimiento de los niños. Sartre, para quien el hombre es «una pasión
inútil», sostiene una ética fundada en el rehuir el absurdo del
sufrimiento. Las consecuencias del pecado original, el problema de la
libertad y la responsabilidad, el valor expiatorio del dolor, son todos
asuntos que tienen sin cuidado a estos exponentes extremos del delirio
racionalista. De aquí que Camus pretendiera que la bondad de Dios sólo
era admisible si se descartaba su omnipotencia.
La lección de Francisco (menos genial, bah) se emparenta y solidariza
horriblemente con las precedentes. Hasta donde era posible pensar la
mengua del testimonio cristiano, el eclipse de la conciencia de
salvación, el olvido de la menor traza de soteriología en la parla del
más indigno de los sucesores de Pedro, el actual pontífice llegó y fue
más allá, allende las más tenebrosas expectativas.

