lunes, 25 de mayo de 2015

Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani PÁRABOLA DEL VIENTO Y DEL ESPIRITU (Jo. II, 1) nicodemo2


Las Parábolas de Cristo – P.Leonardo Castellani


 PÁRABOLA DEL VIENTO Y DEL ESPIRITU (Jo. II, 1)


nicodemo2

“Érase un hombre de los fariseos Nicodemos era su nombre Jefe de los judíos Este vino a Él de noche Y le dijo así: Rábbi, sabemos que de Dios viniste maestro Pues nadie puede tales signos hacer Como Tú haces Si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De verdad, de verdad te digo Si un hombre no nace de nuevo No puede entrar al Reino de Dios. Replicó a esto Nicodemos: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso va a reentrar el vientre de su madre Y segunda vez salir y ser nacido? Replicó Jesús: De verdad, de verdad te digo Si uno no es renacido del Agua y del Viento No puede salir hacia el Reino de Dios. Lo engendrado de la carne, carne es Y lo engendrado del [viento] espíritu, espíritu es. No te asombres de que te diga: Debéis nacer de nuevo… El viento donde quiere sopla Y tú oyes su voz Pero no sabes de dónde viene y adónde va… Así es todo el que nace del Espíritu. Replicó Nicodemos y le dijo: No entiendo nada…




En la primera Pascua de la vida pública (hechos los primeros discípulos “juanistas”, el milagro de Caná y los primeros de Cafarnao, el viaje a Jerusalén y milagros allí también, quizá; aunque “no se fiaba Cristo” de la ciudad Santa… ), sucede esta entrevista secreta con un fariseo.
Nicodemos, “jefe” entre los judíos, Sinedrita, no muy célebre, no joven, escriba, rico, de origen griego. No es el “célebre” que nombra el historiador Josefa en Guerra Judaica (XIV,3), ni el que nombra el Talmud (“hijo de Gorión”) el año 70 p.C., jefe de la resistencia antirromana, amado de los rabinos y muy posterior. Es un hombre bien intencionado, impresionado por los milagros de Cristo: va a verlo a su domicilio, aunque de noche (¿por respeto humano, o en busca de un coloquio más tranquilo?) en una noche probablemente ventosa. El coloquio no fue inútil: muerto el Salvador acudió valientemente para la sepultura (Jo.XIX,39), con José de Arimatea, que tenía “miedo a los judíos”; como probablemente el mismo Nicodemos, esta noche de ventarrón y revelación.
Veamos pues los dos hombres, el uno sentado, el otro de pie; el uno de blancas hopalandas de Rábbi, el otro de turbante granate, manto pardo-rojo y babuchas; en un aposento, no en la azotea, como los pintó William Hale; si es buena la conjetura de “noche ventosa”: pues Cristo de ordinario tomaba sus comparanzas de lo que lo circundaba; y si estaban oyendo bramar el viento fuera, el marco es perfecto.
…Como ahora mismo el viento está bramando fuera, estremeciendo mis ventanas, silbando como mil demonios, soliviantando el Río de la Plata e inundando a Concordia y a Tigre; y yo no sé de dónde viene ni adónde va. Anteayer no se movía una hoja en Parque Lezama y mañana mismo quizá amanecerá un día sereno sin un soplo. Vino, y se fue. Por eso era que el chiquilín le preguntó a la madre: “Mami, ¿qué hace el viento cuando no sopla?”
Antes que le preguntara qué era eso de la “Malkhutâ” o Reino de Dios, apenas hizo su impetuoso reconocimiento de Cristo como hombre de Dios y Taumaturgo, Cristo le espeta de golpe la condición sorprendente del “nuevo nacimiento”; misterio ignoto al que el Escriba responde humorosamente. Es el misterio de “la gracia” producida por obra del “Viento Santo” o el Espíritu de Dios. Y es comparada nada menos que a un renacer.
Heréticos modernos como Renouvier dicen que la gracia es un invento de los curas para sacar plata con sus ánimas del purgatorio, misas, indulgencias y sacramentos; que se encuentra recién en san Agustín, y un poco quizá en san Pablo, pero no en Cristo; y vemos aquí que el primer sermoncito de Cristo estatuye la necesidad de la gracia de Dios para salvarse; y en forma tan extrema que ninguno de sus discípulos fue más lejos, pues no es posible ir más lejos: ¡nacer de nuevo! ¡Pistolas! ¡Salga de ahí! -dijo Nicodemos.
La no-necesidad de la gracia es una herejía común en nuestros días: se llama “naturalismo teológico” y es mortal. Existió desde los tiempos de Pelagio (siglo IV) pero tomó auge enorme hoy en día por la acción de un sofista elocuente y medio destornillado
Las Parábolas de Cristo -8 – Leonardo Castellani
llamado Rousseau, y por la de otros menores: la naturaleza del hombre es buena, la sociedad (actual) la corrompe; basta cambiar el sistema político (y Rousseau inventó un sistema político nuevo que nos ha arrojado en la confusión) para reformar las costumbres y salvar al mundo. ¿Nunca han oído discursos de politiqueros? Ellos, ellos, ellos… subirán al poder con sus “plataformas”, y todo cambia, se reforma y sublima. Si la Shell Mex saca el petróleo, hay mucha plata; si hay mucha plata, todos están contentos; si todos están contentos, todos son buenos. Pero la Argentina de mis pecados tiene una llaga que no se cura con petróleo… solo, como los vacunos abichados. Hay que usar aceite y vino, y quizá… cauterio.
Estoy leyendo la obra de un socialista inglés que le dio por ser profeta (y es sólo novelista y politiquero) que hace la profecía, el plan y el programa del futuro “Estado Socialista Mundial”. Curiosamente, la idea de un “nuevo nacimiento” está presupuesto en su plan, pues no es tan sonso como Rousseau para creer que los hombres son angelitos -engendrado ese renacer simplemente por el cambio de las condiciones económicas… junto con el Monopolio de la enseñanza por los socialistas, y un poquitín de persecución. Es curioso (y lógico) que lo que Wells objeta e incrimina a la Iglesia (a la cual en su futuro Nuevo Estado Mundial hace desaparecer por medio del ridículo y la violencia) es justamente la persecución; y él proyecta la persecución en una escala que Nerón y Diocleciano se quedan enanos: razas enteras, como los Irlandeses y los Judíos han de ser eliminadas, por su “refractoriedad”, es decir, religiosidad. Naturalmente, la persecución hecha en pro del socialismo… es buena o lícita.
Cristo enseña que la salvación sólo empieza y acaba por el Espíritu de Dios, y una transformación profunda, aunque invisible; que no se le ve el origen ni el final, aunque se puede oír su voz, como al viento. La dificultad para nosotros de esta parábola es que en griego (y también en arameo) la palabra viento y la palabra espíritu son una misma: “Pneuma” en griego, de donde vienen los “hombres pneumáticos” (o espirituales) de que hablan los psicólogos… y los neumáticos de bicicleta, que adrede escribo sin p. Cristo usó de una misma palabra para establecer parabolismo entre el viento y el Espíritu Santo: naturalísimo. En el día de Pentecostés el Espíritu de Dios apareció como lenguas de fuego en el bramar de un viento impetuoso.
Los Santos Padres discutieron si “pneuma” en la parábola significa primordialmente viento o primordialmente Espíritu de Dios. Significa los dos a la vez, caro mío. Maldonado intentó “disipar la ambigüedad” y la disputa, introduciendo una interpretación nueva: el “pneuma” no sería ni el viento ni el espíritu de Dios: es el alma que nos es infundida en el nacimiento corporal sin que sepamos cómo; así también es el nuevo nacimiento que efectúa el bautismo. “Con esta interpretación, toda dificultad desaparece” -exclama el exégeta. Sí. También desaparece la parábola.
Cristo no tomaba el primer término de la comparación (el conocido) de las cosas invisibles; es contrario a las reglas del género y de la buena enseñanza; sino de las sensibles. El alma nos es conocida a nosotros justamente a causa de la predicación veintisecular de Cristo; para los hebreos, el alma era la sangre. El alma y su nacer está
Las Parábolas de Cristo -9 – Leonardo Castellani
solamente aludida aquí, en el verbo “renacer”. El primer término de la “maschâl” o semejanza, es el VIENTO.