viernes, 13 de febrero de 2015

¿Respaldo a los «cunicultores» y condena a los «sin hijos»?

¿Respaldo a los «cunicultores» y condena a los «sin hijos»?

En la audiencia general de este miércoles, el papa Francisco ha dicho, entre otras cosas, lo siguiente:
«La concepción de los hijos debe ser responsable, como enseña también la Encíclica Humanae Vitae del Beato Papa Pablo VI, pero el tener muchos hijos no puede ser visto automáticamente como una elección irresponsable. Es más, no tener hijos es una elección egoísta. La vida rejuvenece y cobra nuevas fuerzas multiplicándose: ¡se enriquece, no se empobrece! Los hijos aprenden a hacerse cargo de su familia, maduran compartiendo sus sacrificios, crecen en la apreciación de sus dones».
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Después del escándalo suscitado por sus palabras precedentes sobre los «conejos» viene una afirmación que es verdadera, sobre la cual en esta bitácora hemos hablado en entradas precedentes. La comprensión de la función de la virtud de la prudencia en la vida moral es difícil por diversas razones, una de las cuales es la pervivencia de la mentalidad casuista y de la «cuantofrenia». Una familia numerosa puede ser fruto de una decisión prudente de los esposos, y por consiguiente manifestación de una paternidad responsable, o puede ser lo contrario; y lo mismo se ha de decir de una familia reducida, que también puede ser fruto de una decisión prudencial recta, o del vicio conocido como prudencia carnal, y por ello expresión de una paternidad irresponsable respecto del bien personal, familiar y comunitario, que podría verse lesionado por el egoísmo de los cónyuges.
Pero la segunda frase que hemos resaltado merece al menos dos consideraciones:
- El no tener hijos puede ser muchas veces una elección egoísta, sobre todo en los países occidentales descristianizados que se han entregado a un crudo materialismo. Es el caso de las denominadas parejas DINK (del inglés: Double Income No Kids = doble salario sin hijos), que por lo general conviven sin casarse, pero que podrían contraer matrimonio sacramental. Las características de este fenómeno social creciente se encuentran bien descritas por numerosos sociólogos, por lo que no abundaremos ahora en el tema.
- Pero el no tener hijos no es siempre y en toda circunstancia una elección egoísta. Aquí podríamos traer diversos casos tomados de la Teología Moral*, en los cuales se considera legítimo que los cónyuges renuncien al uso del matrimonio, de común acuerdo, sea de forma temporal o perpetua. Pero para no entrar en una casuística que podría resultar delicada y hasta escabrosa en sus detalles, nos basta ahora con recordar que la Virgen María y San José contrajeron verdadero matrimonio, con el derecho radical al cuerpo del otro, pero renunciaron al uso de tal derecho. En este caso, por tanto, hay una elección moral que implica no tener hijos, pero que no es en modo alguno fruto del egoísmo sino realización eminente de un bien mayor.
Hacemos votos para que la frase del Papa «no tener hijos es una elección egoísta» no se transforme en un nuevo «bergoglema» sembrador de mayor confusión.
* P.S.: los moralistas tratan de la no obligatoriedad del débito conyugal en los casos de enfermedad contagiosa, con diversas consideraciones y matices en los que no nos interesa ahondar.
Lo que queremos destacar es que la causa eficiente del verdadero matrimonio es el consentimiento matrimonial. Es el acto de la voluntad por el cual ambas partes se dan y aceptan el derecho perpetuo y exclusivo sobre el cuerpo en orden a los actos que de suyo son aptos para engendrar prole. No debe confundirse el derecho radical –que es esencial al matrimonio- con el uso efectivo del mismo, al que pueden renunciar los cónyuges de común acuerdo. La comunidad de vida, de mesa y habitación pertenecen a la integridad del matrimonio, pero no a su esencia; un matrimonio sería verdadero y válido aunque se excluyera por previo pacto esa comunidad, con tal de mantener el derecho sobre el cuerpo del cónyuge, en orden a los actos que son de suyo aptos para la generación, que constituye el propio fin del matrimonio, fin que no se identifica con un resultado genésico.
Para concluir, trascribimos unas palabras de Royo Marín que expresan el sentir común de los moralistas católicos:
«Conclusión 3.a Por mutuo acuerdo y libre consentimiento pueden los cónyuges abstenerse lícitamente del acto conyugal por una temporada e incluso por toda la vida. Esta conclusión es un mero corolario de la anterior. Porque, si ninguno de los dos cónyuges tiene obligación de pedir el débito (aunque sí de concederlo), pueden libremente ponerse de acuerdo para no pedirlo ninguno de los dos. Tal ocurrió con el matrimonio santísimo de la Virgen María y de San José. La abstención temporal es altamente beneficiosa para la salud del cuerpo y el provecho espiritual del alma, por lo que lo recomienda San Pablo, como hemos visto en la primera conclusión (cf. 1 Cor 7,5). La perpetua, en cambio, rara vez será conveniente, por el peligro de incontinencia, enfriamiento del amor conyugal, etc. Pero, si hubiera alguna razón especial que lo aconsejara (v.gr., la práctica perfecta de la virtud de la castidad), podrían tomar esa determinación, con tal que el acuerdo sea enteramente voluntario y libre por ambas partes y sin que suponga una decisión irrevocable si se presentan dificultades en su cumplimiento.» (Teología moral para seglares, Tomo II, n. 616, p. 688).